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viernes, 18 de mayo de 2012

Placer amargo del fracaso: el cuento "Vario" de Clarín

Las clases no siempre son las mismas, al menos no lo siento así. Es verdad que algunas veces llevo lecturas maravillosas que no acaban de crear el ambiente que busco. Otras veces, un texto desapercibido se eleva a la categoría de gran lectura compartida con mis alumnos. Esta vez, la expectativa se ha cumplido con un cuento de Clarín, el titulado "Vario", pero casi nos ha dejado sin aliento. Aunque el cuento está ambientado en Roma nos vamos a ir a París (en la fotografía) para evocarlo. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO
Mi manera de mostrar las lecturas que los autores modernos hacen de los antiguos es a partir de las claves estéticas e imaginarios modernos, no al revés. Esto hace que un autor antiguo sea leído de manera distinta, pongamos por caso, en la Edad Media o en el Romanticismo, y que cada época intente llevar a cabo una selección de autores adecuada a sus gustos. El mundo de finales del siglo XIX crea el mito del artista. A mis alumnos les he puesto el ejemplo del personaje de Rodolfo en la ópera "La Bohème" de Puccini, cuyo libreto rehace la novelita de Henri Murger titulada "Escenas de la vida bohemia". Rodolfo, ese hombre que se define ante la frágil Mimí, la tierna mujer enferma, como poeta que escribe y luego vive, terminará sintiendo el mayor fracaso de todos, el de la cobardía, al final de la ópera. Clarín eligió a un gran poeta contemporáneo de Virgilio y Horacio para encarnar el desconsuelo que conlleva saber de antemano que uno va a ser olvidado para siempre, que no triunfará ni su nombre será grabado en letras de oro. Vario es un poeta que pudo haber sido como Virgilio, pero cuya obra se ha perdido para siempre, por lo que ha quedado como un nombre vacío en los manuales de literatura latina. Vario encuentra o cree ver un coro de sirenas que le profetiza que su obra quedará perdida irremediablemente. Le dicen que deje de escribir, que muera, pues todo su esfuerzo será en vano. Sin embargo, Vario seguirá escribiendo, aunque ya sin la ilusión de quien sabe que va a pervivir, simplemente, eso creo, para él mismo. Este cuento es cruel y juega con la idea, tan propia de la estética de finales del siglo XIX, del fracaso como una foma de belleza. La imagen del albatros de Baudelaire, torturado por los marineros aburridos en alta mar, es probablemente la mejor encarnación de ese dolor que quiebra nuestros sueños. Hoy, en clase, hemos sentido ese dolor que nos dice que la vida va en serio. FRANCISCO GARCÍA JURADO

lunes, 14 de mayo de 2012

Los imaginarios de la literatura grecolatina y las sonatas de Valle Inclán

Las clases de pervivencia de la literatura latina durante los siglos XVIII, XIX y XX están resultando estimulantes para echar una mirada atrás, retrospectiva por tanto, de aquello que he venido haciendo al respecto. En un afán acaso demasiado simplificador, veo cómo las influencias y convenciones horacianas, las que hacen posible una literatura de corte clasicista, van dejando paso a lo largo del XIX a nuevas formas de relación con los autores clásicos. Se sustituyen los poetas (de Horacio se pasa mayoritariamene a Ovidio), pero también la manera de considerarlos: ya no cuenta tanto el modelo para la imitación como el imaginario de la propia figura del poeta, que representamos en este blog, genéricamente, a partir de un poeta muerto sostenido por un centauro, en un cuadro de Gustave Moreau. Valle Inclán es un buen testimonio de esta nueva forma estética de percibir a los clásicos. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO

Lo que ahora voy a exponer muy esquemáticamente proviene de un texto recientemente publicado dentro de las actas de un congreso de literatura comparada celebrado en la Universidad Pompeu Fabra. En él paso revista a los imaginarios de la literatura grecolatina que utiliza Valle Inclán en sus Sonatas. Además de las alusiones retóricas a Homero y sus versos, tan propias de la estética parnasiana y el modernismo, cabe señalar una caracterización de cada sonata a partir de un tipo de lectura: -Sonata de Primavera: hay una significativa referencia a la Leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine , que constituye un rasgo propio de lecturas de la literatura francesa del XIX, desde Gustave Flaubert a Anatole France. La ingenuidad de los relatos (vidas de santos) implica, además, un contrapunto al carácter diabólico del marqués. Resulta muy curioso, ya dentro de la propia literatura hispana, observar cómo esta lectura llega muchos años después a herederos indirectos de esta estética decadente, como Joan Perucho, dilatando así la temporalidad.

-Sonata de Estío : aquí es relevante la alusión al novelista latino Petronio , que viene dada por un gesto, bien identificable por parte de la literatura decadente francesa, de ensalzar los períodos tardíos de la literatura latina . No falta en un relato de marcado tono encendido y sexual la obligada referencia a Ovidio (en concreto, a su Ars amandi) , poeta que no en vano cita también Gabriel D’Anunzio en Il piacere.

-Sonata de Otoño: destaca claramente el bucolismo inspirado en Virgilio , poeta despreciado por Huysmans, pero recuperado para la estética moderna a comienzos del siglo XX, como podemos ver en autores como Eça de Queiroz (A cidade e as serras) y Antonio Machado (Los complementarios). Se produce, pues, un alejamiento del decadentismo estricto, tan ligado al artificio, con la consiguiente vuelta a la naturaleza y el paisaje. La poesía latina augustea recupera su lugar frente a la decadencia. De hecho, en la sonata siguiente encontramos un elocuente juicio estético en este sentido: “la concisión de un clásico en el siglo de Augusto” .

-Sonata de Invierno: llama la atención la referencia a un autor escolar como Cornelio Nepote , hecho que tiende a una doble dirección: el aprendizaje del latín, por un lado, y cierta evocación, quizá irónica, del mundo militar presente en la sonata. Por su parte, el recuerdo del aprendizaje del latín adquiere nuevos matices simbólicos en esta sonata, como contrapunto a la vejez , y es notable la propia ambivalencia que el latín tardío representa como lengua que sirve tanto para narrar los excesos de los emperadores como para caracterizar la liturgia cristiana (Remy de Gourmont), comparable a la contraposición que también se establece entre las confesiones de San Agustín y las del “impío” Rousseau . Tales referencias son parte de un sistema estético y no responden a una mera casualidad: se trata del imaginario decadente de la literatura grecolatina, una síntesis de tradiciones en conflicto. Son, ante todo, que ecos de otras lecturas modernas sobre textos antiguos. Paradójicamente, estas alusiones a autores de la Antigüedad responden a las pautas de una estética moderna y es posible encontrar incluso tensiones precisas entre ellas. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO