Share It

jueves, 12 de noviembre de 2009

LA ACTIVIDAD "MADRID GÓTICO Y SUBLIME"


Finalmente, la mañana del día once de noviembre de 2009 celebramos la actividad "Madrid gótico y sublime", dentro del marco de la IX Semana de la Ciencia de la Comunidad de Madrid. El día soleado confería una bella especial a la Sacramental de San Justo, que se convirtió por unas horas en un cementerio a la parisina, convertido en lugar para el recuerdo y la culura, como pueden ser Pere Lachaise http://www.pere-lachaise.com/ o Montparnasse. La actividad se repartió en tres partes, perfectamente cronometradas. Don Juan Antonio Pino, que lleva trabajando ya cuarenta años en este cementerio y que es su mayor conocedor, nos regaló con su amable charla y los pequeños secretos del lugar. Visitamos panteones singulares y tumbas que son verdaderas joyas, como la que está coronada por una escultura de Vitorio Macho que, lamentablemente, recibió el impacto de una bomba. El paseo transcurrió por algunos de los patios más notables del cemeterio, en especial los de Santa Gertrudis, donde se encuentra el "otro" panteón de hombres ilustres, con nombres tan señeros como el de Mariano José de Larra. Después, Ana González-Rivas Fernández nos ilustró sobre las claves estéticas de los cementerios románticos, estética de lo "sublime", una forma de arte que va más allá de la belleza, pues pretende estremecer y conmover. Quien esto escribe terminó la actividad hablando sobre los cementerios y la escritura de la Historia, evocando los nuevos estilos arquitectónicos del siglo XIX que conocemos como los "neos" (neobizantino, neogótico...).

Fue una mañana memorable. Las cuarenta personas que acudieron a la actividad mostraron un interés verdaderamente loable. Cuántas ganas de aprender y de aprovechar el tiempo. Mi agradecimiento va dirigido a Juan Antonio Pino y a Ana Gonzalez-Rivas. Mi admiración es para el público asistente.


Podéis ver el álbum de fotos de la actividad en http://www.facebook.com/home.php?#/album.php?aid=122842&id=130834052198


Francisco García Jurado

H.L.G.E.

martes, 10 de noviembre de 2009

Cuando el tiempo se detiene: Pedro Urbano González de la Calle


Por fin ha aparecido publicado en la revista "Literatura: teoría, historia, crítica" (número 11, pp. 303-332. ISSN 0122-011x) uno de los artículos donde más me he implicado vitalmente. Como ya he contado en otras ocasiones, la figura de Pedro Urbano González de la Calle, su brillante carrera académica en España y su no menos brillante exilio, han sido uno de los más hermosos descubrimientos del proyecto de investigación sobre los estudios clásicos y la Edad de Plata de la cultura española. Cuando llegó a mis manos la traducción del manual de literatura latina que tradujo del alemán, con su firma autógrafa, sentí que debía escribir un trabajo para contar los avatares de aquel libro, concebido en la España de los años '30 y publicado en la Colombia de 1950. Un tránsito motivado por el exilio tras la Guerra civil española, pero, al mismo tiempo, un libro donde puede sentirse todavía vibrar un tiempo detenido quince años atras, un tiempo que a duras penas puede suturarse ya con los nuevos tiempos, pero que se guarda en la conciencia lúcida de quien vivió y confiesa haber vivido. He colgado la versión eletrónica del trabajo en el repositorio de la Universidad Complutense en la dirección electrónica http://eprints.ucm.es/9554/. Sin embargo, quisiera adelantaros sólo una parte, como selección personal de mi propio texto. Por circunstancias bien diferentes, concebí este trabajo en Madrid, en la actual Universidad Complutense, donde ya casi nadie recuerda que Pedro Urbano fue profesor allí, y terminé de revisarlo en la de Harvard, lugar de acogida de otros intelectuales exiliados. Os dejo, finalmente, con el texto prometivo, donde tras Pedro Urbano yo también escondo mi pequeño exilio:


"La bibliografía final, que completa y actualiza ampliamente la ofrecida por Leo, es de gran interés para poder situar en un tiempo real el trabajo de Pedro Urbano. Como es natural, el grueso de la
actualización bibliográfica se sitúa entre 1924, fecha de la reedición en aleman del manual de Leo, y el año 1936, cuando Pedro Urbano ultimaba su versión traducida y comentada para su publicación. No obstante, tambien hay libros recogidos con fecha posterior a 1936, que son señal inequivoca de que Pedro Urbano quiso seguir completando su ya copiosa bibliografía para salvar los casi quince anos de distancia entre 1936 y 1950. En esta bibliografía son notables algunas
presencias, y tambien destacan algunos conscientes olvidos relativos a los estudios hispanos. Entre las primeras, la edición en curso de las obras completas de Menendez Pelayo, quien no por participar de presupuestos ideológicos bien distintos a los de Pedro Urbano deja de ser un autor bien considerado por él. Asimismo, destaca la referencia a la traduccion que de Horacio hace un bibliotecario y latinista, Bonifacio Chamorro, que ejerció como ayudante de latín en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid durante los años treinta. Pedro Urbano da noticia de la publicación de veinte odas de Horacio a cargo de Chamorro antes de la Guerra Civil (1935-1936). (...)
También los avatares políticos y bélicos de los años cuarenta afloran puntualmente en la misma bibliografía. Es el caso de la nota a pie de pagina que, con pasmo, hace Urbano ante la “arianización” del nombre del editor de Tibulo, que de Levy cambia su nombre por el de Lenz. Asimismo, y sin comentario alguno, es destacable la referencia a una coleccion de clásicos grecolatinos auspiciada por Benito Mussolini (249). La historia condiciona la vida de esta traducción de Leo y, asimismo, esa misma historia se deja ver discretamente entre sus paginas."
(en la imagen "Exilio" (1944) de Robert Capa)

Francisco García Jurado

H.L.G.E.

domingo, 8 de noviembre de 2009

NUESTRO SIGLO DE ORO


Por diversas razones, hoy dedico este blog al profesor Antonio Barnés, autor de un libro dedicado a la Tradición clásica y el Quijote cuya lectura me está resultando verdaderamente grata. Creo que no es casualidad que ahora el libro esté en mi biblioteca, enriqueciendo la sección de Tradición clásica, y que sobre todo me sirva como motivo de reflexión. Tampoco creo que sea casual el triángulo ideal configurado por Cervantes, Mayáns y la propia idea de Tradición. Mayáns escribió la primera gran biografía del autor del Quijote y no en vano es el pionero de los estudios sobre Tradición. En otro lugar, precisamente en un artículo titulado “Virgilio y la llustración. Mayáns y los fundamentos críticos de la tradición literaria en España” (Revista de Historiografía) dediqué mis vigilias a analizar cómo la Poética y la Retórica, la Bibliografía y la Traducción convergen en la articulación de los nuevos estudios que van a dar lugar a la moderna Historia Literaria. El caso es que ante la vieja cuestión, alimentada por ciertos autores italianos, de la corrupción de la literatura española, que no desaparece, sino que se va a transformar en la infundada polaridad entre el barroquismo de la tradición hispana y el clasicismo de la tradición francesa, hay, de hecho, una tercera vía posible: la tradición hispana de carácter reformista (Vives, El Brocense…) apuntada ya en Mayáns, según Antonio Mestre. Mayáns ha de situarse dentro de un marco historiográfico que tiende a convertir el Renacimiento en el paradigma de la tradición literaria, con su correspondiente mirada a las letras clásicas. Este autor presenta, además, la peculiaridad de ciertos intelectuales españoles que desde el siglo XVIII intentaron recuperar la herencia hispánica de ese periodo. Y resulta hermoso comprobar cómo la herencia de Mayáns no desapareció del todo en el siglo XIX. Con respecto al intento de convertir el siglo XVI hispano en el verdadero Siglo de Oro de la literatura resulta interesante la reivindicación que de él se hace en la Colección de Autores Selectos, compilada, si bien no se explicita, por dos de los grandes historiadores de la literatura del siglo XIX: Alfredo Adolfo Camús y su amigo y paisano Amador de los Ríos. Allí encontramos, además de resabios ilustrados, como la idea de «restaurar el buen gusto» de las humanidades, la elocuente relación entre «Humanistas del siglo XVI» y «nuestro siglo de Oro»:

«No podía en consecuencia dejar de acudir el Gobierno á poner la debida enmienda en tan punible olvido de las buenas doctrinas clásicas. Para conseguirlo no bastaba solo el recomendar al digno profesorado de segunda enseñanza el ejercicio y aplicación de los mejores métodos: habíase perdido enteramente la tradición del excelente y luminoso empleado por nuestros eminentes humanistas del siglo XVI: y sin restablecerlo de antemano, inútiles hubieran sido sin duda todos los esfuerzos. A este propósito se encamina por tanto el presente volumen: solo con la asidua lectura, análisis é imitación de los autores de nuestro siglo de Oro y de los que en tiempos posteriores han logrado seguir de cerca sus huellas, será posible restaurar el buen gusto en el campo de las humanidades, levantando de nuevo la lengua y la elocuencia española al grado de esplendor en que las pusieron los Mendozas, Marianas y Granadas y Cervantes. » (Amador de los Ríos y Camús 1849, pp. V y VI)

De manera significativa, el primer texto que abre la colección de autores es el de la Oración en que se exhorta á seguir la verdadera idea de la elocuencia española, de Gregorio Mayáns y Siscar. Nótese el uso que se hace en el texto citado de expresiones como «las buenas doctrinas clásicas», «la tradición» o «siglo de Oro», que muestran no sólo una toma de postura, sino también una clara conciencia de la idea de Tradición Literaria hispana. Si bien otros libros del siglo XIX, como el compilado por Gil de Zárate para dar cuenta de la Historia de la Literatura española, harán bascular el llamado Siglo de Oro hacia el siglo XVII, en particular al género dramático, no podemos obviar el hecho de que la acuñación historiográfica que entendemos como «Siglo de Oro» de la literatura española sea esencialmente un mito dieciochesco que mira de manera retrospectiva al XVI, y que en Mayáns tenga, además, una de las figuras más representativas para ilustrarlo. El canon de la literatura española durante el siglo XIX se ha articulado en torno a lo que Mainer denomina «un canon mixto», basado en el doble concepto de literatura y utilidad, si bien conviene revisar la visión de la literatura del XVIII que se difunde durante el siglo siguiente, dado que se contempla básicamente a autores como Moratín o Cadalso y no a otros como Mayáns. No obstante, en alguno de los manuales españoles de literatura latina publicados durante el siglo XIX en España todavía aparece la oportuna referencia al estudio virgiliano de Mayáns.

Francisco García Jurado
H.L.G.E.