viernes, 8 de mayo de 2009

LATINOS Y GRIEGOS, COMPAÑEROS DE VIAJE DE JOAN PERUCHO. CUARTA PARTE Y FINAL


Terminanos hoy la entrega que iniciamos haceu nos días en homenaje a Joan Perucho. Siempre le recordaremos como gran escritor y ser humano. Interrumpimos cuando Perucho hablaba de sus fuentes indirectas a la hora de llegar a los clásicos. Volvemos a su palabra:


De todas formas, la Peregrinatio Aetheriae ad loca sanctafue una de mis primeras lecturas, me impresionó aquella dama, al parecer una monja, que llegaba a las ciudades rodeada de un séquito y salían a recibirla, debía ser muy importante. Pero para mí no era realmente una monja, por eso llegaba a tener amores con el caballero Kosmas en mi obra. Su personaje y la tradición de su obra me llevaron a encerrarla en un códice de Braulio de Zaragoza. Leía también las Etimologías de Isidoro de Sevilla, me interesan todos los temas porque concibo el mundo como un todo.

Pero nadie embieza por el mundo antiguo directamente, se llega a través de otras influencias. Por otra parte hay autores universales, su tradición y su impacto son universales. La Eneida es universal y su influjo se nota en la literatura, aunque no todos los escritores la hayan leído entera. A cada uno le influye la literatura anterior de una manera distinta: por ejemplo, yo compuse un poema después de haber leído a Propercio porque me inspiró su poesía.

(Perucho se levanta nuevamente del asiento, como ha hecho repetidamente para buscar libros, y coge un tomo de sus Obras completas. Comienza a leer en voz alta el poema, con voz y con alma de poeta, tocado de esa cualidad que los dioses -como él mismo nos ha comentado antes- otorgan a los poetas, mediante la cual sienten una inspiración y escriben unos versos que escapan a su propio control, pero que tienen la virtud de llegar los lectores, a veces, incluso, de cambiar las vidas de éstos. Un momento único y especial).


L'ombra de Properci


Duis l'anell calcinat en el dit,

fragments de terra sobre el rostre

moradenc, i estripada la seda que vestíes

quan he sentit tot el pes del teu flanc

ajaçant-se al costat, just arran del meu somni.

Has intentat parlar vanament, i els teus ulls

reflectiren els dies que, estimàrem

les coses i parules, els joiosos encontres.

Ha sorgit, doncs la casa del Prat i el camí

devora el rierol de les aigües gelades

i la cambra on miríre sota l'ombra daurada.

Un vent ha glaçat el meu cor. Res no torna.

Escruto la nocturna veu del teu silenci.

I veig com surt, sense obrir ni tancar

les portes i sinestres i travesses la tanca.


Isabel Veláquez Soriano y Francisco García Juardo

miércoles, 6 de mayo de 2009

LATINOS Y GRIEGOS, COMPAÑEROS DE VIAJE DE JOAN PERUCHO. TERCERA PARTE

Continúo con la entrega de nuestra entrevista a Joan Perucho. Si bien toda la entrevista es muy interesante, esta parte, al menos para mí, resulta de gran valor, pues se desvelan en ella algunas claves de los medios por los que nuestro autor llegó a ciertos clásicos. No se trata de vías directas, sino a través de intermediarios, y esto sí que es la magia de la lectura en estado puro:

-Precisamente, tanto en sus obras, como en sus artículos periodísticos, Vd. no deja de mencionar a los autores de la Antigüedad Clásica. ¿Considera que la Antigüedad Clásica es algo vivo?


-Tan vivo que el mundo moderno ha progresado de una manera tremenda a nivel técnico, la medicina, la ingeniería, todo son avances impresionantes... pero a nivel moral no, el mundo sigue siendo igual. Un día íbamos mi mujer y yo en un viaje a Grecia y llegamos a Delgos, caminando por las salas del Auriga de Delfos. Me impresionó tanto la belleza y la verdad de esta escultura que sospeché que por encima de ella no había nada más, ni Picasso ni nadie. Los antiguos han hecho cosas maravillosas en torno a la belleza y la verdad. Más allá de Píndaro, de Virgilio, de Catulo, no se puede decir nada mejor. El mundo cambia, las formas de expresión también, pero no se puede decir nada más bello. El techo moral del Auriga ya lo conquistaron los griegos y luego los latinos. Uno coge un poema de Catuo, aquello no se puede superar, se dirá de otra forma, pero no se puede superar.


-Para Vd. es algo vivo, pero ¿cree que está contribuyendo a revitalizar ese mundo a través de su obra?


-Sí, creo que sí, pero, claro, eso depende del lector.


-En efecto, pero Vd. escribe mucho en periódicos, donde el público es variado y es un tipo de medio efímero pero que se lee más a menudo que un libro especializado. Vd. puede pensar que la gente no va a comprar los poemas de Catulo, pero, en cambio, hace referencias a él y lo menciona en sus artículos.


-Son mis compañeros de viaje, los clásicos -y medievales también- son mis compañeros de viaje. Los lectores participan de mi inquietud por esos compañeros y, en efecto, puedo contribuir a divulgarlos. Sería terrible si pensara que nadie va a leer lo que escribo, no valdría la pena escribir, pero creo que me leen y en esa lectura puedo colaborar para que la gente recuerde que existía Marcial, por ejemplo. Pero, lógicamente, no es mi intención directa.


-A propósito de esto, ¿de dónde parte su conocimiento de los autores clásicos? ¿Cómo ha llegado a ellos, directamente, a través de otros autores? Sobre todo en esos autores y obras menos divulgados, por no ser ya clásicos, como la Peregrinatio Aetheriae o Valerio del Bierzo?


-Es un todo que no se puede separar. Viene fundamentalmente de mi vida universitaria. Comencé leyendo autores en francés, traducciones, de algunos autores que me hablaban de personas que me merecían crédito. Mi contacto con Macrobio, por ejemplo, no viene directamente de que yo me encontrara con su obra, sino que lo vi citado en algún libro francés y eso me forzó a buscarlo directamente. Otras veces la tradición es indirecta, a través de otras obras literarias. (Continuará)


Isabel Velázquez y Francisco García Jurado

lunes, 4 de mayo de 2009

LATINOS Y GRIEGOS, COMPAÑEROS DE VIAJE DE JOAN PERUCHO. SEGUNDA PARTE


Continuamos reproduciendo el texto de la entrevisa que Isabel Velázquez y yo hicimos a Joan Perucho en 1997.
Después de mostrarnos algunos libros antiguos, como un Dioscórides o una edición de los Digesta, nos comenta que va a publicar un libro que llevará por título Estética del gusto, en el que se recogen algunos textos ya publicados y otros nuevos sobre cocina. El libro, aparecido en la primavera de 1998 (Huesca, ed. Val de Onsera) se abre con el Viaje a Aquitania, realizado después de la "exaltante lectura" de la Vida de los doce Césares, y visitando los deliciosos viñedos descritos por Ausonio, relato aprovechado por el autor para contarnos la historia de Eleonor de Aquitania, la madre de Ricardo, Corazón de León. También nos comenta que está preparando un librito sobre una pequeña y paralela historia de los padres de la Iglesia (que se ha publicado en marzo de 1998, Barcelona, ed. Proa, con el nombre de Els pares del desert), a propósito del que nos relata la historia del anacoreta Amón y los cocodrilos y el origne de la expresión "llorar con lágrimas de cocodrilo".

Ante estos comentarios y relatos le preguntamos:

-¿Para qué tipo de lector escribe?

-Para un lector parecido a mí. Concibo la lectura como un acto cultural. Cuando Cunqueiro y yo comenzábamos a escribir decían que nos inventábamos las citas y referencias, pero no es verdad. Algunas veces, cuando son citas de memoria o imaginadas, pero las referencias concretas a obras, textos, datos históricos y fechas son ciertas. No pretendo que el lector contraste todo lo que digo y vaya a confirmar de dónde lo he sacado. Pero sí quiero incitarle a la lectura, transmitirle el placer de la búsqueda. Ese placer que yo obtengo en la búsqueda en mi biblioteca de los datos que utilizo.
-¿Su biblioteca está en lla base de lo que escribe? ¿Se considera un autor "raro", por su método y su tipo de relatos?
-No me importa que me consideren raro. Para mí adquirir cultura es la cima de la perfección. Pero es una adquisición entendida como placer, el placer de leer y buscar. Y sí, mi biblioteca está en la base de mi obra, me guío por ella (su biblioteca la consituyen más de treinta mil volúmenes de textos de todo tipo, pero muy especialmente ediciones y obras eruditas de los siglos XVIII y XIX, ediciones príncipes y ediciones diversas de humanistas y clásicos, realizadas en el siglo XVI, y un sinfín de textos de literatura española, francesa, catalana, etc.). Desde muy joven me convertí en una especie de buscador de libros. Con 5 pesetas, que entonces era mucho, tenía para pasar la tarde con un café y dos películas en un cine de barrio y el resto lo ahorraba para comprar libros. Entonces era voraz, me interesaba la novela, porque era el medio de conocer y comprender las relaciones entre seres humanos, entre hombre y mujer... Pero después me convertí en un lector de erudición, más que de novelas, buscaba fuentes documentales, referencias literarias y curiosidades y, además, me atrapó la bibliofilia. Supongo que esta afición me vino de la experiencia de la Universidad y la actividad que en torno a la literatura realizábamos allí, con Antonio Vilanova, Néstor Luján, Manuel Valls y otros amigos, cuando nos hicimos cargo de la revista Alerta, que editaba el SEU y le dimos la vuelta, causando estupefacción, hablando de Huxley, de Lorca, de Miró, Salinas, Picasso. Después vino la aventura de la revista Destino, con Ignacio Agustí y comenzamos a hacer periodismo. (continuará)
Isabel Velázquez y Francisco García Jurado

sábado, 2 de mayo de 2009

LATINOS Y GRIEGOS, COMPAÑEROS DE VIAJE DE JOAN PERUCHO. PRIMERA PARTE

Voy a ofrecer en este blog y los siguientes la transcripción de la entrevista que tuvimos la inmensa fortuna de hacer a Joan Perucho en casa del mismo autor hace ya bastantes años, el mes de junio de 1997. Isabel Velázquez y yo mismo hicimos el viaje hasta Barcelona, donde habíamos concertado vernos con Joan Perucho y su mujer María Luisa. Para que esto fuera posible tuvo mucho que ver el entonces director de la Academia de Bones Lletres de Barcelona, el profesor y prehistoriador Eudald Ripoll Perelló. Fue Isabel Velázquez la que puso en orden las notas y se animó a publicar una parte de la entrevista en el Boletín Informativo de la Sociedad de Estudios Latinos (número 10, julio de 1998, pp. 48-53). Hoy conservamos, además de los libros que el mismo autor nos regaló, el indeleble recuerdo de aquella velada con uno de nuestros grandes escritores.

Leer a Joan Perucho no puede dejar indiferente. Es un autor especial que lleva más de cinco décadas escribiendo, casi siempre al margen de las modas y tendencias literarias, y siempre fiel a su pasión personal por la literatura. Un autor que sumerge al lector en el mundo de la fantasía y de la aventura, con una línea difusa entre la realidad y la ficción en cada uno de sus personajes. Junto a nombres y datos de un rigor históricos incuestionable, relata episodios verosímiles o, por el contrario, extraordinarios, misteriosos, donde resulta casi imposible saber cuáles son los límites de su personalísima imaginación. Perucho no concibe la gran literatura sin misterio, es ése un componente fundamental, pero, como él miso afirma, "el más grande misterio es la vida, de la cual nosotros formamos parte", frase que leyó en los Caprichos de Azorín y que le ha acompañado durante toda su vida. Escribe indistintamente en castellano y en catalán, con igual maestría y sugestión; escribe poesía y prosa con la misma sensibilidad y sencillez deliciosas; escribe relatos breves y cuentos, noticias fantásticas, referencias culturales y eruditas escuetas, casi noticias; reescribe espisodios literarios de otros autores y los recrea o se limita a introducirlos en su propio texto, formando un todo con él; escribe sobre cocina y, siempre, siempre, sobre obras del pasado, literarias, históricas, raras y curiosas, aportando numerosas veces datos bibliográficos e informaciones de auténtico bibliófilo. Pero su obra es inclasificable.

El lector de Perucho se convierte en su cómplice, navega con él por esas referencias culturales y eruditas, procedentes de su inmensa biblioteca que, como el propio autor señala, conforma sus escritos.

En ese inmenso mundo particular, la cultura grecolatina ocupa un lugar muy especial; Perucho transmite la admiración que siente por ella, la considera la base de nuestra cultura, la edad de oro que alcanzó una perfección insuperable.

El estudio de la recepción de ese mundo en su obra es la causa que nos llevó a hacer una entrevista al autor, para incorporarla a un trabajo que sobre ella estamos realizando. Por eso, un día del mes de junio de 1997 fuimos a visitarlo a su casa de Barcelona. La entrevista se convirtió en unas horas inolvidables que pasamos junto a Joan Perucho y a su esposa, María Luisa. Algunas de las cuestiones que abordó entraban de lleno en el aspecto que aquí más nos interesa destacar, la vision que del mundo clásico tiene el autor y la utilización que de la tradición clásica hace en sus obras. Por eso extractamos aquí algunas de las respuestas que Perucho nos dio, entresacadas de la larguísima e ininterrumpida conversación. Aunque sin el orden natural en que se produjeron, pueden servir de reflejo de su pensamiento y de cómo es esa valoración de la cultura grecolatina que el autor hace. (continuará)


Francisco García Jurado e Isabel Velázquez Soriano

lunes, 27 de abril de 2009

LA CUESTA DE MOYANO: REALIDAD Y RECUERDO


Soy consciente de que al escribir estas líneas dedicadas a la Cuesta de Moyano, a sus casetas grises junto al Jardín Botánico, escribo sobre un tema manido al tiempo que inacabable. Siempre me gustó, y a través de estas casetas quise adivinar París junto al Sena. Luego vi que la comparación sólo podía ser aparente, pues cada lugar tiene su leyenda y su realidad, y quizá las casetas de la Cuesta de Claudio Moyano sigan siendo más fieles a su orígen que las parisinas, ahora tan turísticas. Allí encontré libros que cambiaron mi vida, y también pasé momentos agridulces. Violenta fue una tarde calurosa de agosto, cuando presencié cómo un librero gritaba a unos turistas anglosajones porque no le entendían, y yo me quedé pasmado sin saber qué hacer ante tal circunstancia. También me he sentido a disgusto ante el insulto de "sobón" que una librera dispensa mecánicamente a los visitantes, ocasionales o no. Antes iba con frecuencia, ahora tengo menos tiempo y, además, mi compra de libros antiguos ha ido cambiando gracias a las compras sistemáticas por medio de internet. Es verdad que han perdido algo del encanto que tenía el encuentro casual, pero la biblioteca de manuales de literatura grecolatina no habría llegado a tener lugar si no fuera por las compras sistemáticas, atenidas a la confección de una bibliografía previa, pacientemente trazada. Pero el otro día volví, más bien, pasé de largo, aprovechando una visita al Museo del Prado. Allí siguen, tentadores, los libros antiguos, y descubrí, no sin sorpresa, a la vieja librera que mecánicamente sigue llamando a sus potenciales clientes "sobones". La escuché esta vez sin disgusto alguno, como quien reconoce un viejo olor, cuánta continuidad dispensan a la vida las imperfecciones del mundo.


FRANCISCO GARCÍA JURADO

H.L.G.E.

sábado, 25 de abril de 2009

DE NUEVO SOBRE BORGES Y LA ENEIDA: POR ENTRE LA SOMBRA


Mi amigo Ramón Torné, filólogo de raza, ha glosado estos días el precioso verso virginiano que dice "sunt lacrymae rerum" http://daidalea.blogspot.com/2009/04/borges-sobre-el-virgilia-sunt-lacrymae.html, y resulta muy sugerente pensar que Borges pudiera traducirlo, de manera inconsciente, como "todas las cosas que merecen lágrimas". No entraremos en los problemas concretos de esta posible traducción (en mi futuro libro titulado Antiguos y Modernos, ahora en prensa, dedico algún espacio a este asunto), sólo nos quedaremos con la belleza de ambos versos, el virgiliano y el de Borges. Hay otro verso que, sin duda, no sólo es el más recurrido, sino el más vivido y pensado de todos, el famoso Ibant obscuri sola sub nocte per umbram (Aen. 6, 268). Precisamente cuando Eneas y la Sibila se dirigían hacia la bajada al infierno, e “iban oscuros bajo la noche solitaria por entre la sombra”. Se trata de uno de los versos más logrados del poema virgiliano, y Borges no dudaría en calificarlo de perfecto. Su composición, en principio, está basada en la alteración de los adjetivos, que no se atribuyen según un criterio lógico o esperable. “Oscuros”, que califica a la Sibila y a Eneas, debería ser para la noche, mientras que “solitaria” habría de remitirse a aquellos. A este fenómeno la retórica ha tenido a bien denominarlo hipálage, pero la moderna poética, ávida de nuevas imágenes verbales, lo ha terminado considerando de una manera bien distinta, casi en clave visionaria. En todo caso, como comenta Borges en su Arte Poética (p. 138), hay versos, como el citado, “en los que, en cierta medida, estamos más allá del tiempo”. Justamente es esta sensación de trascender el tiempo la que preside una de las emergencias más logradas de este verso, la intemporal dedicatoria a su admirado Leopoldo Lugones, que abre El hacedor:

“A izquierda y a derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos de los lectores, a la luz de las lámparas estudiosas, como en la hipálage de Milton. Recuerdo haber recordado ya esa figura, en este lugar, y después aquel otro epíteto que también define por el contorno, el árido camello del Lunario, y después aquel hexámetro de la Eneida, que maneja y supera el mismo artificio:

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram”

(“A Leopoldo Lugones”, en El hacedor [O.C. II, p. 157])

Las “lámparas estudiosas” constituyen para Borges la “hipálage de Milton” que Óscar Hahn ha rastreado en el “officious Lamps” de su Paradise Lost (9, 104). Sin embargo, parece que el verso virgiliano va mucho más allá de los artificios, dado que ofrece una nueva lectura, como podemos observar si tratamos de ver a través el universo que surge de esa lectura literal:

“Tenemos otro ejemplo famoso de hipálage, aquel insuperado verso de Virgilio ibant obscuri sola sub nocte per umbram, «iban oscuros bajo la solitaria noche por la sombra». Dejemos el per umbram que redondea el verso y tomemos «iban oscuros [Eneas y la Sibila] bajo la solitaria noche» («solitaria» tiene más fuerza en latín porque viene antes de sub). Podríamos pensar que se ha cambiado el lugar de las palabras, porque lo natural hubiera sido decir «iban solitarios bajo la oscura noche». Sin embargo, tratemos de recrear esa imagen, pensemos en Eneas y en la Sibila y veremos que está tan cerca de nuestra imagen decir «iban oscuros bajo la solitaria noche» como decir «iban solitarios bajo la oscura noche».

El lenguaje es una creación estética” (Borges, “La poesía”, en Siete noches [O.C. III, p. 256])

La última y categórica afirmación nos lleva directamente a la estética de la expresión de Benedetto Croce, uno de los fundamentos de la Eneida borgiana, que se fundamenta desde su filosofía la superación retórica de las figuras literarias y la superación poética de los géneros. El prólogo a la Eneida, por su parte, será el hipérbaton la figura retórica que queda superada:

“No nos cuenta que Eneas y la Sibila erraban solitarios bajo la oscura noche entre sombras, escribe:

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram

No se trata, por cierto, de una mera figura de la retórica, del hipérbaton; solitarios y oscura no han cambiado su lugar en la frase; ambas formas, la habitual y la virgiliana, corresponden con igual precisión a la escena que representan” (“Publio Virgilio Marón. La Eneida”, en Biblioteca Personal [O.C. IV, p. 521])

El trueque de los adjetivos ahora es visto desde un inesperado orden de palabras, y es posible que Borges esté pensando más en el castellano que en el latín. Pero el verso encierra más misterios sutiles. Quizá no tenga mayor importancia el hecho de que la última palabra, umbram, pueda aparecer travestida en un plural, umbras, pero esta oscilación tiene poco de concluyente, si bien se hace más neta cuando podemos escuchar al mismo Borges recitando este texto (en la recitación disponible en http://palabravirtual.com/, donde se puede oír perfectamente umbras), supone una rendija insospechada para comprender cómo estos versos trascienden su propia materialidad. Óscar Hahn (1996) ha reparado en la peculiaridad de este texto. Si no aceptamos la tibia posibilidad de que se trate de una mera errata podría pensarse que la oscilación entre umbram y umbras sea un rasgo intencional propio de lo que entendemos como la Eneida borgiana. Hay dos razones que se nos ofrecen para explicar esta interesante posibilidad de una alternancia intencionada. En primer lugar, umbram nos remite a la mera reproducción del verso en cuestión, mientras que umbras invita a pensar en otros versos, en especial el abrupto verso final de la Eneida: Fugit indignata sub umbras (Aen. 12, 952). Esto nos llevaría del libro IV al XII, de manera que cabría la tácita pretensión de que un verso pudiera encerrar o resumir la Eneida entera:

Ibant obscuri sola sub noctem per (Libro VI) ... umbras (Libro XII)

Este umbras nos trasladaría al abrupto final de la Eneida, que tampoco pasa inadvertido en la reunión de los versos más borgianos:

“Ya inmediata la muerte, Virgilio encomendó a sus amigos la destrucción de su inconclusa Eneida, que no sin misterio cesa con las palabras Fugit indignata sub umbras” (“Franz Kafka. La metamorfosis”, en Prólogo con un prólogo de prólogos [O.C. IV, p. 97 n. 1])

Borges se aproxima aquí a uno de los aspectos más delicados tanto de la vida de Virgilio como de las circunstancias de La Eneida, que comentaremos más adelante. Resulta, asimismo, muy interesante el uso del verbo “cesar” para hablar del final de la obra, dado que evita el uso de “concluir”. Esto tiene una importante implicación en el concepto mismo de los límites de la obra literaria.

Sin menoscabo de lo dicho, hay un argumento mucho más concreto y positivo que nos sugiere el comentario que hace Borges de un pasaje de Beda el Venerable en su libro dedicado a las antiguas literaturas germánicas:

“La segunda visión es la de un hombre de Nortumbria, llamado Drycthelm. Este había muerto y resucitó y refirió (después de dar todo su dinero a los pobres) que un hombre de cara resplandeciente le condujo a un valle infinito y que a la izquierda había tempestades de fuego y, a la derecha, de granizo y de nieve. «No estás aún en el infierno», le dice el ángel. Después, ve muchas esferas de fuego negro que suben de un abismo y que caen. Después, ve demonios que se ríen porque arrastran al fondo de ese abismo las almas de un clérigo, de un lego y de una mujer. Después, ve un muro de infinita extensión y de infinita altura y, más allá, una gran pradera florida con asambleas de gente vestida de blanco. «No estás aún en el cielo», le dice el ángel. Cuando Drycthelm va descendiendo por el valle, atraviesa una región tan oscura que sólo ve el traje del ángel que lo precede. Beda, al contar la escena, intercala un verso del sexto libro de la Eneida:

(Ibant obscuri) sola sub nocte per umbram

Un ligero error –Beda no escribe umbram, sino umbras- prueba que la cita ha sido hecha de memoria y, por ende, la familiaridad del historiador sajón con Virgilio. En el texto hay otras reminiscencias virgilianas” (Borges 1982, pp. 32-33)

Beda, que es presentado como precursor de Dante en los Nueve ensayos dantescos (OC III, pp. 360-363), pudo ser, en este caso, el propio precursor de Borges a la hora interpretar la oscilación entre umbram y umbras como un hecho intencionado. Hay un complejo entramado de relaciones entre Virgilio y Beda (lector de Virgilio y precursor de Dante) y entre estos dos, a su vez, con Dante (lector de Virgilio, pero no de Beda, aunque aparezca citado fugazmente en la Divina Comedia). En todo caso, la oscilación referida sugiere una inquietud poética de Borges. Un ejemplo significativo de lo mismo lo vemos en José Ángel Valente, que juega con “las sombras” en el título de su poema titulado “Eneas consulta las sombras”, pero que luego retoma el singular en el fiel comienzo que reproduce el verso virgiliano:

“Oscuros,
en la desierta noche por la sombra,
habíamos llegado hasta el umbral.

La mujer era un haz de súbitas serpientes
que arrebataba el dios.

Oh virgen, dime dónde
está el corazón del anegado bosque
el muérdago.
Volaron las palomas
a la rama dorada.
Habíamos llegado hasta el umbral
(de mares calcinados, del infinito ciclo
de la destrucción).
Aquí desnudo estoy,
ante el espasmo poderoso del dios.

Aquí está el límite.
Ya nunca,
oscuros por la sombra bajo la noche sola,
podríamos volver.
Pero no cedas, baja
al antro donde
se envuelve en sombras la verdad.
Y bebe,
de bruces, como animal herido, bebe su tiniebla,
al fin”

(en Interior con figuras (1976), luego reproducido e ilustrado por Juan Muñoz para la revista sevillana Sibila. Revista de arte, música y literatura 1, enero de 1995. Precisamente, el poema “inaugura” la revista, de nombre tan ligado a los infiernos virgilianos [véase Juan Carlos Marset, “La esperanza de Eneas”, ABCD 7 de mayo de 2005])


Francisco García Jurado

H.L.G.E.

jueves, 23 de abril de 2009

ELOGIO DE UNA LECTURA: EUGENIO DE ANDRADE Y HOMERO


Me conmueve un breve poema de Eugenio de Andrade (1923-2005) sobre la lectura de Homero. Príamo llega por la noche a la tienda de Aquiles, que aún tiene las manos calientes de la sangre de Héctor. Príamo pide a Aquiles que le permita enterrar el cadáver de Héctor, su hijo, apelando a la piedad. Es una gran escena de la literatura universal cuya lectura recuerda el poeta portugués de esta manera:

A LA SOMBRA DE HOMERO

Es mortal este agosto; su ardor
sube los escalones todos de la noche,
no me deja dormir.
Abro el libro siempre a mano en la súplica
de Príamo. Pero cuando
el impetuoso Aquiles ordena al viejo
rey que no le atormente más
el corazón, dejo de leer.
La mañana tardaba. ¿Cómo dormir
a la sombra atormentada
de un anciano en el umbral de la muerte?,
¿o con las lágrimas de Aquiles
en el alma, por el amigo
a quien acaba de enterrar?
¿Cómo dormir a las puertas de la vejez
con ese peso sobre el corazón?

(Trad. de Martín López Vega)
Cuánto recuerda, asimismo, al poema "Helena", de Seferis, el que comienza diciendo "No te dejan dormir los ruiseñores en Platres".

Francisco García Jurado
H.L.G.E.