Hace unos años, me hicieron mucha gracia estos ripios que encontré en la página final de un manual de literatura griega, el de Raimundo González Andrés (1855):
"Después de tanto estudiar/ Después de tanta amargura/ dónde iremos a parar/ A una hedionda sepultura..."
Podemos imaginar al estudiante, probablemente de la Universidad Central de Madrid, haciendo gala del tópico del VBI SUNT para justificar, en general, la vanidad de las empresas humanas y, en particular, la del estudio. Por su parte, la imagen que abre este texto pertenece a un ejemplar de la versión española de Origen, progresos y estado actual de la literatura española, de Juan Andrés, cuyo tomo V, dedicado a la Elocuencia, se publicó en Madrid en 1789. Un estudiante aburrido se dedicó a tomar, no sé si del natural, apuntes del retrato de un monje y, no contento con ello, llenó los márgenes del libro de escrituras en
tinta. No menos creativo se mostró el muchacho que puso barba al monstruo de la litografía que abre una edición del Arte Poética de Horacio comentada por Raimundo de Miguel e impresa en Burgos en 1855. Lo cierto es que a esta mujer con crin de caballo y cola de pez no le hubiera desmerecido semejante atributo varonil. En este caso, gracias a que se utilizó el lapicero, nos fue posible restaurar en la medida de lo posible el desaguisado.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.
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