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miércoles, 2 de mayo de 2012

Una visión romántica de la literatura latina

Es bueno, pues relativiza lo que hacemos, poder contar de vez en cuando aquello sobre lo que venimos investigando, siempre que la burocracia nos lo permita. La relación entre el movimiento romántico y la herencia cultural de los clásicos grecolatinos siempre es un tema apasionante e inacabable. Precisamente, nos encontramos abordando esta cuestión desde un prisma diferente al acostumbrado. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
Se ha discutido, se discute y se seguirá discutiendo aceca de lo clásico y lo romántico, esas dos categoría que una mujer inteligente y viajera, Madame de Staël, dejó establecidas para la posteridad en su libro dedicado a Alemania. Pues bien, es curioso observar cómo el movimiento romántico tiene una importantísima faceta filológica que no sólo permite ver la relación entre ambas cosas, sino, incluso, observar cómo nuestra moderna visión de la literatura clásica grecolatina tiene un inconfundible cuño romántico hoy día casi imperceptible, porque ya nos parece algo natural. Intento, pues, trazar algunos de los rasgos inconfundiblemene románticos, en particular para la literatura latina. He determinado cinco de esos rasgos para poder desarrollar un trabajo titulado "Los manuales de literatura latina en lengua española (1833-1868)". Voy a enumerarlos:


(a) La estética prerromántica del fragmento y del texto (aún) oculto

(b) La nueva forma de contar la literatura latina como un relato, una biografía colectiva, que la vuelve "literatura romana"

(c) La preferencia por lo arcaico, así como por lo popular frente a lo culto

(d) El gusto nacional, especialmente alemán o francés, y el uso decidido de una lengua moderna para hablar del mundo antiguo, frente al latín

(e) El problema de la originalidad de la literatura romana frente a la griega

Muchos nombres propios afloran tras estas ideas, en particular los de Angelo Mai, F. A. Wolf, B. G. Niebuhr, F. Schlegel, F. Schöll o Bernhardy. Todos ellos tienen en común la creación de una nueva forma de ver un patrimonio cultural heredado directamente de la erudición del siglo XVIII. Quizá el aspecto más visible sea el de los textos que vuelven a la vida, los palimpsestos, como los que descubrió el cardenal Angelo Mai, y que tanto inspiraron al poeta Giacomo Leopardi. Italia renacía como nación junto a "sus" clásicos.
En todo caso, Angelo Mai hizo de los palimpsestos un verdadero instrumento de resurección textual (el poeta Leopardi convertiría este milagro filológico en todo un emblema del romanticismo incipiente). Wolf, por su parte, convirtió la literatura romana en una biografía del pueblo romano, idea tan productiva que de ella nacieron los nuevos manuales escolares, tan lejanos ya de las bibliotecas eruditas del siglo XVIII. Niebuhr, por su parte, creó el mito de la Roma arcaica, que hizo posible que poetas como Macauly inventaran antiguas baladas romanas en sus "Lays of ancient Rome". Schelegel, tan ligado a la estética filobarroca, hizo de lo popular la clave del nuevo estudio literario. Schöll, prusiano que escribe en francés, llevó a sus manuales la cuestión del gusto nacional que ya aparecía en la obra "Alemania", de Madame de Staël. Bernhardy, finalmente, uno de los grandes continuadores de las ideas de Wolf, confirió a los manuales de literatura clásica la forma que ya reconocemos hasta hoy día. Esta somera enumeración es fruto de varios años de estudio. FRANCISCO GARCÍA JURADO