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jueves, 3 de septiembre de 2009

UN HUMANISTA CONTRA NAPOLEÓN: O VERSOS CANCRINI



El mes de junio pasado, Pablo Asencio organizó un interesante encuentro en Versalles acerca de las visiones de la Antigüedad y la Revolución Francesa. Tuve el privilegio de participar en este encuentro con un trabajo acerca de la nueva visión de las literaturas nacionales, en especial la latina, tras la caída de Napoleón en 1815. Las reacciones nacionalistas de los pueblos invadidos por Napoleón favorecieron el reconocimiento de los gustos particulares de cada pueblo, frente a los viejos ideales ilustrados de universalidad. El libro que Madame de Stäel escribe sobre Alemania es un ejemplo notable de esta nueva sensibilidad. De esta manera, la vieja Poética se vio sustituida paulatinamente por las novedosas historias nacionales de la literatura, más acordes con el reconocimiento de los gustos concretos, de lo diferente frente a lo común. La Biblioteca Municipal de Versalles y, concretamente su sala central, presidida por un retrato de Luis XVI, sirvió, paradójicamente, de marco nostálgico para desarrollar aquella reflexión sobre las nuevas ideas que iban a dar paso al mundo definitivamente moderno, a nuestro mundo, marcado por las fronteras de los particularismos.
El humanista Federico Agusto Wolf es un hombre que sufre en el desarrollo de su propia vida todos aquellos avatares políticos e históricos. Acomete una pequeña revolución al plantear la literatura romana en términos de literatura nacional, pues para ello está asumiendo las nuevas corrientes historiográficas y estéticas que apuntan hacia la configuración de los ideales románticos. El hecho de que elija, además, la lengua alemana para redactar su historia no es baladí, pues esto implica un moderno reparto de funciones entre las lenguas antiguas y las modernas: las antiguas se convierten en llaves para comprender el pasado, mientras las modernas van a ser los nuevos vehículos de difusión del pensamiento y la ciencia. Es el comienzo de la moderna filología. Las circunstancias históricas van a propiciar el éxito de estos nuevos planteamientos, si bien, desde el punto de vista personal, Wolf, a pesar de estar en el cénit de su carrera académica, ya no volvería a ser el mismo cuando tenga que abandonar Prusia en 1806 ante la invasión napoleónica. Es reseñable el epigrama (compuesto por tres dísticos elegíacos y escrito en versus cancrini, pues leídos hacia atrás tienen el sentido contrario) que dedicó a Napoleón[1]:

Vaticinor tibi quod navalis laurea cinget
Tempora nec magnas spes mare destituet.
Deiciet tua gens cunctas nec Gallia victrix
Denique frangetur litus ad Albionum.
Sors bona, non mala sors concludet proelia; quare
Saecula te dicent: Pars Bona, non Mala Pars!

(traducción)
Te vaticino que la victoria naval ceñirá
tus sienes y que el mar no frustrará tus grandes esperanzas.
Tu pueblo derrotará a todos los demás y la Galia vencedora
No se romperá finalmente contra las costas inglesas.
Buena suerte, no mala suerte dará fin a la guerra; porque
Los siglos te llamarán: ¡Buena Parte, no Mala Parte!

(traducción al revés)
Mala Parte, no Buena Parte, los siglos te llamarán.
¿Por qué? A la guerra dará fin la mala suerte, no la buena suerte.
Contra las costas inglesas se romperá finalmente
La vencedora Galia y no derrotará tu pueblo a todos los demás.
Frustrará el mar tus grandes esperanzas y tus sienes
no ceñirá la victoria naval, te vaticino.

Ya en 1807, una vez instalado en la nueva Universidad de Berlín, gracias a su amigo Wilhelm von Humboldt, Wolf iniciará su personal decadencia. La historia pasó por encima de él, pero él se adelantó a ésta en sus planteamientos.

Francisco García Jurado

H.L.G.E.

[1] He conocido el epitafio gracias al muy interesante repertorio de poesía latina sobre Napoleón compilada por R. Manchón Gómez (“Napoleonis magni laudes: repertorio provisional de poesía latina (1800-1815) sobre Napoleón Bonaparte”, en Humanitas. Revista de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Jaén 3, 2003, pp. 15-31), quien lo toma, a su vez, de J. Ijsewijn, Companion to Neo-latin studies. Part I, Lovaina, 1990, p. 185.