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miércoles, 23 de enero de 2013

“Nadie puede bañarse dos veces en el mismo libro”. Entrevista a Arturo Lara


Hace unos días, nuestro blog LECTORES AUDACES presentó la primicia de una obra, cuando menos, diferente: «Lucha pornográfica de griegos y latinos». Cultura clásica y «movida» durante los años 80 del siglo XX (Editorial Dínsula, Madrid, 2013), de ARTURO LARA. La reseña puede consultarse en http://lectoresaudaces.blogspot.com.es/2013/01/cultura-clasica-y-movida-durante-los.html. Hoy nos hemos acercado al pueblo del sur de Madrid donde Arturo Lara vive un tiempo “detenido e intenso”, como él quiere describirlo, para contarnos algo más acerca de su libro. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE

Hace mucho frío esta mañana de enero y quedamos en “el bar del pueblo”, que es donde Arturo Lara, catedrático de griego jubilado, me espera ya con un buen café entre sus manos. Rápidamente nos reconocemos y comienza la buena sintonía entre nosotros. Como no soy periodista, este género de la entrevista me resulta difícil, sobre todo porque me aterra caer en los manidos tópicos, pero tengo que comenzar de alguna forma a preguntarle, y así nos pusimos a hablar, grabadora en mano:

PREGUNTA. Buenos días, Arturo. Ahora me acuerdo de esos periodistas que preguntan al autor sin haber leído el libro. Este no es mi caso, como bien sabes. Me pregunto, no tanto por qué escribiste este libro (pregunta manida), sino qué esperabas del lector.
RESPUESTA. Pues no te lo vas a creer, pero había, ante todo, una necesidad de dialogar más allá del tiempo con ciertos coetáneos míos (y otros no tanto) acerca de algo que vivimos de una manera y ahora, probablemente, recordamos de otra. Mi libro, en realidad, es la vivencia que un profesor de griego clásico tuvo de unos años donde todavía era joven y estaba lleno de ilusión, y seguramente he querido, simplemente, narrar algo por el gusto de hacerlo, por revivirlo en mi conciencia.
PREGUNTA. Sí, pero esto es algo que la gente normalmente cuenta a sus amigos, me refiero verbalmente, sin que transcienda más allá, pero tú no sólo has contado unas vivencias, has reflexionado de una manera metódica sobre ello.
RESPUESTA. Lo que no iba a hacer es un libro sin pies ni cabeza, o una suerte de catarata de recuerdos. Mi formación me impide ese caos (palabra que me recuerda a Hesíodo), por feliz que fuera. Tenía que contar algo que fuera, además, inteligible para personas que no han vivido los ochenta.
PREGUNTA. Entonces, entiendo que querías dejar un testimonio de un momento dado desde una perspectiva que no es, ciertamente, la más común, me refiero a la de un profesor de lenguas clásicas.
RESPUESTA. Claro, yo no tengo la perspectiva de un artista o de un cantante. Al igual que pasó, por ejemplo, con los años treinta, donde parece que sólo Dalí o Buñuel  eran los representantes de su época, hubo otra mucha gente, menos visible, pero no por ello menos viva. Me gustó mucho vivir esos años porque reinterpreté mi pasión por los autores griegos y latinos. Cavafis o Catulo eran compañeros de copas, porque nos llevábamos los libros a los bares y los pubs, y leíamos a menudo hasta que amanecía, pues sus textos embriagan tanto o más que un whisky.
PREGUNTA. ¿No podría ocurrir lo mismo hoy?
RESPUESTA. En mi caso no, por supuesto. Tengo ya otra edad y deseos de tranquilidad. Seguramente algunos jóvenes harán lo mismo, pero aquella lectura que hicimos los de mi generación fue irrepetible, como irrepetible fue la lectura que de Rayuela hicieron los lectores de los años setenta, o la que de Virgilio hizo el propio Dante. Es el mito de Heráclito, en suma, que nadie puede bañarse dos veces en el mismo libro.
Así seguimos conversando durante un par de horas. Arturo Lara me contó muchas anécdotas, me habló de sus decepciones y, finalmente, me acompañó hasta la parada del autobús. De repente tuve esa sensación de que no volveríamos a vernos, esa idea de que el fulgor de cualquier despedida no es un engaño, como diría Francisco Brines. FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE