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jueves, 4 de junio de 2009

Breve introducción a la historiografía literaria


Los esfuerzos de síntesis son siempre loables, pues la falta de tiempo nos obliga a aprender a menudo todo lo que podamos en el menor espacio posible. El campo de la historiografia literaria es de una complejidad tal que se presta constantemente a la digresión y al comentario detallado. Pero me atrevo a exponer en estas líneas que subsiguen algunos datos esenciales para poder tener en poco tiempo un ligera idea, si bien cabal, acerca de algo tan complejo. He aquí el resultado. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO


Para comprender qué es la historiografía literaria, o la cómo se escriben las historias de la literatura, hay que partir del hecho de que en el contexto del pensamiento ilustrado, la nueva mentalidad burguesa dio lugar a una actitud determinada ante la literatura del pasado de distanciamiento intelectual con respecto al autor y la obra, lo que conllevaba un esfuerzo de situar las obras en su contexto histórico. Esta nueva postura ilustrada frente a las manifestaciones artísticas y literarias conlleva una conciencia de la "historicidad" que va mucho más allá de la mera sucesión cronológica. Vamos a intentar resumir cómo se desarrolla el concepto de historiografía literaria entre los siglos XVIII y la primera mitad del siglo XIX, donde se va abriendo paso la tendencia histórica frente a la concepción de la literatura eminentemente retórica. Desde el punto de vista de su nacimiento, la historiografía literaria es el fruto del pensamiento ilustrado y de la reacción romántica subsiguiente. Su gradual articulación como disciplina viene a ser la última consecuencia de la "Batalla de los antiguos y los modernos", que termina resolviéndose en la necesaria contextualización histórica de cada autor (Jauss 2000: 65-99). A ello hay que añadir la reflexión sobre el Siglo de Oro y las causas de la Decadencia en las diferentes literaturas nacionales, donde confluye, junto con el novedoso planteamiento historicista, la crítica estética. Este nuevo panorama historiográfico para el estudio de la literatura gozará a lo largo del siglo XIX del favor institucional, al instaurarse en las universidades cátedras de historia literaria, con la consiguiente necesidad de profesores y proliferación de manuales. La literatura latina es pionera en este aspecto, gracias a la Geschichte der römischen Litteratur de Friedrich August Wolf (Halle, 1787), que aporta una división fundamental de la literatura en “Historia externa” e “Historia interna”[1], lo que permite superar la historia literaria como mera cronología de autores. Los manuales de literatura latina del siglo XIX son muy variados, y algunos de ellos llegaron a circular profusamente tanto por los estrictos círculos académicos como por los intelectuales en general. En España, si bien la situación de la historiografía de la literatura latina no puede compararse con las influyentes historiografías alemana, francesa o italiana, los manuales ofrecen más interés del que podría esperarse en un principio. Para empezar, la historiografía literaria hispana tanto en lo que concierne a la literatura latina como a la española presenta unas características históricas propias, pues está marcada por la profunda ruptura sufrida entre la herencia ilustrada de autores como Juan Andrés[2] y los nuevos manuales publicados a partir de las disposiciones educativas desde 1845, del que cabe destacar el compilado por Gil de Zárate de literatura española. Las fechas básicas en las que tenemos que encuadrar la que podemos denominar primera etapa de los manuales de literatura son el año 1845, con el Plan Pidal, al que seguirá en 1857 la Ley Moyano de educación, y el año de 1858, cuando se programa la asignatura de "Literatura clásica griega y latina", que pervivirá como tal hasta 1895. FRANCISCO GARCÍA JURADO

[1] La "historia interna" comprende la historia de la lengua y de las instituciones, a la manera de una historia del espíritu de la romanidad (definición de Gottfried Bernhardy que tomamos de Gianotti 1988: 59). La "historia externa", por su parte, es la de las obras y los autores, si bien procurando superar la mera relación cronológica.
[2] La publicación en español, entre 1784 y 1806, de los diez tomos del Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, de Juan Andrés, supone un hito, si bien no continuado, para la historiografía de la literatura en España, como tampoco tuvo continuidad la cátedra de Historia Literaria del Colegio Imperial, cuya razón de ser y contenidos no quedaron claros durante la corta y azarosa duración que tuvo entre 1786 y 1802 (Simón Díaz 1992: 361-372).

3 comentarios:

Dianismar dijo...

Muy enredado

Anónimo dijo...

Demasiao'

Anónimo dijo...

Demasiiiiiao'