Se ha producido un error en este gadget.

miércoles, 29 de junio de 2011

Emoción ante Antonio López

Lo he visto alguna vez, y cada vez creo más que su propia imagen es parte esencial de su obra. Antonio López tiene una rara virtud, la de irradiar autoridad como artista y como ser humano. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO

Era un adolescente cuando un amigo me trajo un curioso catálogo de libros. Entre las cosas dispersas que allí podían encontrarse, no sé muy bien por qué solicité un libro titulado "La realidad en Antonio López". Aquel libro fue mi puerta de entrada a una manera de ver el arte y, sobre todo, la vida, con dulzura y acritud. Me conmovió especialmente el cuadro donde aparecía un hombre entubado. Al cabo de los años, la película "El sol del membrillo" me trajo la emoción del tiempo, y la exposición del Museo Reina Sofía, creo que en 1993, me trae el llanto emocionado de mi madre ante un cuadro de Carmencita con sus pequeños juguetes. Sí, Antonio López tiene la virtud de convertirse en parte de tu vida, y así es como llevo sintiéndolo desde hace treinta años. Hoy me arriesgo a publicar una fotografía que tomé pensando en alguno de sus cuadros. Se trata del cuarto de baño de un hotel, en cualquier lugar del mundo. La cámara no ha recogido la luz especial que pude ver, pero sirva como huella de aquella impresión. Puede que no sea el mejor homenaje al pintor, ni tan siquiera el más justo, pero esta fotografía se hizo precisamente desde una de las enseñanzas más profundas que jamás haya recibido: admirar lo sencillo. FRANCISCO GARCÍA JURADO

domingo, 26 de junio de 2011

Mirando atrás: la historia de una asignatura

De vez en cuando me gusta comentar algo sobre el estado en que se encuentra el CATÁLOGO RAZONADO DE MANUALES DE LITERATURA GRIEGA Y LATINA EN ESPAÑA (1784-1935), en el que vengo trabajando desde hace ya dos largos años. Estoy tomando el pulso a una asignatura y al pequeño mundo de sus autores, profesores y alumnos. Se trata de una pequeña gran historia. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE
Cada ficha que cierro, de momento las relativas al siglo XVIII, es un pequeño milagro. El catálogo arranca con un jesuita expulsado por orden de Carlos III y termina con un exiliado republicano. La Historia, la Historia con mayúscula, condiciona esta pequeña historia. Dado el grado de implicación que voy teniendo con este sutil mundo, hoy quiero compartir con mis lectores lo que será el posible texto introductorio del catálogo: "Fue hace muchos años, no recuerdo bien si una tarde de primavera o de otoño, cuando tuve la suerte de encontrar en una feria madrileña del libro antiguo mi primer manual de literatura latina publicado en el siglo XIX. Se trataba de la Historia de la literatura latina de Juan Félix Baehr, vertida al castellano por Francisco María Rivero y publicada en Madrid en 1879. La razón para adquirir este ejemplar no fue más que la mera curiosidad bibliográfica, habida cuenta, por cierto, de la rareza de publicaciones destinadas al estudio de la Antigüedad en la España del siglo XIX. Aquel libro me llamó la atención, además de por su copioso aparato bibliográfico, por la “Advertencia del traductor”, que daba cuenta de un pequeño mundo académico para mí entonces completamente desconocido donde destacaba el agradecimiento a un profesor de la otrora llamada Universidad Central de Madrid, y que no era otro que Alfredo Adolfo Camús, de quien pasado el tiempo supe que había enseñado literatura latina a ilustres alumnos como Benito Pérez Galdós o Leopoldo Alas “Clarín”. Si bien aquello no tenía por qué ser algo que transcendiera más allá de la mera anécdota, no pude dejar de sentir una curiosidad imperiosa por saber algo más sobre aquel mundo académico completamente olvidado. Preguntas como “¿quién podía enseñar literatura latina en la España del XIX?”, “¿habría más manuales?”, o “¿qué es lo que enseñaban realmente estos profesores?” fueron ya, desde entonces, parte de mi catálogo de curiosidades, algo a lo que, en parte voy a contribuir a contestar en esta obra que ahora, lector, tienes en tus manos. La circunstancia de haber curioseado en la biblioteca de filología clásica de la Universidad Complutense de Madrid diversos ejemplares antiguos, e incluso un manuscrito de apuntes tomados nada menos que por José Canalejas de las clases de Camús, fueron también estímulos que me llevaron poco a poco a la compilación bibliográfica y al catálogo que ahora presento aquí, tras los muchos años de estudio y compilación que separan aquella tarde en una feria del libro antiguo de este momento." FRANCISCO GARCíA JURADO