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martes, 29 de junio de 2010

IGUALES A LOS DIOSES MEJOR QUE A LOS BRUTOS


Durante este curso que termina he tenido la ocasión de ver varias veces el magnífico ejemplar que los entendidos llaman "el Salustio de Ibarra". La Biblioteca Marqués de Valcecilla y el Palacio Real (en la ilustración) fueron los escenarios ideales, y mis alumnos tuvieron la suerte de ser testigos privilegiados de esa contemplación. Es sin duda un gran libro, representante de una política absolutista, que llegó a las manos de los más poderosos de Europa, compuesto por personas que quisieron parecerse más a los dioses que a los brutos. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE

"La conjuracion de Catilina y la Guerra de Iugurta por Cayo Salustio Crispo" fue publicada en Madrid a cargo del mitico Joachin Ibarra, Impresor de Camara del Rei Nuestro Señor, en el año de 1772. La traducción del texto latino debe ser atribuida al Infante D. Gabriel Antonio de Borbón, si bien fue revisada por Francisco Pérez Bayer. Esta obra fue considerado con toda razón como el mejor libro impreso en la España del siglo XVIII. Se trata de la traducción de las dos obras que se han conservado completas del historiador latino Salustio, La conjuración de Catilina y Guerra de Yugurta, y responde a lo que podemos considerar como una obra compuesta en equipo con un consciente fin político y propagandístico. El libro, de hecho, representa las nuevas ideas sobre la enseñanza auspiciadas por Gregorio Mayáns tras la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en 1767. De esta forma, el infante aparece como beneficiario ejemplar de los nuevos principios educativos, en particular los relativos a la enseñanza del latín, que el propio Mayáns había plasmado en obras tales como su Idea de la gramática de la lengua latina (1767). Así las cosas, este Salustio responde a la cuidadosa creación de un personaje, el de un infante humanista que encarna lo mejor de la educación y la Ilustración carolina. Ya en el prólogo, sin firma alguna, don Gabriel escribe en primera persona acerca de sus intenciones de reforma del buen gusto literario en España para luego referirse, también de manera implícita, a su preceptor, el polígrafo Francisco Pérez Bayer, que escribió para él un tratado sobre las letras fenicias, incluido a manera de apéndice dentro de la misma obra. El deslinde entre el personaje del infante y el de la persona de carne y hueso es cuestión compleja, pues al menos tres personas han intervenido directamente en esta empresa editorial: además del propio infante don Gabriel como traductor, está su preceptor, Pérez Bayer, en calidad de supervisor del texto y autor del estudio ya referido, y el impresor Joaquín Ibarra, artífice de la magnífica edición que es gloria de la imprenta española. Tampoco es baladí la labor de los diseñadores y grabadores de las estampas que convirtieron este libro en una verdadera obra de arte difundida entre las personas más notables de Europa y hasta de América, pues llegó a las mismas manos de Benjamin Franklin. Cada página de esta obra es un pequeño prodigio tipográfico, pues presenta el texto castellano en cursiva y, debajo de él, el texto latino a dos columnas y en letra redonda. El tercer elemento lo constituyen las notas eruditas, igualmente importantes para comprobar la excepcional erudición manejada. Que la obra tipográfica más importante y bella de aquel siglo esté dedicada a un historiador latino no es un hecho casual. Precisamente, la restauración del buen gusto literario se hace con un doble punto de referencia: los clásicos grecolatinos y los mejores autores españoles del siglo XVI, que también son traductores de los primeros, como es el caso de Fray Luis de León, traductor de Horacio y Virgilio. De esta forma, el infante traduce a Salustio a la manera de aquellos autores españoles del Siglo de Oro, con el empeño decidido de pasar a la posteridad gracias a una gran obra, y atiende a las propias enseñanzas del historiador latino, en especial cuando éste nos habla de los afanes humanos al comienzo de su biografía sobre Catilina, que reproducimos aquí como colofón en la propia versión del infante:
“Justa cosa es que los hombres, que desean aventajarse a los demas vivientes, procuren con el mayor empeño no pasar la vida en silencio como las bestias, a quienes naturaleza criò inclinadas a la tierra y siervas de su vientre. Nuestro vigor y facultades consisten todas en el animo y el cuerpo: de este usamos mas para el servicio, de aquel nos valemos para el mando: en lo uno somos iguales a los Dioses, en lo otro a los brutos.”
FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE

3 comentarios:

Víctor C. dijo...

Hola, no sé si eres quien publica un comentario en "ElPais" sobre la huelga de metro. Quería decirte que si eres tú, estoy plenamente de acuerdo con lo que dices, además enhorabuena por haberlo hecho con mucha corrección. No entiendo a quienes no comprenden las reivindicaciones de unos trabajadores a los que les toca pagar la crisis que no provocaron, yéndose de rositas quienes realmente la produjeron, bancos, grandes empresas, etc.

Un saludo.

Francisco García Jurado dijo...

Amigo Víctor:

No soy yo quien lo publica. Gracias

Víctor C. dijo...

Vaya, lo siento, entonces si quieres borra mis comentarios.

Un saludo y Gracias