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viernes, 22 de mayo de 2009

GAUDEAMUS, PERO CUÁNTA BUROCRACIA


Por razones técnicas e imperiosas hoy me he visto obligado a dar por terminadas mis clases en la facultad durante este años académico. En verdad sólo me quedaban dos clases más la semana que viene, ya recuperadas de antemano, pero tengo que partir el martes hacia Baeza y permanecer allí el resto de semana. Hoy hemos seguido comentando un texto de Ovidio, precisamente la historia de Piramo y Tisbe, que tanta inspiración ha deparado a la literatura, y cuya recreación más famosa es el Romeo y Julieta de Shakespeare. Llevo dando clase en la Universidad Complutense desde el curso 1993-1994. He visto cómo han ido cambiando planes de estudio casi tan rápido como los propios alumnos. No puedo decir exactamente que haya perdido ilusión por la vocación docente, lo que ocurre es que cada vez me gusta menos lo que la rodea, en especial la burocracia, que crece como la espuma. Naturalmente razones habrá para este crecimiento exponencial de los papeles, y no voy a entrar en una discusión escolástica acerca de su necesidad. Expreso, sobre todo, una sensación, probablemente motivada por una edad en la que ya no me creo las cosas con tanta alegría como antes. Pienso ahora en el Centro de Estudios Históricos, cuya voluntad no-burocrática es en buena medida una característica definitoria del mismo. Malgastar tiempo de calidad, aprovechable para nuestros alumnos o para la propia investigación, es algo que ocurre a menudo ante la proliferación de reuniones y comisiones académicas interminables. Todo esto lo cuento desde la provisionalidad y lo subjetivo. Algo de razón tendré. Para terminar con buen sabor de boca, os regalo esta instantánea de la preciosa puesta de sol sevillana que estoy viendo mientras escrito este texto.


Francisco García Juardo
H.L.G.E.