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sábado, 12 de julio de 2008

UNA FORMA DE VOLVER A PRAGA: AL ENCUENTRO CON EL DOBLE


Algunos sabéis que estos días hemos estado en Praga. La elección de la ciudad ha venido motivada por motivos varios, pues nunca es una sola la razón. En todo caso, para mí, que jamás había estado en esta bonita ciudad, ha sido una forma de volver.

Hace ya unos años di con la preciosa novela titulada El Gólem, escrita por un raro autor llamado Gustav Meyrink. Fue gracias a la Biblioteca Personal Jorge Luis Borges, publicada en los años 80 del pasado siglo XX, por lo que pude conocer esta curiosa e interesante novela que también inspiró una pelicula muda.

Meyrink recrea de manera onírica la atmósfera mágica y, a la vez, asfixiante, del ghetto de Praga. Cuenta, de una manera bien original, la historia de la creación del Gólem, el pequeño hombre de barro que se dice creó el rabino Löw (una especie de héroe del ghetto), pero que, al igual que ocurrió con Frankenstein, terminó siendo un problema para su creador. El rabino existió realmente y he podido fotografiarme (gentileza de María José), como podéis ver, junto a su tumba, que está en el viejo cementerio judío del ghetto.

La historia de Meyrink divaga entre el ensueño y la pesadilla, convirtiendo al Gólem en un alter ego del protagonista de la historia. Dos mujeres son fundamentales, asimismo, para el desarrollo del libro. Se trata de Angelina y Miriam, que encarnan, respectivamente, la mujer fatal y el ánima (en términos Jung). El Gólem viste harapos que representan, desde el punto de vista del pensamiento esotérico, las heridas del alma.

Con estos recuerdos he ido, casi he vuelto a Praga. He buscado la historia en sus lugares, una historia que conté a mi padre estando muy enfermo ya, para entretenerle antes de una prueba clínica.

Naturalmente, la zona donde estuvo el ghetto de Praga ya apenas tiene que ver con el lugar que describe Meyrink y las viejas leyendas. Es un lugar saneado y bien urbanizado, donde se han conservado como pruebas arqueológicas algunas sinagogas, en especial, la llamada Vieja-Nueva, y el cementerio.

He buscado muchas cosas en este cementerio, todavía, en julio, no invadido por completo de turistas. En realidad, era lo que buscaba especialmente en Praga, y no me ha defraudado.

Encontré, por cierto, una suerte de sabor plautino en la obra de Meyrink, me refiero al tema de Anfitrión, que en algún lugar desarrollé con cierta amplitud.


Francisco García Jurado

HLGE