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jueves, 31 de diciembre de 2009

LAS FRONTERAS DEL TIEMPO, ENTRE 2009 Y 2010


Que el tiempo no es igual u homogéneo es algo que sabemos, precisamente, desde hace tiempo. Recurrencias o duraciones de mayor o menor alcance van construyendo el tiempo como una materia compleja, sobre todo cuando éste termina siendo parte de nuestra conciencia, que no sería otra cosa más que la propia Historia. El tiempo termina siento en nosotros una abstracción, como la del cuadro de Kandinsky que ilustra este blog. Insisto a menudo en el hecho de que la Historia no es lineal, de que no es una mera cronología. Por ello, cuando advierto las euforias colectivas ante el cambio de año pienso ocioso en lo que realmente implica esto. Como hecho positivo, como parte de la Historia externa, mañana habrán subido de manera generalizada los precios y habrá, ya en el ámbito de las sensaciones, una actitud melancólica que vulgarmente se llama resaca. Los grandes cambios, sin embargo, no vendrán con el cambio de año, sino cuando menos nos enteremos. Incluso ahora, mientras escribo estas líneas, se puede estar produciendo algo en el mundo que cambie nuestra visión de las cosas para siempre. Posiblemente, la conciencia de los cambios es la que marca la experiencia de la Historia, sobre todo en oposición a las recurrencias, las "durées" de mayor o menor extensión de las que tanto sabe el historaidor francés Braudel. Hoy, más bien, celebramos de nuevo una recurrencia, el cambio de año, que en realidad es un falso cambio, pues no deja de ser una esperable recurrencia que ciframos mediante un cambio puramente numérico. Cabe hacer propósitos, pero en realidad ya hemos sembrado casi todo aquello que condicionará el nuevo año. No podemos empezar de cero, afortunadamente. Al cabo de muchos años, cuando ya no pueda importarnos, algún historiador dará color a nuestro tiempo, elevándonos a la condición de precursores de algo que todavía no conocemos o condenándonos a la de simples epígonos.


FRANCISCO GARCÍA JURADO

H.L.G.E.

martes, 29 de diciembre de 2009

COMENZANDO UN NUEVO ENSAYO: LA CIUDAD INVISIBLE DE LOS CLÁSICOS


Cuando emprendemos un nuevo trabajo, bien un ensayo, bien un artículo, entramos en un período de incertidumbre, llenos de ilusión y expectativa, palabra que el diccionario de la Real Academia define como la "esperanza de realizar o conseguir algo". Lo que no sabemos, desde luego, es cuándo pondremos fin a la empresa emprendida. Sin haberme dado cuenta, desde hace al menos cinco años llevo estudiando el concepto de "clásico" aplicado a la literatura en sus diferentes facetas, positivas y peyorativas. El tema ya ha sido abordado por eminentes estudiosos, de entre los cuales destaco, por una cuestión de franca simpatía, el trabajo que Harry Levin, el gran comparatista de Harvard de los años 50 y 60, dedicó al asunto. El trabajo se titula "Contexts of the Classics", y sé que debia haberlo conocido antes, pero tuve noticia de él por casualidad en una librería norteamericana este mismo verano. Levin, como judío norteamericano, se asombra ante la carga fiscal que presenta el término "clásico" aplicado a la literatura, pues de "ciudadano de primer orden", es decir, con una gran solvencia económica, frente al pobre "proletarius" ("el que sólo puede aportar prole") pasa a designar a los autores literarios que resultan también más solventes. Todo esto nos lo cuenta mientras al otro lado del mundo, en la URSS, los historiadores marxistas de la vieja Roma actualizaban el sentido del término "proletarius" a la luz del materialismo dialéctico. La Guerra Fría, por tanto, tuvo también su pequeña traducción al mundo académcio de las humanidades. Por tanto, la decisión de emprender un estudio general sobre el devenir del concepto de clásico, desde su supuesto creador, Aulo Gelio, hasta nuestro más cercano Italo Calvino, ha ido madurando poco a poco y a golpe de lecturas y lecciones. Concretamente tres conferencias impartidas durante 2009, la primera en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra (una reunión de trabajo sobre bilingüismo en el mundo grecolatino), la segunda en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense (el congreso internacional "Ciudades creativas") y la tercera en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad del País Vasco (segundas jornadas sobre "Antiguos y modernos") me han aclarado mucho las ideas para finalmente decidirme a dar el paso. En estas conferencias aprendí mucho, pues tuve que organizar los diversos materiales y, sobre todo, prestar atención a las atinadas preguntas y sugerencias de quienes me escucharon. Poco a poco se fue tendiendo el hilo invisible que ligada a Gelio, autor latino del siglo II de nuestra era, con el conocido autor italiano Italo Calvino, no en vano, creador de un inigualable libro ensayístico titulado "Por qué leer los clásicos". Asimismo, una singular casualidad me animó poderosamente a esta empresa: Gelio pensó fundamentalmente en el comediógrafo Plauto como habitante de la primera clase en una Roma ideal y literaria, e Italo Calvino creó una ciudad invisible donde se representaba a Plauto eternamente. Si en la metáfora urbana de Gelio era Plauto el ciudadano principal, en una de las ciudades invisibles de Calvino, la llamada Melania, era el espíritu del comediógrafo lo que vivía y pervivia.

Este blog ya es parte previa al proceso de redacción del trabajo que voy a emprender. Aquí, en libertad, intento trazar algunas de las claves argumentales que después utilizaré. Espero que dentro de unos meses pueda ofreceros buenas nuevas sobre esta ciudad invisible, que hoy represento aquí mediante una imagen de Harvard tras un cristal.

Francisco García Jurado
H.L.G.E.

domingo, 27 de diciembre de 2009

ITÁLICA Y EL TEATRO QUE NO VIO RODRIGO CARO: PARADOJAS DEL TIEMPO


Hoy domingo hemos visitado las ruinas de Itálica, en el pueblo sevillano de Santiponce. Tras estos días lluviosos hemos podido disfrutar de un día de sol, aunque las ruinas estaban encharcadas. No obstante, esto es preferible al sol ardiente del verano, pues la suave mañana invernal nos ha permitido disfrutar del recorrido sin calor sofocante. En la tienda del museo nos hemos encontrado con un libro singular, precisamente un facsímil del libro titulado “ANTIGVEDADES Y PRINCIPADO DE LA ILVSTRISSIMA CIVDAD DE SEVILLA Y CHOROGRAPHIA DE SV CONVENTO IVRIDICO, O ANTIGVA CHANCILLERIA. DIRIGIDA AL EXCELENTISSIMO SEÑOR Don Gaspar de Guzman, Conde Duque de Sanlucar la Mayor. AVTOR EL D. RODRIGO CARO, AÑO 1634. CON PRIVILEGIO. EN SEVILLA, Por Andres Grande. Impressor de Libros.” El facsímil, de la sevillana editorial Alfar, es de 1998 y reproduce el ejemplar de D. José María Vázquez Soto. El autor de la obra, Rodrigo Caro, contribuyó al mito de las ruinas de Itálica dos siglos antes que los viajeros románticos con un famoso poema que aparece reproducido a la entrada de las excavaciones (“Estos, Fabio ¡ay dolor! que ves ahora, / campos de soledad, mustio collado, / fueron un tiempo Itálica famosa; (...)”. Me ha parecido interesante utilizar este libro para comprobar sobre el terreno qué conocía nuestro polígrafo sevillano sobre Itálica en la primera mitad del siglo XVII. El anfiteatro, uno de los lugares más notables, es descrito de la manera siguiente: “A quedado todavia por reliquias de aquella antigüedad vn Amphiteatro, en Sevilla la vieja (que es vna de la[s] cosas insignes de España.) Del haze memoria Iusto Lipsio en un tratado, que escrivio de Amphiteatro.” (p. 25). En lo que respecta al teatro, dado que fue descubierto en 1937 y no comenzó a ser excavado hasta 1970, nada puede contar de él Rodrigo Caro. Por esta razón, si bien lo normal es que los antiguos autores nos hablen de monumentos que nosotros ya no podemos ver, en este caso las circunstancias se invierten. En la fotografía que me ha hecho María José ya al caer la tarde aparezco representando una sutil paradoja: leo junto al teatro de Itálica el libro de Rodrigo Caro. Él no lo conocía ni pudo verlo. En esa suerte de juego que hacemos los lectores con nuestros autores predilectos, yo leo a Rodrigo Caro imaginando cuánto le hubiera deleitado esta vista que aparece detrás de mí.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.