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miércoles, 17 de diciembre de 2008

LITERATURA BURGUESA MODERNA Y HUMANISMO CLÁSICO


Como prometí hace unos días, voy a seguir indagando en alguna de las circunstancias de la novela Rosa Krüger, de Sánchez Mazas. Es una obra a la que dediqué cierta atención hace unos años dentro del marco de lo que denomino la relación entre la literatura burguesa moderna y el humanismo clásico. La literatura burguesa moderna, encuadrable desde el punto de vista histórico entre Goethe, que marca su inicio, y Thomas Mann, que supondría su final, se mueve entre dos grandes sucesos externos: la Revolución Francesa y la II Guerra Mundial. Es un largo período de la cultura europea, donde se crea una literatura específica, propia de una clase social emergente, que todavía entiende la cultura europea como una categoría legítima para poder entender el resto de realidades. Esta situación terminará tras la II Guerra Mundial, debido al auge de los poscolonialismos. En todo caso, hoy quería centrarme en la especial relación que encontré entre la novela se Sánchez Mazas, buen exponente de este tipo de literatura, y Goethe, como precursor.




En 1936, Rafael Sánchez Mazas (1894-1966), padre de Rafael Sánchez Ferlosio, comienza la redacción de su novela Rosa Krüger "estando refugiado en la embajada de Chile en Madrid, para distraerse y distraer a sus compañeros de cautiverio, que esperaban todas la noches con impaciencia la hora en que venía a leerles los capítulos que iba escribiendo como una novela por entregas", en palabras de Liliana Ferlosio. La novela quedó inacabada y sin publicar, a pesar de su extraordinaria calidad literaria. En 1984, la editorial madrileña Trieste la publicó finalmente, gracias, entre otros, a Andrés Trapiello, buen conocedor de las especiales circunstancias de la novela[1]. En 1996, una editorial catalana, Ediciones del Bronce, vuelve a publicarla[2]. Rafael Sánchez Mazas, ha sido considerado en alguna ocasión como "un aristócrata de la literatura"[3], pues aún en sus años de mayor gloria jamás mostró interés alguno por publicar la que puede ser sin lugar a dudas su mejor novela. Se trata de una novela alegórica en la que el protagonista, Teodoro, realiza un largo viaje por Europa en busca de una mujer a la que ha visto tan sólo unos momentos en una estación de ferrocarril. A su vez, como si de una sucesión de grados de iniciación se tratara, tiene relación con otras tres mujeres: Coloma, su hermana, o "la invitación trágica y embriagadora a un pecado infame"; Ángela, su esposa, o "el pecado latente bajo las apariencias de virtud", y Persephone (sic), quien "bajo la invitación malsana al pecado (...), acababa por ser la renuncia al pecado y el arrepentimiento" (R.K., p.234). La obra, una elegía dedicada al heroísmo del hombre de bien, es muy rica en fabulaciones, por lo general tomadas de Homero, y está imbuida de un profundo catalanismo del Val d'Arán. Dentro de una concepción tradicionalista que luego desarrollará, asimismo, en su novela La vida nueva de Pedrito de Andía, la mitología clásica es considerada como substrato de la religión cristiana (R.K., pp.86-87; 89-90) y el estilo narrativo se nutre de diversas fuentes literarias que van desde Homero, Dante, Petrarca, hasta autores como Goethe y Proust. Singularmente, se deja sentir la influencia de la "novela de aprendizaje", en este caso simbolizada en Aquiles y Quirón (R.K., p.303). No obstante, en el crisol de improntas estéticas y literarias que se dan cita en la novela de Sánchez Mazas, especialmente el modernismo y la novela erótica de comienzos del siglo XX[4], hay una obra precedente no señalada aún por la crítica que nos parece fundamental, ya que, en buena medida, puede estar configurando la propia estructura de la novela. Se trata de Hermann y Dorotea[5] de J. W. Goethe, peculiar muestra de lo que el autor alemán quiso que llegara a ser un nuevo género en el que el ciudadano burgués fuera una transposición del antiguo héroe épico. Se trata de una pequeña obra que tuvo gran celebridad también en España[6]. El libro se divide en nueve cantos, cada uno dedicado a una musa, y su estilo trata de imitar el hexámetro de la épica homérica. El poema pretende dar un sentido a la historia y a la vida humana tras las consecuencias devastadoras de la Revolución Francesa de 1789 mediante la interpretación trascendente de los ecos clásicos, entendidos éstos como una clave para poder comprender los acontecimientos futuros. A ello se suma, además, un “idilio burgués” de marcado carácter pastoril que permite establecer una singular asociación entre la tradición clásica y el amor universal[7]. Dado este planteamiento, tenemos un esquema argumental muy sencillo: Hermann, el joven protagonista, se enamora de una bella joven que huye entre los desgraciados ciudadanos que se han visto obligados a dejar sus casas a causa de la invasión francesa. Nuestro protagonista logra el consentimiento de sus padres para ir a buscar a esta joven, llamada Dorotea, que terminará siendo su esposa.
Junto a las diferencias evidentes entre la "épica popular" de Goethe y la "novela alegórica" de Rafael Sánchez Mazas, hay una serie de paralelos estructurales y temáticos que nos han hecho pensar en la impronta precursora que la obra del autor alemán pudo tener en esta novela inédita hasta muchos años después de que fuera escrita. Al tiempo, el carácter ideológico que a todas luces presenta el uso del humanismo clásico como garante de un orden en crisis en cada una de las obras, escritas en dos circunstancias históricas extremas (la Revolución Francesa en una, y la Guerra Civil española en otra), da lugar a una fructífera reflexión acerca de la función que la presencia de las literaturas clásicas tiene en las postrimerías de la novela burguesa moderna. Sánchez Mazas, al margen de sus ideas falangistas, puede ser un buen ejemplo de este género que todavía es capaz de manifestar las categorías de su propia cultura en calidad de categorías universales, y del que Thomas Mann será, probablemente, el broche de oro. Es sorprendente observar cómo H.D. de Goethe mantiene una serie de notables rasgos en común con la obra de Sánchez Mazas, lo que podría invitarnos a ver en ella no sólo una de las posibles fuentes de R.K., sino, probablemente, una auténtica obra precursora[8].



[1] La edición, muy cuidada, aún puede encontarse en librerías de viejo. Hay en la anteportada una foto de Rafael Sánchez Mazas leyendo Rosa Krüger en la embajada de Chile en el año 1937. Precisamente, durante los días en que comenzamos a preparar este trabajo, volvieron a salir a la luz los tres cuadernos de memorias de Manuel Azaña que le fueron robados en 1937. Andrés Trapiello nos recordaba en un emotivo artículo titulado "El juguete averiado" (EL PAÍS 23-I-1997) cómo Azaña intentó recuperar sus diarios robados a cambio de entregar a Rafael Sánchez Mazas, que había caído preso cuando intentaba huir de España.
[2] Rafael Sánchez Mazas, Rosa Krüger, Barcelona, Cuadernos del Bronce, 1996. Ésta será la edición por la que citaremos. A partir de ahora, nos referiremos a la novela como R.K.


[3] El escritor catalán Joan Perucho nos refiere así las circunstancias de la publicación póstuma de esta novela: "Menosprecia la publicación de sus libros (sc. Sánchez Mazas), hasta el punto de que su mejor novela -Rosa Krüger- estuvo abandonada en un cajón de su mesa de trabajo hasta que Andrés Trapiello la descubrió 50 años después de haberla escrito. Entonces, es verdad, intervinimos Pere Gimferrer, Carlos Pujol y yo" (Joan Perucho, Los jardines de la melancolía. Memorias, Valencia, Pre-Textos, 1993, pp.159-160).
[4] A este respecto, resulta imprescindible el estudio de Luis Gómez Canseco, “El hombre inocente. Arquetipos y estructura míticas en dos novelas de Rafael Sánchez Mazas”, Exemplaria 1, 1997, pp. 111-136.
[5] Citaremos por la siguiente edición española: J.W.Goethe, Hermann y Dorotea. Reineke el zorro. Introducción de José Miguel Mínguez Sender. Traducción de Rafael Ballester, Barcelona, Bruguera, 19842 (a partir de ahora citaremos como H.D.). Es, asimismo, destacable, la traducción de Alfredo Gallant.
[6] La popularidad de esta obrita en España puede apreciarse en las varias ediciones que tuvo desde finales del siglo XIX a la primera mitad del siglo XX. Es significativo que cuando Manuel García Morente enumera en su conocido discurso sobre “Goethe y el mundo hispánico” (Revista de Occidente, nº CVI, Abril de 1932, p. 134) las traducciones de las principales obras de Goethe al castellano y al catalán coloque en segundo lugar, tras el Werther, la obra de Hermann y Dorotea, por delante de Fausto y las Elegías Romanas.
[7] Cf. Francisco García Jurado, “Homero y Virgilio desde la literatura burguesa moderna: entre «Hermann y Dorotea», de J. W. Goethe, y «La montaña mágica», de Th. Mann”, Cuadernos del Sur. Letras 31, 2001, pp. 37-55.
[8] Al hablar de “obra precursora” nos referimos a una interesante concepción borgiana de la literatura que consiste en observar cómo ciertas obras cumplen la función de realzar los textos anteriores, como podemos ver en su ensayo titulado “Kafka y sus precursores”, que comenta de la siguiente manera Tania Franco Carvahal (Literatura Comparada, Buenos Aires, Corregidor, 1996, p.92): “Como se ve, para Borges, es el texto de Kafka el que realza al texto anterior y le da sentido. Él lo revaloriza al convertirlo en uno de sus precursores. De ese modo, si hay deuda, es del texto anterior con aquel que provoca su redescubrimiento y no, como quería Harold Bloom, de éste para con aquellos que supuesta o realmente influyeron sobre él”.