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sábado, 24 de enero de 2009

LA MITOLOGÍA EN CUATRO PIEZAS DE PORCELANA DE MEISSEN


En ocasiones, cuando hablamos de museos siempre pensamos en colecciones como las del museo del Prado, el Louvre o el British Museum de Londres, y casi siempre, nos vienen a la mente los famosos cuadros que jalonan sus espléndidas galerías. Sin embargo, pocos son los que se fijan en las esculturas y aún menos en las llamadas actualmente artes decorativas, consideradas como artes menores. Hace poco Paco, Javier y yo tuvimos la oportunidad de visitar el museo de artes decorativas de Madrid y realmente es un museo que me sorprendió. Situado a escasos metros del Parque del Retiro alberga en sus cuatro plantas, creo recordar que son cuatro, cerámica, muebles, tapices y demás objetos de decoración que lo harían digno de estar dentro del recorrido de los grandes museos visitables de Madrid. No obstante, para mi no fue hasta nuestra visita a China en el verano de 2007 cuando empecé a tomar conciencia de la importancia de estas artes y sobre todo, cuando visité el fantástico museo de Shanghai. Fue ahí donde me di cuenta realmente de que el arte lo impregna todo y se impregna de todo y vi que tampoco estaba tan lejana la estética de los dibujos japoneses mangas con esa pintura en tela que hallamos en las salas del museo (siento molestar a cualquier amante de lo japonés que piense que no hay influencia china en su cultura). Baste esta introducción para comentar que el museo Cerralbo de Madrid, actualmente en obras, dedica cada mes una serie de conferencias a una de sus piezas. En esta ocasión, la pieza del mes de Enero está dedicada a la contemplación y el comentario de cuatro piezas de porcelana Meissen y de su contenido mitológico e iconográfico. De su sabia interpretación y comentario se ha encargado Dña. Raquel Sigüenza Martín, una estudiosa de la iconografía en el arte, que nos ha ilustrado no sólo sobre el valor de las piezas sino también, por sus conocimientos en las subastas de arte, de su valor en el mercado. Los jarrones, del siglo XIX, pertenecen a esa manufactura sajona creada en el siglo XVIII. Hasta este siglo no se había podido producir localmente la porcelana pues les faltaba un ingrediente básico que se utilizaba en la porcelana china, el "caolín". Los moldes habían sido diseñados por Kändler con motivo de un regalo de Augusto III de Sajonia a Luis XV de Francia y fue tal el éxito del diseño que se repitió a lo largo del XIX (de hecho, el propio Augusto III se encargó otras tantas piezas para él). En su origen el regalo se componía de cinco jarrones, en uno de ellos aparecía la figura de Luis XV con un sol representando a Apolo (en memoria del rey sol Luis XIV) y un cartucho con la letra "L" que se refiere al nombre del rey. Los otros cuatros jarrones se decoraban con la alegoría de los cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. Cada uno de estos jarrones se halla presidido por un dios; así, en el jarrón dedicado al aire encontramos a la diosa Hera con sus atributos reales y su animal, el pavo real. El segundo, el dedicado al agua, tiene como representación a Poseidón, sus caballos y una nereida. Diana o Ártemis preside la tapa del tercer jarrón dedicado a la tierra. Éste junto con el cuarto jarrón dedicado al fuego son los que más daños han sufrido y los que presentan más diferencias, transformaciones y variaciones en sus diversas producciones temáticas. Así en el jarrón de la colección del marqués de Cerralbo que se refiere al fuego el dios representado es Zeus que aparece con su haz de rayos en las manos. Sin embargo en otras producciones de porcelana de Meissen con este mismo motivo el dios representado es el que hubiéramos esperado desde un principio, Hefesto o Vulcano. En la actualidad el museo conserva solamente los cuatro jarrones que nos refieren a los cuatro elementos, con piezas realizadas a molde y policromadas, y fueron un regalo de la marquesa de Villa-Huerta en 1927 a su suegro el marqués de Cerralbo. Estos jarrones se encuentran depositados en el antiguo Salón Chaflán, hoy Salón de Confianza.

No quisiera tampoco dejar de mencionar que para la iconografía utilizada en los jarrones, como los dedicados al agua y la tierra, Kändler se basara en los grabados de Jean Le Pautre y de Johan Elias Ridingen.

También sería oportuno hacer notar la pertinencia de referirse a los dioses que hay en los jarrones por sus nombres griegos o romanos. Raquel Sigüenza, en su exposición oral, utilizaba los nombres con suma corrección, e incluso expresó su preferencia por los nombres griegos. Desde el contexto de la tradición clásica, hasta bien entrado el siglo XIX, predominó el uso latino de los nombres de los dioses, propio de un sereno clasicismo, pero con las nuevas estéticas de finales del mismo siglo, como el parnasianismo, renació el gusto por los nombres griegos, que se veían como más cercanos a la Grecia primigenia. Es lo que hace, por ejemplo, Leconte de Lisle cuando traduce a Homero.

Así las cosas, cuando reflexionamos sobre las diferentes artes nos damos cuenta de que no hay en realidad artes menores, y de que un artista a la hora de pintar, de interpretar o de escribir tiene en mente todas esas influencias recibidas ya por lecturas que le llevan a otras lecturas, cuadros y esculturas, por cuadros que le llevan a otros cuadros y lecturas, a músicas que le llevan a otros cuadros, lecturas y esculturas,... A eso lo llamamos Humanitas.

(Se reproduce la portada del cuadernillo correspondiente a la pieza del mes de enero de 2009 copyright MUSEO CERRALBO 2008)


María José Barrios Castro

H.L.G.E.

jueves, 22 de enero de 2009

BICENTENARIO DE EDGAR ALLAN POE: POE Y LOS CLÁSICOS

CRÓNICA DE ANA GONZÁLEZ-RIVAS.-
Como algunos ya sabréis, el pasado 19 de enero se celebró el bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe (1809-1849). Poe, padre literario de los poetas malditos franceses y de toda una legión de autores góticos que surgieron a su estela desde la segunda mitad del siglo XIX, sigue siendo hoy un punto de referencia, no sólo en la literatura de terror, sino en las muchas y variadas manifestaciones de la literatura fantástica. Prueba de ello es que, doscientos años después, Poe sigue contando con miles de seguidores que no han olvidado su cumpleaños. Entre ellos, el archiconocido como “Poe Toaster” (“el que brinda por Poe”), que todos los años visita la tumba del poeta la noche del 19 de enero, y deja sobre su lápida tres rosas rojas y media botella de coñac, en honor a este maestro del género fantástico. No es un secreto que los hados no fueron especialmente favorables a Poe, el cual tuvo que vérselas con el rechazo familiar, la pobreza, el desempleo y sus problemas con el alcohol. Tampoco el amor logró salvar a Poe, quién, una vez muerta su joven esposa Virgina, se precipitó aún más deprisa hacia su desgraciado final. Lamentablemente, la azarosa vida de Edgar Allan Poe empañó sus éxitos literarios, y en más de una ocasión el mismo poeta llegó a sabotear grandes oportunidades, como la que tuvo de conocer en persona al presidente de los Estados Unidos y de fundar, asimismo, su propia revista (planes que quedaron truncados por una borrachera bastante inadecuada). No obstante, Poe se defendió de esta imagen de escritor perdido, siendo consciente de que, ante los demás, destacaban más sus momentos de locura y enajenación que los días de trabajo constante en su escritorio. Y como prueba de su constancia, su herencia: una gran colección de cuentos y poemas, ensayos y reseñas, y, sobre todo, una nueva concepción del misterio, que desde entonces sigue configurando nuestras expectativas como lectores de lo fantástico. ¿Quién no se ha estremecido con el martilleo de los versos de El Cuervo, esa bestia alada y ominosa? ¿Quién no ha temblado ante la imagen sangrante de la desdentada Berenice, o el cadáver palpitante de Ligeia, recién resucitada bajo la mortaja? Guy de Maupassant, Oscar Wilde, M. R. James, Baudelaire y tantos otros rinden pleitesía a Poe, y parten de sus narraciones y poemas para el nuevo imaginario de terror y misterio finisecular. Pero, ¿quién o quiénes fueron la fuente de la que bebió Poe? Sin duda, él conocía muy bien toda la tradición gótica que había comenzado con Horace Walpole y su novedoso (y algo exagerado) The Castle of Otranto; pero su cultura iba mucho más allá: Poe leyó literatura francesa, española, y, por lejano que pueda parecer a su estética, también Poe era lector de los clásicos grecolatinos. Los utiliza en las citas y referencias, en su lengua original y en traducción; los recrea desde la mitología, que está detrás de algunos de sus personajes (véase a la Marquesa Afrodita, en “The Assignation”); e incluso los reinventa, creando nuevas citas y poniéndolas en boca de filósofos, como la cita inicial de Séneca que encabeza el cuento de “The Purloined Letter”. Poe, clásico él mismo por su lugar en la literatura universal, también se ha dejado seducir por los otros clásicos, que siguen en el fondo de la literatura fantástica moderna. El bicentenario de Poe, por tanto, merece que se celebre a lo grande. Y, de hecho, ya hay varios actos programados entorno a este motivo. El pasado sábado 17 la librería “Tres Rosas Amarillas” organizó en Madrid una lectura pública de los cuentos de Poe que tuvo una gran afluencia de público, una parte del cual acudió disfrazado con motivos “poenianos”. El mismo lunes 19, aniversario del nacimiento, otra lectura fue organizada por la librería “Estudio en Escarlata”. En mayo, en la Universidad de Alcalá, está previsto el congreso internacional “Poe presente en el siglo de la ansiedad” (21-23 de mayo). Y dentro de tan sólo dos semanas, del 3 al 6 de febrero, se celebrará en la Facultad de Humanidades de Albacete (UCLM) el congreso internacional “Edgar Allan Poe: doscientos años después”, donde tendré el placer de participar con una comunicación sobre “The Assigantion: cita entre lo clásico y lo gótico”. Siguiendo dentro de lo académico, Francisco García Jurado y yo hemos publicado recientemente el artículo “Death and Love: Edgar Allan Poe’s and Marcel Schwob’s Readings of the Classics”, en la revista electrónica CLCWeb: Comparative Literature and Culture (ISSN 1481-4374). Purdue University, Volume 10 Issue 3 (September 2008). Cultural Scenarios of the Fantastic (puede consultarse en http://docs.lib.purdue.edu/clcweb/vol10/iss4/4/). Asimismo, este año son varias las editoriales que han reeditado los cuentos de Poe: Cuentos completos (Edhasa), Todos los cuentos (Galaxia Gutenberg) y Cuentos completos. Edición comentada (Páginas de Espuma). Además, se ha editado en español Poe. Una vida trucada, de Peter Ackroyd, traducción de Bernardo Moreno Carrillo, Edhasa, 2009 (Poe. A life Cut Short, Chatto & Windus, 2008), una biografía que trata de desvelar la verdad sobre la muerte de Poe y sus últimos días, un tema que siempre ha estado rodeado de misterio (como si el propio escritor se hubiera contagiado de su ficción). Precisamente estos últimos momentos del autor es el tema central de la obra “Sombras y Preguntas”, que representará la compañía teatral “La Paranoia de Trastaravíes” el próximo día 31 de enero, a las 20.00, en el Teatro García Lorca de Getafe. Dirigida por Natividad Gómez, “Sombras y Preguntas” nos adentrará en la mente de Poe y en las circunstancias de muerte, planteadas esta vez desde el escenario. Ésta es sólo una pequeña muestra de lo que representa el bicentenario de Poe; otros congresos, coloquios y seminarios están también previstos, tanto en España como en otros muchos rincones del mundo, que quieren dar así su particular homenaje al escritor. Su estela está viva, más viva que nunca, y seguirá inspirando a muchos de los poetas y narradores que todavía han de venir. Brindemos pues, todos, por este genial escritor.


Ana González-Rivas Fernández, Lda.
Dpto. Filología LatinaFacultad de Filología
Universidad Complutense de Madrid

miércoles, 21 de enero de 2009

SOSTENER EL TIEMPO: FRANCISCO AYALA Y EL MUNDO CLÁSICO


Alcázar Genil es un palacio árabe que está junto al río Genil, en la ciudad de Granada, y hoy día es el lugar donde tiene su sede la fundación Francisco Ayala. Alli es donde hemos presentado ayer, día 20 de enero de 2008, el libro que Inmaculada López Calahorro ha escrito sobre Francisco Ayala y el Mundo Clásico (Granada, Universidad, 2008). La sorpresa surge cuando alguien se atreve a trazar un estudio transversal de estas características y, además, lo desarrolla con éxito. Con una sala rebosante de público, más aquel que no ha podido acceder, hemos sentido la emoción de un día único. El profesor Antonio Chicharro ha hablado sobre Ayala como autor clásico, en el sentido más noble y profundo de este apelativo aplicado al l gran escritor granadino. Palabras llenas de saber, que sitúan la prosa de Ayala entre el docere y el delectare latinos, y que lo convierten, ante todo, en un autor universal. A mí me ha corrrespondido presentarme como lector del libro, uno de sus primeros lectores, cuando aún aquella obra no era más que un original. Y quise sobre todo recordar el valor de auctoritas que tiene la lectura de los clásicos que hace Ayala, frente a la potestas de los académicos y las imposiciones. Es necesaria la auctoritas frente a tanta postestas que a menudo deviene en despotismo. Inmaculada ha terminado el acto con su propia visión y lección de Ayala: medusas y vanguardia, Lucano y Luciano ante la guerra, o laberintos soñados junto a Borges en cuentos inmortales como "El hechizado". Ante todo la conciencia del sueño, como ha sido para terminar la lectura de un texto de Ayala: "¿Sueñas? ¿Qué estarás soñando lejos de mí? ¿Aparezco quizá yo dentro de tu sueño? ¿Soy una figura de tu sueño? ¿O no? O, excluido de ese otor mundo que es tuyo, sólo tuyo y no mío, tengo que esperar a que despiertes, aquerdar tu regreso al otro lado de la puerta para preguntarte: ¿Qué has soñado, amor mío?, y que tal vez me lo cuentes, o quizá me digas que no, que no has soñado nada, que no lo recuerdas...". Hay que destacar, además, la presentación general que ha hecho del acto Rafael Juárez, librero antaño, poeta siempre y actualmente gerente de la Fundación Francisco Ayala.








Francisco García Jurado

H.L.G.E.

domingo, 18 de enero de 2009

BORGES Y SAN AGUSTÍN


La suerte a menudo acompaña a los audaces. Tuve hace ya unos años el atrevimiento de proponer a una de mis revistas míticas, Variaciones Borges, un trabajo complejo que proponía una transversalidad entre dos gigantes de la literatura y el pensamiento: San Agustín y Borges a partir de la reflexión sobre el lenguaje. El entonces director de la revista, afincada por aquellos años en la danesa (y vikinga) universidad de Aarchus, aceptó mi trabajo, que apareció, curiosamente, publicado dentro de una volumen dedicado a "Lo que se cifra en el nombre -Borges y las palabras-". Era el año 2002, y el volumen aparecía dedicado a Umbeto Eco, miembro del comité editorial, que aquel año cumplía 70 años. El texto que viene a continuación presenta el planteamiento de este estudio.


Hace ya tiempo, dentro de un estudio encaminado a analizar las complejas relaciones entre etimología y literatura desde la Antigüedad al presente[1], observamos cómo en Agustín y Borges, aun mediando entre ellos varios siglos, se daba una singular coincidencia en el escéptico juicio que tenían acerca de la etimología. De esta forma, salvando las distancias científicas e históricas, ambos coinciden en calificar a la etimología de disciplina curiosa o interesante, aunque poco necesaria o útil. Uno y otro autor se expresan de forma muy parecida:

AGUSTÍN "de origine verbi": res nimis curiosa / minus necessaria
BORGES "etimología": "escasas disciplinas habrá de mayor interés" / "de nada o de muy poco nos servirá para la aclaración de un concepto el origen de una palabra"

El juicio, como es fácil comprobar, se compone de dos asertos en cierto sentido contradictorios, pues hay una valoración positiva, por un lado, que reconoce la curiosidad o el interés de la etimología, pero, por otro lado, se declara explícitamente su inutilidad a la hora de ayudarnos a entender el concepto que expresa la palabra en cuestión. La coincidencia resulta significativa, y más aún porque no creemos que Borges haya leído el texto concreto de Agustín donde aparece expresado este juicio. Es cierto que Borges cita a menudo a Agustín[2], pero es siempre a propósito de la refutación de la idea estoica del tiempo cíclico en La Ciudad de Dios: "(...) la idea del tiempo cíclico, que fue refutada por San Agustín en La ciudad de Dios. San Agustín dice con una hermosa metáfora que la cruz de Cristo nos salva del laberinto circular de los estoicos." ("El libro", Borges oral [1979] en OC 4: 165-166). Volviendo al juicio sobre la etimología, el texto de Agustín, que es también una crítica al pensamiento estoico, se encuentra en su obra de juventud titulada De dialectica, escrita en el año 387:

"Nos preguntamos acerca del origen de una palabra cuando nos planteamos de dónde proviene que se diga de tal manera: asunto bastante curioso, en mi opinión, pero menos necesario. No me gustó decir esto que a Cicerón[3] parece merecerle la misma opinión; aunque, ¿quién necesita de una autoridad en un asunto tan evidente? Pero si fuera de mucha utilidad explicar el origen de una palabra, no sería apropiado adentrarse en lo que ciertamente es imposible de alcanzar. ¿Quién hay que pueda justificar por qué se tiene que decir de tal manera lo que nombramos? Ocurre que, al igual que en la interpretación de los sueños, así se declara el origen de una palabra de acuerdo con el ingenio de cada cual."[4]

A continuación, se desarrollan cuatro posibles etimologías para la palabra verbum y se termina concluyendo que con tal de saber lo que significa una palabra no nos importa tanto conocer su origen. En lo que respecta a Borges, si bien las referencias al significado y la etimología de las palabras aparecen en muchos pasajes de su obra, vamos a destacar de momento la prosa que cierra el volumen misceláneo titulado Otras inquisiciones, publicado en 1952[5], y que lleva el título "Sobre los clásicos":

"Escasas disciplinas habrá de mayor interés que la etimología; ello se debe a las imprevisibles transformacio­nes del sentido primitivo de las palabras, a lo largo del tiempo. Dadas tales transformaciones del sentido primitivo de las palabras, que pueden lindar con lo paradójico, de nada o de muy poco nos servirá para la aclaración de un concepto el origen de una palabra." ("Sobre los clásicos", en Otras inquisiciones [1952], OC 2: 150)

El texto continúa con una serie de ejemplos:

"Saber que cálculo, en latín, quiere decir piedrita y que los pitagóricos las usaron antes de la invención de los números, no nos permite dominar los arcanos del álgebra; saber que hipócrita era actor, y persona, máscara, no es un instrumento valioso para el estudio de la ética. Parejamente, para fijar lo que hoy entendemos por clásico, es inútil que este adjetivo descienda del latín classis, flota, que luego tomaría el sentido de orden." (OC 2: 150)

Aun a riesgo de simplificar la cuestión, tanto en Agustín como en Borges puede encontrarse la articulación de un pensamiento etimológico que puede justificar por qué la etimología no es una disciplina necesaria, si bien es interesante:

a. En primer lugar, porque hay una notable distancia entre el origen y el significado actual de las palabras. Es lo que lo que ocurre, por ejemplo, con piscina, cuyo significado real poco tiene que ver con la palabra "pez":

" Cuando se habla de «piscina» en lo referente a los baños, donde no hay rastro de peces, ni tiene nada que nos recuerde a los peces, parece, no obstante, que toma su origen de los peces a causa del agua, que es donde éstos viven. Así pues, la palabra no se transfiere a causa del parecido, sino que se toma debido a cierta contigüidad (...). Esto, sin embargo, demuestra perfectamente -lo que podemos dilucidar ya con tan sólo un ejemplo- la distancia que hay entre el origen y la palabra, la que se toma por contigüidad de aquella que se pone por similitud."[6]

Esta última razón es bastante coincidente con la que esgrime, por su parte, Borges, ya dentro de un contexto moderno de etimología histórica, cuando nos habla de la paradójica transformación del sentido primitivo de las palabras, que es lo que ocurre cuando explicamos el término "clásico" a partir de la palabra latina classis "flota"[7], cerrando una pequeña lista de etimologías paradójicas ("cálculo" significaba "piedrita", "hipócrita" era "actor" y "persona" originariamente era "máscara"). La conciencia de que el significado actual de una palabra sea tan diferente del significado originario lleva a cada uno de nuestros autores a soñar con una forma de lengua perfecta: lo dicibile en Agustín, o una lengua de imágenes de carácter extraverbal, y las lenguas cabalísticas o filosóficas en Borges.

b. En segundo lugar, a pesar de sus paradojas, la etimología es una forma de ver el lenguaje gracias a la interpretación que hacemos de unas palabras a través de otras. Para Borges, esta visión supondrá una "pura contemplación de un lenguaje del alba", al margen de las paradojas que suscite. Sin embargo, Agustín pondrá el énfasis en la variedad de interpretaciones posibles que puede tener una etimología, circunstancia que acerca la actividad etimológica a la hermenéutica de los sueños, como tendremos ocasión de comprobar con la irónica ilustración de las posibles etimologías de la palabra verbum (3). Asimismo, puede verse cómo esta combinación de etimología e interpretación de los sueños nos depara todo un inesperable hallazgo en la ficción borgesiana.

En definitiva, bajo esta compleja interpretación subyace el hecho de que la materia que estudia la etimología, el lenguaje verbal humano, es engañosa, lo que se adscribe claramente a una determinada corriente escéptica de pensamiento lingüístico que tiene su origen en el Crátilo de Platón y llega hasta alguno de los más penetrantes filósofos del lenguaje del siglo XX, como el vienés Ludwig Wittgenstein. El lenguaje, en definitiva, es engañoso como vehículo de conocimiento, pero es fascinante por la posibilidad de juego que nos ofrece, en especial la etimología.






[1] Este trabajo se inserta en el proyecto de investigación PB-98-0794 financiado por la Dirección General de Enseñanza superior del Ministerio de Educación y Cultura. Quiero agradecer a la profesora Barrios Castro su interés en leer una versión previa de este trabajo. Parte de los resultados de esta investigación pueden encontrarse en García Jurado "La etimología..." citado en la bibliografía final.
[2] Así podemos verlo, por ejemplo, en diversos lugares de la obra de Borges, que citaremos por la edición de sus De entre las citas que hemos encontrado de San Agustín destacamos las siguientes: OC 1: 359, 362, 365, 391, 392, OC 2: 92 y OC 4: 201).
[3] Esta referencia es muy interesante, pues en el De natura deorum de Cicerón puede rastrearse ya una parte del juicio sobre la etimología, concretamente, la parte negativa: Cic. N.D. 3,63 magnas molestias suscepit et minime necessarias primus Zeno post Cleanthes deinde Chrysippus.
[4] De origine verbi quaeritur, cum quaeritur unde ita dicatur: res mea sententia nimis curiosa, et minus necessaria. Neque hoc mihi placuit dicere, quod sic Ciceroni quoque idem videtur; quamvis quis egeat auctoritate in re tam perspicua? Quod si omnino multum iuvaret explicare originem verbi, ineptum esset aggredi, quod persequi profecto infinitum est. Quis enim reperire possit, quod quid dictum fuerit, unde ita dictum sit? Huc accedit, quod ut somniorum interpretatio, ita verborum origo pro cuiusque ingenio praedicatur. (Aug. Princ.dial. 6).
[5] Si bien este dato no tiene porqué pasar de la mera esfera de la casualidad, llama la atención que Borges cite también en este libro pasajes del De natura deorum de Cicerón, como N.D. 2, 40-44, en el ensayo titulado "Quevedo" (OC 2: 39) y N.D. 2, 17 en el ensayo titulado "Pascal" (OC 2: 82 n. 1).
[6] (...) cum piscina dicitur in balneis, in qua piscium nihil sit, nihilque piscibus simile habeat, videtur tamen a piscibus dicta propter aquam, ubi piscibus vita est. Ita vocabulum non translatum similitudine, sed quadam vicinitate usurpatum est (...). Illud tamen bene accidit, quod uno exemplo dilucidare iam possumus, quid distet origo verbi, quae de vicinitate arripitur, ab ea quae similitudine ducitur. (Aug. Princ.dial. 6).
[7] También encontramos esta definición etimológica en "La cábala" (Siete noches [1980], OC 3: 267): "Tomemos la palabra clásico. ¿Qué significa etimológicamente? Clásico tiene su etimología en classis: «fragata», «escuadra». Un libro clásico es un libro ordenado, como tiene que estarlo a bordo; shipshape, como se dice en inglés."