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lunes, 4 de mayo de 2009

LATINOS Y GRIEGOS, COMPAÑEROS DE VIAJE DE JOAN PERUCHO. SEGUNDA PARTE


Continuamos reproduciendo el texto de la entrevisa que Isabel Velázquez y yo hicimos a Joan Perucho en 1997.
Después de mostrarnos algunos libros antiguos, como un Dioscórides o una edición de los Digesta, nos comenta que va a publicar un libro que llevará por título Estética del gusto, en el que se recogen algunos textos ya publicados y otros nuevos sobre cocina. El libro, aparecido en la primavera de 1998 (Huesca, ed. Val de Onsera) se abre con el Viaje a Aquitania, realizado después de la "exaltante lectura" de la Vida de los doce Césares, y visitando los deliciosos viñedos descritos por Ausonio, relato aprovechado por el autor para contarnos la historia de Eleonor de Aquitania, la madre de Ricardo, Corazón de León. También nos comenta que está preparando un librito sobre una pequeña y paralela historia de los padres de la Iglesia (que se ha publicado en marzo de 1998, Barcelona, ed. Proa, con el nombre de Els pares del desert), a propósito del que nos relata la historia del anacoreta Amón y los cocodrilos y el origne de la expresión "llorar con lágrimas de cocodrilo".

Ante estos comentarios y relatos le preguntamos:

-¿Para qué tipo de lector escribe?

-Para un lector parecido a mí. Concibo la lectura como un acto cultural. Cuando Cunqueiro y yo comenzábamos a escribir decían que nos inventábamos las citas y referencias, pero no es verdad. Algunas veces, cuando son citas de memoria o imaginadas, pero las referencias concretas a obras, textos, datos históricos y fechas son ciertas. No pretendo que el lector contraste todo lo que digo y vaya a confirmar de dónde lo he sacado. Pero sí quiero incitarle a la lectura, transmitirle el placer de la búsqueda. Ese placer que yo obtengo en la búsqueda en mi biblioteca de los datos que utilizo.
-¿Su biblioteca está en lla base de lo que escribe? ¿Se considera un autor "raro", por su método y su tipo de relatos?
-No me importa que me consideren raro. Para mí adquirir cultura es la cima de la perfección. Pero es una adquisición entendida como placer, el placer de leer y buscar. Y sí, mi biblioteca está en la base de mi obra, me guío por ella (su biblioteca la consituyen más de treinta mil volúmenes de textos de todo tipo, pero muy especialmente ediciones y obras eruditas de los siglos XVIII y XIX, ediciones príncipes y ediciones diversas de humanistas y clásicos, realizadas en el siglo XVI, y un sinfín de textos de literatura española, francesa, catalana, etc.). Desde muy joven me convertí en una especie de buscador de libros. Con 5 pesetas, que entonces era mucho, tenía para pasar la tarde con un café y dos películas en un cine de barrio y el resto lo ahorraba para comprar libros. Entonces era voraz, me interesaba la novela, porque era el medio de conocer y comprender las relaciones entre seres humanos, entre hombre y mujer... Pero después me convertí en un lector de erudición, más que de novelas, buscaba fuentes documentales, referencias literarias y curiosidades y, además, me atrapó la bibliofilia. Supongo que esta afición me vino de la experiencia de la Universidad y la actividad que en torno a la literatura realizábamos allí, con Antonio Vilanova, Néstor Luján, Manuel Valls y otros amigos, cuando nos hicimos cargo de la revista Alerta, que editaba el SEU y le dimos la vuelta, causando estupefacción, hablando de Huxley, de Lorca, de Miró, Salinas, Picasso. Después vino la aventura de la revista Destino, con Ignacio Agustí y comenzamos a hacer periodismo. (continuará)
Isabel Velázquez y Francisco García Jurado