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domingo, 20 de noviembre de 2011

PUEBLO Y LIBERTAD: UN GRAN MITO ROMÁNTICO

Ya sabéis que los que nos dedicamos a la Historiografía, es decir, a ver cómo los acontecimientos quedan reflejados y explicados mediante palabras, somos algo parecido a los cazadores de mariposas. Intentamos atrapar esa primera vez que un término llegó a acuñarse para crear una nueva realidad. Evocamos hoy a un personaje que contribuyó, acaso sin saberlo, a crear el mito romántico de los "pueblos libres" y cuyos días terminaron, un poco a regañadientes, en el Berlín de comienzos del siglo XIX (en la fotografía, la Universidad Humboldt). Recordad, ante todo, que el hecho de que un pueblo sea "libre" de otros pueblos es una idea netamente romántica, pero esto no quiere decir que los ciudadanos que lo componen también lo sean. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE
Friedrich August Wolf escribió la que podemos considerar, sin lugar a dudas, como la primera historia de la literatura romana y son muchas las ideas y sensaciones que se cruzan en mi mente al pensar en ello. Mi colega Bernd Marizzi y yo mismo publicamos hace un tiempo la primera versión española de esta obra. Imagino a Wolf componiendo en su partiular arcadia, la Universidad de Halle, aquellas notas académicas en un contexto de renovación cultural, de transición hacia un hipotético mundo mejor. Rodearse de personas como Goethe o los hermanos Humboldt es realmente algo estimulante. Wolf iba a contribuir, acaso sin saberlo, a la construcción de las modernas historias nacionales de las literaturas, antiguas y modernas, al considerar éstas como las legítimas andaduras de sus respectivos pueblos. Aunque Wolf había asumido y asimilado la herencia erudita del pensamiento ilustrado, con sus pretensiones de universalidad, iba a poner una de las premisas más importantes para potenciar los particularismos nacionales. Napoleón hizo el resto al invadir Europa y propiciar así la peligrosa equivalencia entre conceptos tales como "pueblo" y "libertad". Que un pueblo "sea libre" o, en otras palabras, "independiente" de otros, no quiere decir necesariamente que sus ciudadanos sean libres en calidad de tales personas o individuos. Por lo demás, Wolf vive el paso de los presupuestos ilustrados que encierra el concepto de "patriotismo" al nuevo concepto de "nacionalismo". El "patriotismo" ilustrado tiene más que ver con la razón y la condición jurídica de pertener a una nación, mientras que el "nacionalismo" arranca peligrosamente de un sentimiento y de una adscripción racial que la moderna genética ha terminado por revelar como un simple espejismo. El "patriotismo" es un fenómeno propio del siglo XVIII, patrimonio de unos cuantos ilustrados, mientras que el "nacionalismo" es un fenómeno puramente romántico que crea el mito de los pueblos, de sus expresiones "naturales", que por regla general terminaban siendo la historia de sus literaturas (hoy más bien esta expresión vendría dada por el fútbol). En el siglo XIX hay una pretensión consciente de "construir" así el ideario nacionalista de la nación española, sobre todo al calor de las ideas de los liberales moderados. Poco a poco fueron surgiendo los regionalismos, que derivaron en más de un caso hacia verdaderos nacionalismos. En nuestro libro sobre la Historia de la literatura grecolatina durante la Edad de Plata de la cultura española dedicamos cuatro capítulos de veintiuno a tales nacionalismos, desde el punto de vista de la traducción de los clásicos grecolatinos al catalán, gallego, asturiano y vasco.
Sé perfectamente que la gran trampa de estos temas está en plantearlos de manera visceral, pues su estructura laberíntica y las inmensas paradojas históricas que atesoran los nacionalismos son caldo de cultivo para las encendidas discusiones. Pero mi actitud es decididamente diferente, aun a pesar de parecer una persona enervada (entiéndase "enervado" en su acepción propia de persona sin nervios, despojada de pasión). Y vuelvo a Friedrich August Wolf, precisamente cuando tuvo que alejarse de su idílica Halle ante el empuje militar de Napoleón. Su amigo Guillermo de Humboldt, hermano del gran explorador Alejandro, se lo llevó a Berlín, donde estaba creando lo que iba a el gran motor científico de la nueva Prusia: la Universidad de Berlín (en la fotografía). En esa univesidad se consolidó una nueva disciplina como ciencia: la Lingüística. Puede parecer curioso que esa materia no hubiera existido como tal hasta entonces, pues si bien ya había gramáticas desde la Antigüedad éstas pertenecían a ámbitos más bien aplicados del estudio del lenguaje, el ámbito de las "artes" o manuales. También se estudiaba la historia de las lenguas (literarias), como la de la lengua latina o la de la lengua griega. Sin embargo, los nuevos influjos románticos pusieron el interés en los aspectos populares, que facilitaron que el estudio del lenguaje se independizase de los meros documentos "cultos" para ser analizados precisamente en sus manifestaciones populares y folclóricas. Al tiempo que nace la lingüística, nace también el interés por la épica o el cuento popular, pues todo ello tiene la característica supuesta de nacer del "pueblo". Pero ¿quién es el pueblo? Siempre me ha hecho mucha gracia oír cosas semejantes como que tal princesa (hoy fallecida) gozara de la simpatía de su pueblo. No me refiero al hecho en sí de que gozara de simpatía, sino que ese sentimiento emanara de una entidad tan abstracta y difusa como un "pueblo", es decir, la pretensión de una voluntad colectiva e invisible que impera sobre individuos que no se conocen, pero que están unidos por hilos invisibles, para convetirlos en otra cosa. Para los ilustrados, tan pocos y selectos como eran, el pueblo no dejaba de ser algo informe y lejano. Después se creó su mito, se lo llamó incluso con términos propios de la Roma arcaica, como "proletariado", y, por supusto, no se entendió que un pueblo pudiera vivir sin un gentilicio: al calor de los gentilicios clásicos, como romano o griego, nacieron nuevos gentilicios que bautizaban a los nuevos pueblos, ligándolos a supuestas patrias perdidas.
La Univeridad de Berlín, hoy la Humboldt, contribuyó a la creación "científica" del pueblo alemán, pero ya para entonces Friedrich August Wolf, afincado en este nuevo contexto y en la cumbre de su fama, había decidido que aquél no era su mundo. Francisco García Jurado
H.L.G.E.