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martes, 24 de noviembre de 2009

SOBRE LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS: MONTAIGNE Y PEDRO MEJÍA


Ahora que al fin termino uno de mis trabajos más ambiciosos, precisamente el estudio sobre Aulo Gelio y la literatura española del siglo XVI, se me vienen a la cabeza diversas reflexiones que sólo la tranquilidad de la mañana me proporcionan. Cuando veo las posibilidades que tiene una investigación general acerca de Aulo Gelio y la literatura escrita en catellano a lo largo de todos los tiempos, pienso en cómo las fronteras nacionales se vuelven, una vez más, sutiles, pues este estudio no puede tener lugar sin la ocurrencia de otros autores modernos que, sin embargo, no escriben en castellano. Pienso ahora en el ejemplo magnífico de Pedro Mejía haciendo de intermediario entre Aulo Gelio y Michel de Montaigne. Ni Mejía y Montaigne son muy dados a hacer especulaciones gramaticales en sus respectivas obras, al contrario de lo que hace Gelio. No obstante, las reflexiones del ensayista francés acerca de “decir mentira” y “mentir” (“Des menteurs”, Ensayos I, 9) parecen estar inspiradas en la versión francesa del texto que Pedro Mejía dedica a la mentira y que parte, a su vez, de Gelio (Noches áticas 11, 11):

“Pero, porque no todos lo entienden bien, declaremos agora la diferencia y distancia que puede aver entre dezir mentira y mentir, y en quántas maneras puede ser, pues Aulo Gelio y otros de más autoridad se preciaron de tratarlo y es cierto que no es siempre todo uno. Y, para mejor entenderse, se sepa primero que mentir es afirmar o negar el hombre algo al contrario de lo que siente o tiene por verdad; y el que ansí no lo hiziere, no se podrá dezir que miente. Passa, pues, desta manera: que puede uno afirmar una mentira, pensando que es verdad; y éste tal dize mentira, pero no miente, porque no haze contra lo que siente y cree. (...) refiere Aulo Gelio que dezía Publio Nigidio que el buen hombre deve hazer de manera que no mienta, y el prudente y sabio cómo no diga mentira. Pero, a mi juyzio, también deve el bueno procurar lo mismo; porque no basta que uno piense que dize verdad en lo que afirma, sino que mire lo que dize y ponga diligencia en saber si es cierto.” (Mejía, Silva de varia lección II, pp. 483-484)

Así pues, este pasaje de Mejía, en su versión francesa, sirvió de fuente a Montaigne a la hora de confeccionar un ensayo temprano, el titulado precisamente “Des menteurs”:

“No falta razón cuando se dice que aquel que no se siente bastante seguro de su memoria no ha de meterse a mentiroso. Si bien que los gramáticos distinguen entre decir mentira y mentir; y dicen que decir mentira es decir cosa falsa mas considerando uno mismo que es verdadera; y que la definición de la palabra mentir en latín, de donde nació nuestro francés, implica ir contra la conciencia y por consiguiente solo atañe a aquellos que hablan contra lo que saben, a los cuales me refiero.” (Montaigne, Ensayos I, 9, p. 78)

Todo esto me suscita curiosas reflexiones. ¿Cómo fue el texto de Mejía, y no directamente el de Gelio, el que atrajo la atención de Montaigne? Seguramente, la proximidad con Mejía, que cultiva la miscelánea, pero que la actualiza de acuerdo con los nuevos tiempos que vive. Mejía es autor de la Silva de varia lección, pero también es, no lo olvidemos, un lector de Gelio. Con esta labor lectora actualiza al viejo autor latino y, es más, lo prepara para una nueva lectura, la del humanismo del siglo XVI. De hecho, lo que en Gelio es una lectura fundamentalmente gramatical, si bien de alcance más lejano, en Mejía y Montaigne se transforma en una lectura plenamente moral y ejemplar. El cambio a menudo es sutil, pero en esa sutileza es donde aparecen las nuevas ideas, los nuevos presupuestos culturales que preparan la modernidad. Estos dos textos que aquí presento son testigos de ese pequeño gran milagro.
Alguien dirá que este blog no trata sobre cosas actuales. ¿Estáis seguros?

Bibliografía

Mexía, Pedro. Silva de varia lección I-II, Antonio Castro (ed.). Madrid: Cátedra, 1989-1990.

Montainge, Michel de. Ensayos completos. Almudena Montojo (trad.) y Álvaro Muñoz Robledano (intr.). Madrid: Cátedra, 2003.


Francisco García Jurado

H.L.G.E.