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miércoles, 28 de julio de 2010

PASEO POR NÁPOLES ENTRE VICO Y CROCE


Ahora que nos acercamos al ecuador del verano, vivo con toda la conciencia que me es posible el último viaje a Nápoles, en la primavera. Imagino el calor que hará estos días en la Solfatara, o en la subida al volcán Vesubio. Sin embargo, las ideas de los historiadores más notables de aquella ciudad, Vico y Croce, me sirven de refrescante pasatiempo. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE

El Biaggio dei Librai albergaba discretamente la casa natal de Vico. Así lo recordé felizmente en un blog del pasado mes de marzo. Me gustó ver que esta calle rectilínea y estrecha terminaba fundiéndose con la que lleva el nombre del propio Benedetto Croce, e imagino que no es por casualidad. Así pues, el centro de Nápoles se convierte en escenario real que nos permiten pasear por la continuidad entre dos historiadores que ligaron la Historia a la propia hazaña de la imaginación y la libertad, respectivamente. Uno vivió a caballo del siglo XVII y XVIII, el otro entrel el siglo XIX y el XX, con casi doscientos años de diferencia entre sus nacimientos. Tanto Vico como Croce pasaron casi toda su vida en la misma Nápoles. Croce, además, intervino en la política desde joven, aunque no permitió que su actividad fundamental dejara de ser la Historia. Si Vico es el símbolo de la nueva erudición, Croce encarnó el símbolo de la Italia liberal, sobre todo durante los 20 años de fascismo. Las vidas de ambos fueron largas y creadoras, con una singular coherencia espiritual que los define como pensadores de puro cuño idealista. Para Croce, Vico fue su tema constante de meditación, y de Vico toma la visión de la Historia como una realidad inteligible, como actividad directa del espíritu humano a través de los siglos. Sin embargo, Croce no acepta el transcendentalismo de Vico, sino que se aferra a un concepto meramente humano de la Historia: hay que afirmar la realidad humana de la Historia, pero no debe aceptarse moralmente todo lo sucedido.
En su ensayo sobre Hegel, Croce afirma que la fuerza creciente de la ciencia positiva va a terminar con la superstición que ha atenazado a la realidad. Curiosamente, el gran pensador idealista ensalza la ciencia de los datos y del progreso. Son ideas claramente poderosas que, sobre todo, hoy días siguen emocionándonos. Ya sé que cada persona es como es y que, en palabras de Heráclico, el carácter es el genio del hombre. Por ello, yo no puedo dejar de pensar en estas cosas cuando paseo por Nápoles, a pesar de las motocicletas. FRANCISCO GARCÍA JURADO.