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viernes, 5 de diciembre de 2008

UN EPISODIO DE LA GUERRA DE LAS GALIAS


El último libro que la editorial Siruela dedica a la poesía completa de Juan Eduardo Cirlot, "Del no mundo. Poesía (1961-1973)", incluye un intenso poema que tiene como lectura interior La Guerra de las Galias de César. Este es el poema:


Un episodio de la Guerra de las Galias


César no me miró, pero me dijo:
empezarás la lucha por el frente
con sólo una legión y sin jinetes
ni fuerzas auxiliares que te apoyen,
pues debes soportar el principal
ataque.
Todas las demás fuerzas cercarán,
dejando largo tiempo, al enemigo
que así se supondrá con la victoria.
Tienes que resistir y decidir
el foco del combate general.
Ve, anda.
La décima legión fue dispersándose.
Avanzan espaciadas las cohortes.
Voy al lado del águila y a pie.
La herida me duele todavía,
pero el sonido sordo de las armas
me alienta.
Los galos se aproximan por los valles
bajo el cielo brumoso. Ya comienzan
sus gritos a poblar las lontananzas.
Y sus masas de pieles y metales
forman un gran triángulo confuso
que tiembla.
Después de la batalla recogieron,
entre los hierros rotos y los otros
muertos rojos y blancos, por la noche,
mi cuerpo despojado y lo llevaron
a la pira que espera a los difuntos
legados.
Yo vi cómo las fuerzas se reunían
tras la victoria lenta y perseguida.
Me vi lleno de heridas y de muerte.
Lleno de soledad y de silencio.
Seguía junto al águila, muy lejos.
(Poema inédito. Sin fecha)

miércoles, 3 de diciembre de 2008

DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL... Y NUESTRO GRUPO


Un proyecto ciclópeo, quizá, pero necesario. El Diccionario Biográfico Español, del que es resonsable la Real Academia de la Historia, ya es una realidad. Cuando supe de su existencia surgieron en mí preguntas e inquietudes. En cierto momento tuve la curiosidad de saber quién estaría haciendo la biografía de mi admirado Alfredo Adolfo Camús, así que llamé por teléfono a una persona responsable del gran proyecto. Entre mis esperanzas estaba la posibilidad de que nadie lo hubiera asumido. Me contestaron con mucha amabilidad desde la academia, lamentando que ya había alguien que tenía asignada esta biografía. Sin embargo, no pude reprimir mi curiosidad por saber quién sería la persona elegida. La sorpresa fue grande cuando dijeron, precisamente, mi nombre. Así que la historia se cerró en un perfecto círculo. Después, algunos de mis compañeros del grupo de Historiografía también recibieron encargos, ya que la Academia precisaba de especialistas y nos pidió colaboraciones. Una pequeña historia de colaboración en un gran proyecto. Hpy, tres de noviembre de 2008, los datos más básicos de cada biografía, como el lugar de nacimiento o el año, se han volvado en internet. Voy a reproducir la noticia tal como aparece en el diario El PAÍS:

Un 'quién es quién' digital de la historia de España
La Academia cuelga en su 'web' un aperitivo de su 'Diccionario biográfico'
RAFAEL FRAGUAS - Madrid - 03/12/2008


Estar o no estar. Tal será el dilema. Los datos biográficos básicos de hasta 40.000 personalidades decisivas de la historia de España, desde la antigüedad hasta nuestros días, son desde ayer accesibles en la Red. Nombre y apellidos; seudónimo o título nobiliario si lo tuvo o tiene; lugar y fecha de nacimiento... Los datos, a los que se accede en www.rah.es/cdeb.htm, han sido contrastados uno a uno documentalmente, según explicó ayer Gonzalo Anes, presidente de la Real Academia de la Historia, durante la presentación del proyecto en la sede madrileña de la institución.
Se trata de un aperitivo brindado por el Centro Digital de Estudios Biográficos y vinculado al más querido proyecto de la Academia: el Diccionario biográfico español, financiado por el Ministerio de Industria y Comercio. Con esta iniciativa digital se adelanta a los usuarios de la Red parte de la información (la más básica) que contendrá -una vez volcado en formato libro- el proyecto acariciado ya en el siglo XVIII por esta institución centenaria: la edición de un compendio con las biografías de los principales hombres y mujeres de la historia de España.
Tras nueve años de trabajo, un equipo comandado por el filólogo Jaime Olmedo y distribuido entre 12 comisiones, desde arqueología hasta ciencias políticas, económicas y sociales, acaba de concluir el diccionario, con 40.000 voces correspondientes a otras tantas personalidades.
El texto, en cuya construcción han participado más de 5.000 redactores de distintas disciplinas, entre ellos los propios académicos -que también figuran como biografiados, admitió Gonzalo Anes-, está finalizado. La obra en su conjunto ocupará un total de 55 tomos, de unas 850 páginas cada uno, y su publicación se prolongará, al menos, durante dos años y medio.
Pero ¿quiénes son merecedores del honor de figurar en sus páginas? El criterio de los académicos de España y de las Reales Academias de Iberoamérica es el que ha fijado la lista. Los más notables ocuparán unas ocho páginas, y los de menor significación, tan sólo media. Precisamente, los criterios de selección componen el aspecto más opinable de todo el proyecto.
Durante la presentación del centro digital, los asistentes pudieron hojear dos tomos recién editados con las primeras biografías. La sorpresa fue mayúscula cuando se cayó en la cuenta de que entre los biografiados no se encontraba Rafael Alberti. Inmediatamente fuentes del Centro Digital de Estudios Biográficos explicaron que se trataba tan sólo de una maqueta de edición, no del tomo en sí.
Según Jaime Olmedo, entre las biografías se han incluido todas las de quienes fueron ministras o ministros de España entre 1805 y nuestros días. Zapatero y Rajoy figuran, por descontado, en sus páginas. Las voces del Diccionario biográfico español corresponden en su mayoría a personas nacidas antes de 1950; los Príncipes de Asturias, el presidente del Gobierno y Mariano Rajoy son algunas excepciones. Políticos, científicos, intelectuales, artistas como Lola Flores, Sara Montiel o Julio Iglesias, así como personalidades de la economía e incluso bufones, amantes célebres y regicidas, como Mateo Morral, recorren las páginas del diccionario.
Entre los integrantes de las 12 comisiones coordinadoras de la redacción se ha dado la paridad de género. No así en los contenidos. "No podemos reinventar el pasado", se lamentaba Gonzalo Anes.
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martes, 2 de diciembre de 2008

EL MADRID DE JUAN RAMÓN


Un artículo de Francisco Umbral en el suplemento cultural del diario El Mundo abrió mi imaginación al hermoso paisaje de la Calle Pinar de Madrid, en particular la vista de los jardines de la Residencia de Estudiantes. Hace casi siete años de la publicación de aquel artículo que leí y perdí físicamente, pero que no se desvaneció, no, en mi memoria. Cuántas veces lo he evocado, sin querer acudir a la hemeroteca para saber si mi recuerdo se correspondía con las palabras de Umbral. Sé que obtuve alguna imagen indeleble de aquella lectura intensa, como la de los tranvías en la distancia, verdaderos símbolos de un Madrid moderno y europeo. Cada vez que vuelvo a la Residencia evoco este artículo que la magia de google permite ahora reproducir, hacer mío, en el blog que estáis leyendo. También, durante este tiempo, hay que felicitarse por la edición de los escritos de Juan Ramón sobre Madrid, o la Guía del Madrid de Juan Ramón que ha publicado en 2007 Rocío Fernández Berrocal (Consejería de Educación. Comunidad de Madrid, 2007), reseñada con tanto buen hacer por mi colega Santos Domínguez en http://encuentrosconlasletras.blogspot.com/2008/06/el-madrid-de-juan-ramn-jimnez.html.

Pero ahora, de momento, es tiempo de la palabra de Umbral, por quien intuí a Baudelaire cuando apenas era un niño, y de intentar entrever con la imaginación el paisaje madrileño que recorreremos la semana que viene:




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Martes, 2 de Diciembre 2008 / Publicado el 19/12/2001
LETRAS : Por el camino de Umbral
El Madrid de Juan Ramón

Juan Ramón era un ciudadano de gris inglés que soñaba una ciudad delineada en torno a silenciosos enjambres de poetas. Era un sueño paralelo al de la República, o sea la República traducida por un poeta, con palomas y funcionarios, con artistas y premios Nobel.
“Reclinados sobre la baranda de piedra de la Plaza de la Armería, negro el arco contra el cielo carminoso que el arco corta y eterniza...”. Juan Ramón Jiménez escribió mucho sobre Madrid, casi todo ello en prosa, y ahora se edita el título Libros de Madrid, que han hecho López Bretones y Sánchez Robayna, con más de un centenar de textos inéditos. Son frecuentes y entrañables estas ediciones azarosas de JRJ, pero nos preguntamos por qué no se da a nuestro mayor poeta del siglo XX en una edición total de varios tomos, con el debido acompañamiento académico, aunque él no era hombre de academias.Hay por lo menos dos Madrid en los que va descubriendo el poeta. En su primera venida a la capital, instado por Rubén Darío, descubre el Madrid clamoroso y sucio de Jacometrezzo, por donde había fatalizado Ganivet en un eterno carnaval, y adonde le meten Rubén Darío y Valle-Inclán en plena orgía modernista. Es de donde él iba a obtener sus caricaturas líricas sobre vivos y muertos, es decir Españoles de tres mundos, libro y género singular que el poeta debiera haber cultivado más por la riqueza y originalidad con que se produce retratando literariamente a lo mejor de la literatura española. Hay otro Madrid, el de los años 20, la Residencia de Estudiantes y todo aquel mundo de la cultura, la ciencia y la amistad inteligente, por donde pasaron desde Luis Buñuel a Severo Ochoa. Este Madrid definitivo y norteño es el que gusta a Juan Ramón. Le gusta tanto que se lo inventa. Gente bien planchada, colina de los chopos, Madrid posible e imposible, altos del Hipódromo, etc. El inglés de referencias que hay también en Juan Ramón se complace en pasear e imaginar una ciudad que pronto sería la de los Nuevos Ministerios, ideados por don Manuel Azaña, es decir, mucha geometría, mucho arbolado, mucho silencio y algún tranvía perdido agitando su cascabel de calderilla, todavía con algo de tranvía de mulas y con algo de organillo, pero ya todo eléctrico y moderno.Aquí es donde se encuentra a gusto el poeta, aparte sus retiros a los sanatorios de los amigos, donde a veces le visita gente tan rara como Valle-Inclán. Y qué bien se entendían el dandy bohemiazo y el señorito andaluz recién lavado. Aquí es adonde vienen a verle quienes pronto serán la generación del 27 y donde el andaluz sueña un Madrid europeo, limpio, tranquilo como una inmensa ciudad universitaria por la que él pueda pasear pensando versos definitivos indefinidamente. Estaba ya ahí la dictadura de Primo y no digamos la guerra civil, pero el poeta hacía como que no se enteraba y seguía con sus sueños cívicos y líricos. Hay un mendigo que le mira detrás de los árboles, que le espía desde su hambre, y el poeta llega a tener miedo. Es un fleco de la revolución que ya se alarga hasta allí.En la obra de JRJ se va produciendo, en esta paz, el tránsito del lirismo acumulado de Moguer al sentimiendo depurado y lacónico de lo esencial. Aquí se anticipa el Diario de poeta y de mar, aquí está naciendo una gran poesía europea y madrileña entre las arpas de los chopos y los soles de la colina. Hoy todo eso es un aparcamiento de coches. Porque Juan Ramón no trabajó en vano ni ociosamente cuando trabajó tanto, sino que, jardinero de sus profusos jardines interiores, tuvo que ir echando fuera toda la maleza modernista para quedarse cada día más puro, más silencioso, más lacónico, como ya hemos dicho, con un laconismo lírico que le fortalece y le acuña.Luego, mucho más tarde, en la vejez, vendría la totalidad arrolladora de Espacio, que le pone en las alturas de Eliot, como cuando las montañas se comunican por la cumbre, según dijera Nietzsche. Pero a la madurez tranquila, la piedra inalterable, la dureza sensible, pertenecen aquellos años madrileños de su gran poesía que, por añadidura, vendría a dar, como ya hemos dicho, toda una destellante generación. Entre Moguer y Nueva York, éste es el Juan Ramón que más leemos, el ciudadano de gris inglés que soñaba una ciudad delineada en torno a silenciosos enjambres de poetas. Era un sueño paralelo al de la República, o sea la República traducida por un poeta, con palomas y funcionarios, con artistas y premios Nobel.Ya sabemos cómo acabó todo aquello, pero en cada una de las casas donde vivió Juan Ramón había un proyecto logrado de amor y poesía cada día. Todavía sabe uno encontrar la colina de los chopos, el Madrid posible e imposible en algunas tardes en que el otoño acuña oro, en que la primavera es un palomar cubista donde alguien está encerrado recitando al poeta. Las llaves las tiene mi querido Pepe Velasco.
UMBRAL, Francisco
Contenidos © Copyright EL CULTURAL. Prensa Europea del Siglo XXI, S.A. Distribuido en su edición papel por el diario El MUNDO www.elcultural.es. Editado por El Cultural Electrónico, S.L. Inscrito en la AEPD con el número 2051720568

lunes, 1 de diciembre de 2008

PÉREZ GALDÓS EN SU CASA DE LAS PALMAS


El sábado pasado María José y yo visitamos la casa-museo de Pérez Galdós, situada en el antiguo barrio de Triana, en las Palmas de Gran Canaria. Nos acompañó en el recorrido una guía de origen checo, persona muy simpática y despierta. Dado que sólo estábamos en la visita nosotros, tuvimos ocasión de comentar muchas cosas. La verdad es que llevaba mucho tiempo deseando visitar esta casa. Desde que compré, con trece años, el primer fascículo de los Episodios Nacionales, de la editorial Orbis, tenía ganas de ver in situ lo que me sugería una reproducción del despacho de Galdós que aparecía en la introducción a la obra. Luego fui sabiendo de más cosas, como que los muebles que contenían los libros estaban diseñados por el propio escritor. Cuando me adentré en la relación entre Galdós y su profesor de Literatura Latina, Alfredo Adolfo Camús, tuve la oportunidad de conocer una faceta poco exporada de los estudios galdosianos. Galdós ya sabría probablemente, en Canarias, de la existencia de ese eminente maestro a quien luego guardó un cariño singular. Probablemente leyó en su casa el Compendio de Historia Universal de Camús, donde pudo tener un singular acercamiento a una concepción liberal de la Historia. También leyó en Canarias el Elogio de la Locura de Erasmo de Rotterdam, autor con el que volvería a reencontrarse al cabo del tiempo gracias a su maestro. He visitado la casa recordando todas estas cosas, y quise dejar por escrito este recuerdo, en el libro de visitas. Expresar nuestro cariñoso recuerdo por los maestros es algo fundamental, pues, nos sitúa en la historia.


Escribo estas cosas en el vestíbulo del Hotel Meliá Las Palmas. El barrio de Triana queda lejos de aquí, pero la casa de Galdós ahora está más cerca de mí.






Francisco García Jurado