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miércoles, 12 de octubre de 2011

Política y educación: manuales liberales frente a manuales conservadores

No es nada nuevo decir que la política influye tanto en la educación que esta última se vuelve un claro reflejo de la primera. Pero recordad que lo más interesante es demostrar con hechos concretos de la propia historia de la educación este aserto general (esto es lo que diferencia a un verdadero historiador de un simple tertuliano o parlero). Precisamente, el estudio sistemático de los manuales de literatura latina y griega publicados en España a lo largo del siglo XIX muestra muy claramente las tensiones entre el pensamiento liberal y el conservador en el relato de un objeto de estudio que para quienes lo desconocen podría muy bien parecer aséptico. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE.


Hay un excelente trabajo del profesor José Carlos Fernández Corte titulado "La invención de la Historia de la Literatura Latina en España (y una breve reflexión sobre Europa)", publicado en Cuadernos de Filología Clásica (Estudios Latinos) 24, 2004, 95-113 que toda persona interesada por estos temas debería leer (se encuentra en la dirección electrónica siguiente: http://revistas.ucm.es/fll/11319062/articulos/CFCL0404120095A.PDF)


El trabajo de Fernández Corte plantea, un tanto de manera programática, unos asertos que ahora estamos confirmando plenamente con el estudio sistemático y catalogación de los manuales de literatura. Entre ellos, que ya la asignatura en sí misma viene a constituir un nuevo discurso "liberal" que sustituye al de la vieja poética y retórica. Se trata de una asignatura pensada para formar ciudadanos a partir de modelo del estudio de una literatura como reflejo de la expresión colectiva de un pueblo, presupuesto alejado ya del estudio de la mera imitación de las bellas letras. En cierto sentido, y salvando las distancias, los estudios históricos en el nuevo marco educativo que viene a partir de las reformas de Gil de Zárate en los años cuarenta del siglo XIX continene una orientación política en principio comparable a la de la polémica "Educación para la ciudadanía", pues formulaciones como "Historia de la literatura" o "Ciudadano" precisan de unas claves políticas concretas para poder tener lugar de ser. Ahora bien, una cosa es el planteamiento político general que inspira una materia y otro bien distinto la realización docente que se haga de la misma. Esto lo saben bien los gobiernos cuando se cuidan de que se impartan los temarios y hasta los cuestionarios al pie de la letra. Así las cosas, la impartición de la Literatura latina encontró dos maneras de enseñarse: una que podemos denominar propiamente liberal y otra conservadora. Sería prolijo, pero interesante, definir los rasgos básicos de la enseñanza liberal de la Literatura latina. Se trata de una enseñanza que puede localizarse, sobre todo, en manuales del decenio de los años 70 del siglo XIX, particularmente en discípulos de Alfredo Adolfo Camús, como José Canalejas o Alberto Regules y Sanz del Río. Se trata de una enseñanza que se define por el gusto por autores como Plauto, por el relato más o menos desenfadado de ciertos pormenores escandalosos, y por un rechazo abierto a las tiranías, que muy bien podría encarnar la figura de César, legitimado en Francia durante la época de Napoleón III. Asimismo, hay un abierto gusto por las nuevas ciencias históricas, en particular las aportaciones de autores como Niebuhr. En otro orden de cosas, hay una destacada preferencia por el llamado siglo de Oro de la literatura latina frente a los gustos por la literatura decadente que tanto proliferarán en la propia literatura francesa de finales del siglo XIX. Por su parte, los manuales de tipo conservador, como los publicados por Jacinto Díaz o Pedro Bartolomé Casal, muestran un desprecio explícito por los nuevos progresos de las ciencias humanas, incluido el propio desarrollo de la historia de la literatura como discurso alternativo al de la poética, y muestran una preferencia por los autores latinos de la Cristiandad, hecho que lleva a una mayor carga de literatura latina de las etapas tardías e incluso ya propias de la Edad Media. De esta forma, mientras el liberal Camús es un abanderado de la Historia literaria del Renacimiento a partir de la imprenta y de Erasmo, Jacinto Díaz retrotrae éste al siglo XIII, es decir, a la Escolástica. No quiero entrar aquí en un rasgo geográfico que podría llevarnos a una encendida polémica, pero los manuales liberales se centran en la Universidad Central de Madrid, mientras los otros se publican en lugares como Barcelona o Santiago de Compostela. Como contradato, debo decir que los manuales de González Garbín, reputado profesor y personaje de ideas progresistas y republicanas, se publican en Málaga y Granada. En fin, se trata de matices que nos da la propia Historia.


Resulta, no obstante, una paradoja, que una asignatura de planteamiento liberal encuentre en el manual de Jacinto Díaz el libro más editado, desde el decenio de los años cuarenta a los años setenta del siglo XIX. Fernández Corte atribuye este hecho al notable contenido de autores cristianos que ofrece.


Como puede verse por este pequeño bosquejo, la vida de estos manuales es fiel reflejo de las discusiones políticas y religiosas de su época. La historia de la literatura latina, en buena medida dependiente desde el punto de vista académico de la historia de la literatura española, tardaría aún varios decenios en formar parte de la Filología clásica, cuya formulación oficial en España es de 1932. Atrás quedó una extensa biblioteca de manuales y programas de curso, verdadero y contradictorio patrimonio educativo, y obras no tan repetitivas como pudiera creerse a simple vista. FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE.