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jueves, 23 de octubre de 2008

UNA PERLA DE LA BIBLIOGRAFÍA EN LA EDAD DE PLATA


Parecía que estaba muy lejos la fecha, y ya han pasado varios meses desde que se celebraron en la Universidad Complutense las jornadas conmemorativas de la inauguración del edificio de la Facultad de Filosofía y Letras, la mítica facultad de los años 30. El hecho de haber conocido a Santiago López Ríos, alma de todas estas actividades, y de haberme dejado aportar mi tímida colaboración en lo relativo a los estudios clásicos, ha sido una experiencia muy gratificante. Ahora toca inaugurar la exposición, que tendrá lugar en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, desde el día 11 de diciembre. También tenemos programada una actividad dentro de la Semana de la Ciencia, que comenzará en el Instituto Internacional, en la Calle Miguel Ángel.
Me hizo mucha ilusión, igualmente, corregir las pruebas de mi capítulo sobre los estudios clásicos dentro del catálogo de la exposición. El capítulo en cuestión se abre con una portada, precisamente la que aquí podéis ver también e incluso ampliar para apreciarla con más detalle. Este libro, en mi opinión, es posiblemente el que mejor representa o simboliza aquella etapa en lo que a los estudios clásicos se refiere. El libro al que me refiero se titula Ratnavali o El collar de perlas por CriHarsa; comedia traducida directamente del sánscrito y prácritos por Pedro Urbano González de la Calle; precede una introducción al estudio de la dramática india antigua por Mario Daza de Campos (Madrid, Victoriano Suárez, 1934). En él convergen dos profesores de épocas bien distintas: el viejo catedrático de lengua sánscrita, Mario Daza de Campos, y el todavía joven Pedro Urbano González de la Calle, que no sabía aún, no podía saber, cómo iba a cambiar su vida al cabo de un tiempo. El libro tiene un interesante proemio debido a Daza, donde celebra la inclusión de los estudios de sánscrito dentro de los cursos de la licenciatura de Filología Clásica. Estos estudios habían estado recluidos en el doctorado durante años, y ahora veían la luz para un nuevo tipo de alumno: “Estudios excelsos los de la gramática y literatura sánscritas, encerrados, hasta hace poco tiempo, en el impropio marco del doctorado de Letras, felizmente han hallado su adecuado asiento en la licenciatura de «Lenguas clásicas», cuyo nombre, ciertamente, no podría ostentar dentro de nuestra Facultad, si quedase reducida al cultivo de la filología occidental y se omitiere tan alta disciplina, como es la que abarca la lingüística indiana, origen venturoso del conocimiento científico de la gramática indoeuropea.” Pedro Urbano aprendió sánscrito gracias a Daza, y se atrevió con la pulcra traducción de este drama tomado de la antigua literatura de la India. El libro toma su título del nombre de una bella princesa, Ratnavali y un rey llamado Udayana. Se atribuye al rey Harsa (606-648 d.C.). En el libro se compara alguna vez a ciertos personajes del drama con los de Plauto. Esta obra es un raro espécimen de los estudios de sánscrito en España. No puedo valorar su calidad propiamente, pero sí parece estar escrito con interés y pasión por las bellas letras. Gracias a mi elección y a la consideración de Santiago, el libro estará en una de las vitrinas de la exposición del Conde Duque dentro de unos días. Todavía estaba intonso cuando lo encontré. Parece mentira, pero ningún ojo había posado su vista hasta el propio siglo XXI. Ahora muchos ojos lo verán, aunque sea de soslayo, y cobrará un merecido protagonismo en un contexto adecuado.