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sábado, 30 de agosto de 2008

EDICIONES RETROSPECTIVAS: LA RECUPERACIÓN DEL PASADO PATRIO

Estos días estoy corrigiendo la Tesis de Máster de Salomé Blanco, que prepara un trabajo interesante sobre las traducciones de Plauto y Terencio en España, particularmente las publicadas en el siglo XIX. Resulta interesante observar cómo se vuelve a publicar la antigua traducción humanista de Terencio hecha por Pedro Simón Abril, algo que un siglo antes ya había hecho Gregorio Mayáns. Es un caso parecido a lo que el propio Mayáns hace con Virgilio, y que ahora voy a relatar brevemente a partir de un ejemplar determinado.

En abril de 2007 adquirí para fines de investigación un ejemplar antiguo de la Vida de Virgilio, de Mayáns. Se trata de una segunda edición, póstuma, reeditada diecisiete años después de la primera. El hecho de que se tratara, precisamente, de una segunda edición me brindó un documento inesperado, en concreto una carta prologal del hermano de Gregorio, Juan Antonio Mayáns, de gran interés, dado que hace explícitas las intenciones de la obra:

“Los siglos decimo quinto, i decimo sexto han sido los mas floridos en virtud, letras i armas de la Nacion Española; pero como los sucessos del mundo estan en un continuo trassiego, se siguio algun descaecimiento, procedido en gran parte de no conocer el precio de las cosas proprias, i estimar sin discernimiento las agenas. De donde ha nacido, que se han hecho raras muchas obras nuestras, que devieran andar en manos de todos, i servir de modelos, para escrivir con solidez, i elegancia. Nuestra Nacion sería indubitablemente mas sábia, i nuestro lenguage tendría toda la magestad, i harmonía, que le son proprias, si los excelentes escritos de nuestros antepassados fueran mas leïdos: porque demás de la gran dotrina, que en sí contienen, i con que se han enriquecido los estrangeros; nos enseñarían tambien a meditar, i ser originales, i como si fueran nativos los nuevos, i solidos pensamientos que en ellos encontramos. Por eso son mui benemeritos de la Patria, i digníssimos de todo elogio los que se dedican a reimprimir, i hacer comunes tales obras. (...) Para contribuir yo de algun modo al deseo de U.E. de conservar el esplendor del lenguage que tanto ennoblece a nuestra Nacion, i hacer familiar a la juventud estudiosa el Poeta Romano, he pensado repetir la Edicion que veinte años atrás dio a la luz pública mi hermano. Merecen elogio particular cada una de las Traduciones que aquí se imprimen; mas entre todas se distinguen las que hizo en prossa Frai Luis de Leon, por no aver escrito, que contenga tantos, tan proprios, i elegantes modismos de nuestro Idioma, enseñando al mismo tiempo las correspondencias Latinas, bien dificiles de atinar (...)” (J. A. Mayáns, “Al Exc.mo Señor D. Eugenio de Llaguno, Amirola, i Ugalde”, en Vida de Virgilio, pp. III-VII)

Entre otros posibles comentarios que pueden hacerse sobre este interesante texto justificativo, debe destacarse el valor que se da a lo “propio” de la tradición hispana frente a lo “ajeno”, idea unida a una revitalización del pasado patrio que es la que legitima la reimpresión de libros de los siglos anteriores. Ya en lo que atañe a Virgilio, se señala el interés por “hacer familiar a la juventud estudiosa el Poeta Romano” mediante la reimpresión de las mejores traducciones al castellano. Así las cosas, la Vida de Virgilio estaba destinada a acompañar a unos Opera Omnia del poeta latino que contenían, además del texto original en latín, una cuidada selección de traducciones hispanas, en particular debidas a Fray Luis de León, Hernández de Velasco y Juan de Guzmán, todos ellos autores del siglo XVI. El hecho de que la Vida de Virgilio pueda aparecer con su propia paginación hace posible su publicación independiente o junto a una o varias traducciones virgilianas. Este es un fenómeno normal en la edición del siglo XVIII, dado que el pergamino permite un tipo de encuadernación abierta que no tiene que ver con nuestros modernos conceptos de encuadernación editorial. Nuestro ejemplar en cuestión, encuadernado en pergamino de la época, ofrece juntas la Vida de Mayáns y, abriendo el volumen, la traducción de Las Geórgicas de Publio Virgilio Maron, en versión de Juan de Guzmán[1], según la edición de Salamanca de 1586, como queda expresado en la misma portada:

LAS GEORGICAS
DE PUBLIO VIRGILIO MARON,
PRINCIPE DE LOS POETAS LATINOS,
NUEVAMENTE TRADUCIDAS
EN NUESTRA LENGUA CASTELLANA
EN VERSO SUELTO,
CON MUCHAS NOTACIONES
QUE SIRVEN EN LUGAR DE COMENTO,
POR JUAN DE GUZMAN,
Catedrático de la Villa de Ponte-Vedra,
en el Reyno de Galicia.

En Salamanca en Casa de Juan Fernandez
Año 1586.
TOMO II

EN VALENCIA
EN LA OFICINA DE LOS HERMANOS DE ORGA
AÑO M.DCC.XCV.
CON LAS LICENCIAS NECESARIAS.

Se trata de un Tomo II, que sigue a otro con los Opera Omnia virgilianos y la vida de Claudio Donato. Si observamos bien esta nueva portada, observamos que aparecen dos fechas: primero la fecha de la primera edición (1586), con la ciudad y el editor, y luego la fecha de la nueva edición con el impresor actual. La constatación conjunta de la reedición moderna y la de la antigua edición de finales del XVI tiene un gran valor testimonial. Es ahí, precisamente, donde podemos ver cómo una idea, un planteamiento, ha dejado plasmada su huella precisa en un objeto material. La traducción que Juan de Guzmán hace de Virgilio es notable porque forma parte de la propia historia de las versiones de Virgilio al castellano trazada por Mayáns en su segunda parte de la Vida. Que ya en la misma portada se haga notar que no se trata de una traducción actual, sino de una traducción histórica, supone el reconocimiento explícito de un interés por la propia Tradición Literaria, en particular por la tradición de las traducciones virgilianas al castellano. Ya en el siglo XVII Nicolás Antonio había recogido en su Bibliotheca Hispana Nova esta obra de Juan de Guzmán, humanista y discípulo de El Brocense[2]. Entre Nicolás Antonio y Mayáns se da ese sutil paso que va del interés meramente bibliográfico a la valoración histórica, pues la traducción de Juan de Guzmán supone algo más que un mero dato, se vuelve acontecimiento historiográfico dentro del estudio de las traducciones de Virgilio a la lengua castellana. La cuestión tiene mucho mayor alcance del que pudiera parecer a simple vista.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.

[1] Palau VIII, 158935 dice al respecto: “Esta vida se halla a continuación de las Geórgicas de Virgilio, traducidas por Juan de Guzmán, Valencia, 1795, y también corre suelta. 15 pts. 1936”.
[2] Así lo vemos en Nicolás Antonio, Bibliotheca Hispana Nova. Tomus Primus, Visor, Madrid 1996 (edición facsímil de Viuda y herederos de Joaquín Ibarra, Madrid 1788), p. 709, que presenta a Guzmán como “Latinis literis & rhetorica arte instructus apud Franciscum Sancium Brocensem”. Al final del artículo cita su traducción: “vertit item in sermonem vernaculum: Las Georgicas de Virgilio y decima Egloga. Salmanticae apud Joannem Fernandez 1586. in 12”.