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miércoles, 26 de agosto de 2009

POR QUÉ ME SACAN DE QUICIO ALGUNOS LECTORES


Acabo de enviar a la profesora Loreto Busquets, de la Università del Sacro Cuore de Milán, un trabajo que he titulado "Todas las cosas que merecen lágrimas. Borges, traductor de Virgilio". Es un trabajo en el que vengo trabajando y pensando desde hace tiempo, por la complejidad y la fascinación que me supone leer al poeta romano desde la mirada borgesiana. Ya lo intuí en mi libro "Borges, autor de la Eneida" y ahora, por fín, me he animado a cerrar el círculo. Pienso en Borges, o en Virgilio, como retazos fundamentales de mi propia existencia. Son parte de mis recuerdos y vivencias más intensas. Recuerdo haber leído hace muchos años, en la piscina municipal de Alcobendas, el libro inmenso que Agustín Garcia Calvo dedicó al poeta de Mantua. Este recuerdo, en la más perfecta vena proustiana, está unido a mi madre. También recuerdo otro paseo por Alcobendas, precisamente por la Avenida de España, yendo a buscar a una antigua novia, donde iba pensando precisamente en la obra de Plinio el Viejo que acababa de entrever en el cuento "Funes el Memorioso". Una vida de lecturas que nunca terminan, a las que vuelvo obsesivamente, y de lecturas que he compartido con personas queridas en uno u otro tiempo. En cierto sentido, unir la vida a ciertas lecturas es algo semejante a lo que ocurre cuando algunos recuerdos quedan sujetos a sabores o músicas. Esos momentos reviven en la conciencia todavía con más intensidad que cuando acontecieron como una primera sensación. La obra de Borges no supone por tanto, para mí, una mera lectura. Ahora, al entregar el original a la profesora Busquets, he vuelto a recordar la lluvia y los bosques de Nueva Inglaterra, y un inolvidable viaje en autobús, con María José, en el que, entre sueño y sueño, fui corrigiendo una versión impresa de este trabajo. Debo declarar a todos aquellos lectores a los que "no les gusta Borges" que me ponen gratamente nervioso. Esa vaguedad de su juicio me enoja. No se trata de que no pueda tolerar que a alguien no le guste Borges, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que me enoja la simplificación, la falsa expectativa que han creído no encontrar en el autor argentino. Este autor es mucho autor, señoras y señores, y con él, probablemente, toca a su fin una gran literatura que comenzó con Homero. La lectura de Borges es de una gran exigencia, y requiere de un tipo de lector que acepte naufragar por un océano de letras y de símbolos. Borges es la metonimia inacabable de la literatura universal, y un reto difícil de asumir. Borges no es un autor más, y esto mismo les ocurre a Homero o a Virgilio.

En definitiva, animo a no tachar simplemente de "aburrido" aquello que sencillamente no se entiende. Una persona que conozco se dedica a valorar originales llegados a una editorial, y es precisamente de esas personas que no pueden leer a Borges (y donde digo "Borges" me refiero a toda la estirpe de grandes autores que son sus precursores). Los juicios de valor hechos con urgencia terminan siendo muy nocivos. No sé si nos hemos dado cuenta de que, prácticamente, a día de hoy, ya nos hemos cargado la literatura.


Francisco García Jurado

H.L.G.E.