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lunes, 16 de febrero de 2009

NISARD, EL CRÍTICO FRANCÉS DE LA DECADENCIA


Hay un crítico francés del siglo XIX que me interesa mucho por el alcance que sus críticas tuvieron en la sociedad literaria de su tiempo. Me refiero a Desiré Nisard, algunas de cuyas obras forman parte de mi bagaje historiográfico.

Desiré Nisard, a quien Sandys considera como “the popular side of classical literature”, publicó en 1834 un libro titulado Études de moeurs et de critique sur les poètes latins de la décadence. Su trabajo, centrado en los poetas latinos, estudia, por una parte, la historia y sus biografías (costumbres) y, por otra, aborda aspectos de teoría y crítica. No obstante, y como bien apunta Sandys, el autor no quiere pasar por un “scholar”, y es más crítico literario que historiador. La obra de Nisard tendrá una fortuna imprevista cuando sus ideas peyorativas sobre los poetas latinos tardíos, llamados decadentes y puestos en relación por el mismo Nisard con ciertos autores de su tiempo, sean invertidas como elogio por los abanderados del decadentismo literario en Francia. El libro tuvo varias reediciones, de las cuales la tercera es de 1867.
Nisard atribuye la decadencia de la literatura romana al individualismo y la pérdida de carácter formativo de la literatura, dado que tras poetas como Lucrecio, Virgilio y Horacio, cuya obra encarna "la mejor poesía, la más filosófica, la que ofrece una reflexión más completa acerca del hombre, y la que contiene más enseñanzas para la conducta de la vida" (Nisard 1834, X), la literatura latina ha adquirido un absurdo individualismo que degrada el arte. La tesis de Nisard tiene validez universal, y puede aplicarse asimismo a la poesía francesa contemporánea, como apreciamos en el capítulo dedicado a Lucano ("Lucain ou la Décadence"), donde el propio Nisard aprovecha para extraer ciertas semejanzas entre la poesía de los tiempos de Lucano y la de su propia época, que será igualmente tachada de decadente. Nisard no sospechaba que el término "decadente" iba a ser aceptado por aquellos poetas modernos que criticaba, adquiriendo de esta forma un nuevo sentido estético, ahora unido a la idea de renovación y, en definitiva, a la modernidad. En todo caso, Nisard también sostiene una razón natural para la decadencia, es decir, una suerte de ley que marca el mismo destino. Así lo vemos en la cita de Séneca el Retor que abre el libro:

"Il faut compter comme une des causes le destin, «dont c'est la loi dure et éternelle que ce qui a atteint le plus haut point de grandeur retombe hélas! plus vite qu'il n'était monté, au dernier degré de la décadence».
... Cuius maligna perpetuaque in omnibus rebus lex est, ut ad summum perducta rursus ad infimum, velocius quidem quam ascenderant, relabantur (SÉNÈQUE, Controv. I, praef. 7)"

Nótese cómo traduce Nisard con el término décadence la expresión latina ad infimum, que se refiere al punto más bajo de la degradación. Quedaría por ver, finalmente, cómo incide la cuestión de la expansión del Cristianismo en la valoración de la decadencia literaria, delicado asunto donde confluyen tanto aspectos morales como estéticos, y donde será la novela de Huysmans titulada Al revés la que terminará dando carácter literario y moderno a todo ello.
En todo caso, hoy día es difícil que los modernos críticos comprendan qué importante era el conocimiento de la literatura clásica para el ejercicio de la crítica. Era un conocimiento indispensable, sobre el que se construía la modernidad. Sainte-Beuve, otro de los grandes críticos literarios franceses de la época, escribe un importante libro sobre Virgilio, mientras Nisard diserta acerca de los historiadores latinos. Pero esto será motivo y ocasión para otro día.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.