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sábado, 28 de junio de 2008

JUAN VALERA, ESQUILO Y "LA CALOR"


¡Cuarenta y cinco grados! Eso marcaba el termómetro de la Calle María Auxiliadora ayer a las siete de la tarde en Sevilla. María José y yo pensamos que no era de extrañar que aquí no se pueda trabajar, y mucho menos en Esquilo. Este comentario debe una explicación. El caso es que, de camino a un librería (nos encanta ir a librerías cuando hace tanto calor) pensamos en Valera y Menéndez Pelayo cuando decidieron (más bien lo decidió Menéndez) hacer una traducción conjunta de Esquilo.


El pobre Valera, desde los sofocantes calores de su natal pueblo de Cabra, en Córdoba, se excusaba de no poder traducir ni una sola línea, mientras don Marcelino traducía y traducía sin descanso (para agobio personal del pobre Valera). Además, cuando Valera descubrió que un "señor del norte", Baráibar, ya había traducido todas las tragedias, pensó que ya no había motivo alguno para traducirlas y se quedó sentado a la sombra de "una sombrilla de encaje y seda".


Ayer, por cierto, nos pasó un tanto de lo mismo. Encontramos una bonita edición facsímil de libro de Cadalso titulado Los eruditos a la violeta. La publicó la editorial Alfar en 1999, y ahora la venden de oferta por dos euros (¡si Cadalso levantara la cabeza!). Reproduce la magnífica edición de Antonio de Sancha pulicada en 1772. Aunque el querido Cadalso se ríe de los ignorantes que con un barnicillo de cultura pasan por cultos (recuérdese el dicho francés de la cultura es como la mermelada, que cuanto menos se tiene más se extiende), ya nos gustaría que nuestros alumnos supieran al menos las bagatelas que se nos cuentan en el ameno libro. En todo caso, hace tanto calor que no hemos podido ni abrirlo.




Feliz fin de semana caluroso desde Sevilla




M.J.B. y F.G.J.




HLGE