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sábado, 18 de julio de 2009

DÉJAME QUE RECUERDE: EL BAR CHEERS EN BOSTON


No siempre nuestro pasado personal se ubica donde hemos vivido. Hay lugares, aparentemente desconocidos, que también forman parte de nuestra vida. Esto es lo que sentí ayer cuando visitamos (era viernes por la noche) el Bar Cheers de Boston. Los que tenemos una respetable edad todavía recordarmos que este Bar, medio real, medio imaginario, fue el escenario de una famosa serie de televisión. Era otra época, y los personajes de la genial serie hacían uso de una estética que hoy nos parece pasadísima de moda, como cabellos cardados o tupés desmedidos. Yo veía aquella serie cuando vivía en casa de mis padres, cuando aún estaba mi padre en este mundo, y jugaba a imaginar que el famoso bar estaba cerca de nuestra casa, precisamente en una cafetería a la que íbamos a desayunar los sábados. Para mí entonces Boston sólo era una ciudad literaria, relacionada con Henry James, los transcendentalistas y ese gran autor maldito llamado Edgar Allan Poe. No sabía que Cheers estaba situado en una de las zonas más históricas de Boston, precisamente en Beacon Street, frente al llamado Common, un extraordinario parque que a mí me recuerda, salvadas las distancias, un poco a la Plaza de España de Madrid. En fin, qué emoción sentimos al llegar a Cheers para tomarnos la inevitable jarra de cerveza Lager (para los entendidos, una Samuel Adams, que es una cerveza bostoniana riquísima). A Cheers, al igual que en la serie, se baja descendiendo por una escalera. Pero la sorpresa, al entrar, es que el bar es mucho más pequeño que el que se podía ver en la serie. Da la impresión de que la barra se ha reducido a la mitad. Luego te enteras de que aquí no se rodó realmente Cheers. El bar real sólo sirvió para inspirar el otro bar televisivo y únicamente los exteriores se utilizaron para algunas tomas. Hay ahora en Boston una réplica del bar de Cheers, tal como era en la serie. El bar real cambió, como ya dije, su nombre incluso. Algo parecido pasó con la Normandía de Proust, una de cuyas ciudades pasó a llamarse en un momento determinado como el autor la había rebautizado en su Recherche. En fin, qué bonito juego con la realidad y la fantasía, sobre todo cuando ésta se impone a la mera realidad. En Cheers, en esa mezcla de realidad y ficción, nos tomamos una sabrosa Lager, como ya he dicho, y pensé en los tiempos pasados, en aquella cafetería cercana a mi casa, la de mis padres, a la que jamás volvimos cuando mi padre murió. Allí terminó un tiempo que ahora recupero por algunos instantes. Y es que "volvemos" a Cheers, en una suerte de tiempo suspendido en el espacio, en la distancia extraña de tener un océano de por medio y de vivir con una diferencia horaria que hace que mis noches sean el día de los otros. Creo que mi padre y Henry James sonrieron desde el fondo de un espejo.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.

lunes, 13 de julio de 2009

MODERNO REGRESO A UN VIEJO CONFLICTO: PAGANOS FRENTE A CRISTIANOS


Estos días están pasando muy deprisa en el Real Colegio Harvard-Complutense. Es un lugar ejemplar, verdadero y eficiente puente entre la Universidad Complutense y la de Harvard. El hebraísta Ángel Sáenz Badillos dirige esta nave con inteligencia y politeness. Aquí es, pues, donde desarrollo mi trabajo dentro del grupo de investigación que dirige la doctora Mercedes López Salvá (RESEARCH GROUP ON EARLY CHRISTIANITY) dedicado a estudiar un apasionante tema: CONFLICT AND COEXISTENCE IN ANCIENT CHRISTIANITY: RHETORIC STRATEGIES AND CONCEPTUAL DEBATES. Para mí, en particular, ésta ha sido una oportunidad de oro no sólo para poder estar aquí disfrutando de Harvard, sino para abordar un tema de alcance historiográfico que venía rondando en mi cabeza desde hace tiempo: la lectura moderna de ese conflicto a partir, precisamente, de la construcción de la idea de Literatura latina cristiana en tiempos modernos. Conviene recordar, como apunta uno de nuestros grandes maestros de la Historiografía literaria, el profesor José Carlos Mainer, que un concepto como "Literatura española" obedece a una elaboración mental bastante compleja que no está en el mismo nivel de ideas tales como "un jarrón gris" o "una manzana roja". Para que alguien, en un momento determinado, haya podido llevar a cabo lo que constituye una abstracción tal como "Literatura española" han tenido que darse diversas circunstancias históricas. Me atrevo yo mismo a apuntar que, entre otras cirscunstancias, ha tenido que crearse previamente el concepto de "Litetura latina" en Alemania, y que es este concepto, precisamente, el que le ha servido de modelo. Aunque nos parezca lo mismo, hablar de "autores latinos" no es equivalente a hablar de "literatura latina". El segundo uso supone una abstracción con respecto al primero (una mera agrupación de autores a partir de un criterio lingüístico). Pero saltar conceptualmente de los "autores latinos" a la "literatura latina" implica que ya no partimos de una mera suma de autores, sino de una perspectiva global, holística, que implica que un hecho quizá circunstancial, como escribir en lengua latina, se convierta en un argumento esencial para el estudio literario. Es como cuando saltamos de términos como "ciudadanos" a abstracciones como "ciudadanía": el concepto abstracto no es exactamente la suma de los miembros, sino el todo que confiere a esos miembros su lugar de ser. Observar, precisamente, cómo nace, a partir del concepto de Literatura latina (romana) el más específico de "Literatura latina cristiana" es una tarea tan apasionante, desde el punto de vista de la historia semántica, como complicada. Algunos parámetros esenciales para su estudio consisten en ver las relaciones que esa novedosa formulación (debida a los autores alemanes de la primera mitad del siglo XIX) mantiene con la más tradicional de Patrología (del siglo XVII). Asimismo, es muy interesante observar cómo la paulatina construcción de una Historia de la Literatura latina cristiana tiene que vérselas con su posición interna dentro otros dos grandes grupos: el de la Literatura latina por un lado, y el de la Literatura medieval, por otro. Entre estos dos grandes gigantes historiográficos irá poco a poco encontrando su propio lugar de ser en el panorama académico, ya fundamentalmente a comienzos del siglo XX. En otro momento hablaré de las cuestiones estéticas e ideológicas que rodearon su configuración como un estudio no dogmático, independiente de la Teología, pero no por ello libre de otras caracterizaciones.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.

domingo, 12 de julio de 2009

FELICES TRES VECES Y MÁS: HORACIO EN HARVARD


La zona más antigua de la Universidad de Harvard es la que se conoce como Harvard Yard. Es un lugar delimitado y tranquilo que contrasta ciertamente con el bullicio de Harvard Square, llena de tiendas y otros servicios. Dentro de Harvard Yard podemos encontrar algo así como dos grandes parques rectangulares en torno a los cuales se reparten los venerables edificios. Uno es el Old Harvard Yard, el lugar fundacional de la universidad, en 1636, y el otro, más reciente, es lo que se conoce como el Tercentenary Theater, que es donde está, entre otros edificios, la famosa biblioteca Widener. Precisamente, paseando alrededor de Harvard Yard por la Massachusetts Avenue, ya casi llegando a Harvard Square, encontré dos puertas de entrada simétricas y coronadas cada una por dos versos en latín. En la puerta de la izquierda se podía leer lo siguiente:
Felices ter et amplius,quos inrupta tenet copula nec malis
Una traducción de urgencia nos permite entender: “Felices tres y más veces aquellos a los que una unión no rota mantiene ligados y no con malos...”. Falta texto para entender el sentido completo, que rápidamente encontramos encima de la puerta de la derecha:
divulsus querimoniis supreme citius solvet amor die.
El texto siguiente nos permite ver que el “malis” anterior debe unirse a la palabra “querimoniis”: “... (y) su amor, desgarrado (por malos) lamentos, no se disolverá antes de que llegue el día final”. Los buenos estudiantes de latín de otro tiempo habrían reconocido rápidamente que se trata de los versos 17-20 de la famosa Oda 13 del libro I de Horacio, el poema que ensalza la unión duradera y que tanto se han releído y traducido a lo largo del tiempo. Entiendo que a las puertas de Harvard tales versos pueden hablarnos sobre la propia unión de los estudiantes con su propia universidad. Los turistas hoy día apenas reparan en estas cosas. Sí he visto que en Harvard estos versos se siguen recordando, y se habla de ellos incluso en libros recientes que sirven para explicar la universidad. El otro día, por cierto, encontré a un señor intentando leerlos, y me atreví a decirle que eran versos de Horacio, del poeta latino. No podéis imaginaros la cara de espanto que puso.
Felices tres veces y más veces son aquellos
a los que mantiene una sólida unión, ni su amor,
arruinado por malos lamentos,
se disolverá antes del día final.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.