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miércoles, 2 de febrero de 2011

POLÍTICA COGNITIVA: O CÓMO LAS METÁFORAS CREAN PARADOS

Ni me gustan los políticos ni creo en lo que hacen. Sin embargo, cuando veo el desastre al que estamos llegando y que nadie se siente responsable de ello, es momento de que, al menos, no nos quedemos mudos, en especial si tenemos algo interesante que contar. Hace unos años supe que un reputado lingüista estadounidense, George Lakoff, estaba asesorando a ciertos políticos "progresistas" (entiéndase eso "grosso modo") para poder ganar sus campañas. Desde los presupuestos de la lingüística que él desarrolla, la cognitiva, podemos decir no es tan importante lo que haces, sino cómo te vean o, mejor dicho, cómo te hagas ver. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO
Antes de que la lingüística cognitiva se convirtiera en una secta académica más, de tantas que pululan en las universidades, me sentí fascinado por ella. De hecho, hasta la apliqué a algunos de mis estudios semánticos, en particular a ver cómo se articulaba, por ejemplo, la idea de "problema" (http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1224190). George Lakoff, escindido, a su vez, de las sectas chomskianas, publicó un par de libros realmente deslumbrantes durante los años 80: "Women, fire and dangeours things" y "Metaphors we live by". En ambas obras podíamos asistir al nacimiento de una nueva corriente lingüística que sostenía el principio de que TODO NUESTRO PENSAMIENTO ESTABA BASADO EN METÁFORAS. No se trataba de metáforas literarias, sino en traslaciones de sentido imprescindibles para que nuestros conceptos se forjen, transformando la realidad en imágenes mentales y abstracciones visuales. De esta forma, yo puedo entender que UN PROBLEMA ES UN RECINTO CERRADO, y que LA SALIDA ES LA SOLUCIÓN. El proceso conlleva el principio de que nosostros reelaboramos los estímulos del mundo sensible para poder asumirlos de la mejor manera posible. De esta forma, nuestro cerebro no estaría diseñado tanto para entender el mundo como para sobrevivir en él. Asimismo, nuestras metáforas se basan, entre otras muchas cosas, en ESQUEMAS DE IMAGEN, de manera que lo bueno suele estar en lugares superiores y lo malo en espacios mentales ínfimos. Llamar "depresión" a una enfermedad mental concreta o, en sentido lato, a un estado de ánimo triste, no es más que situar esta realidad psicológica en un espacio mental dado. Pues bien, tales principios, que configuran nuestro lenguaje y pensamiento, y que suponen, por así decirlo, un mal menor para nuestro cerebro, se han convertido en armas implacables para los políticos, que intentan ocultarnos la desastrosa realidad a la que ellos mismos han contruido mediante hábiles metáforas. De igual manera que el "sindrome de Estocolmo" no es más que una forma de procesar erróneamente la relación con nuestro secuestrador, convirtiéndolo de verdugo en santo (pues nuestro cerebro, repetimos, no necesita analizar la situación friamente, sino sobrevivir), algunos de nuestros políticos, culpables con su inepcia de lo que estamos viviendo, se hacen pasar por mártires de la causa. Lakoff les ha adoctrinado muy bien: "no es lo que hagáis, sino cómo os hagáis ver ante vuestros votantes". La política no es tanto actuar de una u otra manera, sino crear los espacios mentales oportunos en los votantes mediante metáforas y esquemas mentales. El asunto cada vez está yendo más lejos, sobre todo cuando el otro día oigo cómo uno de nuestros gobernantes dice a los suyos que no HABLEN del partido o de su sucesión, que HABLEN de España. Incido en el verbo HABLAR, pues este político no se da cuenta de que al decir esto sigue empeñado en su POLÍTICA NOMINAL, COGNITIVA, O DE FICCIÓN. Las medidas económicas más cabales que ha podido tomar durante estos meses le han sido dictadas por la UE, y no son suyas, pero él quiere que los votantes las sitúen como "castigos" que se nos imponen, más bien, que le imponen a él, que no es más que una víctima. En resumen, el planteamiento cognitivo que se quiere hacer ver podría resumirse mediante la metáfora siguiente: EL PRESIDENTE ES UN MÁRTIR. EL PRESIDENTE ES BUENO, PERO LOS MALOS NO LE DEJAN SERLO. Cuando los problemas económicos llegaban, hace unos años, se creaban metáforas tranquilizadoras, evitando nombres fatídicos como "crisis". Es como si a un enfermo de pulmonía el médico pretendiera curarlo creando en él la idea de que sólo es un catarro. George Lakoff decía en uno de sus afamados libros que las metáforas podían matar, refiriéndose precisamente a la Guerra de Irak. Ahora tengo que darle la enhorabuena, pues gracias a su asesoramiento vemos que las metáforas pueden crear millones de parados (cuando la "crisis" no se llamó crisis, o cuando se hablaba de "brotes verdes") e incluso dar al traste con una generación de españoles. Enhorabuena, profesor.
FRANCISCO GARCÍA JURADO, AUTOR DE VARIOS TRABAJOS SOBRE LINGÜÍSTICA COGNITIVA.

1 comentario:

Ricardo Signes dijo...

Antes de Lakoff ya decía Celaya que "la poesía es un arma cargada de futuro". Las metáforas deben de ser algo así como la artillería; los eufemismos y las lítotes, ídem. Y qué decir de la voz media tan higiénica de "se empobrecen". Al final todos "víctimas colaterales".