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sábado, 12 de septiembre de 2009

EL ACTOR QUE LLORÓ DE DE VERDAD

Hay veces en que las casualidades se vuelven gratas coincidencias. A finales del año 2007 me encontraba terminando mi selección de las Noches Áticas, de Aulo Gelio, donde había decidido incluir la entrañable historia del actor Polo, que dejaré que os cuente unas líneas más abajo el propio autor latino. Mi hermano, Alberto, sin saber de este pormenor, me hizo un regalo admirable: la reproducción facsímil de un actor romano que lleva un máscara de mujer, a la manera de los actores griegos, procedente del Museo Greco-Romano de Alejandría. La época de la figurilla bien podría ser la misma en que vivió Aulo Gelio, el siglo II de nuestra era. Por ese tipo de asociaciones que solemos hacer ante las cosas que ocurren a un mismo tiempo casualmente, quise bautizar a esta figurita con el nombre de Polo:


"Historia del actor Polo, digna de recuerdo (Aulo Gelio, Noches Áticas, libro 6, capítulo 5)

Había un actor de gran fama en Grecia que superaba a todos los demás por la claridad y belleza de sus ademanes y su voz. Dicen que su nombre era Polo, y que solía representar las tragedias de los autores de renombre con gracia y oficio. Mas el actor perdió a su hijo, la única persona que amaba. Sólo volvió a su profesión una vez le pareció haber llorado lo suficiente su pena. Resulta que por aquel entonces, cuando se disponía a representar en Atenas la Electra de Sófocles, debía portar una urna donde se suponía que estaban los restos de Orestes[1]. El argumento de la obra estaba concebido de tal manera que, como si llevara realmente las reliquias de su hermano, Electra llorase y lamentase su muerte. Así pues, Polo, vestido con el negro hábito de Electra, sacó los huesos y la urna del sepulcro de su hijo, y como si abrazara a Orestes colmó todo el escenario no de forma figurada y fingida, sino con dolor y lamentos verdaderos y agitados. De esta forma, cuando parecía que se representaba una obra, era el dolor el que se estaba representando."

La historia de Polo, actor ateniense del siglo V, muestra cómo la ficción y la verdad pueden entremezclarse. El actor, que acaba de perder a su único hijo, se identifica con el personaje dramático de Electra cuando ha de sostener la urna que guarda los huesos de su hermano. Cuando Polo sale al escenario vestido de Electra, no lo hace con una urna ficticia, sino con la de su propio hijo. Sus lamentos, por tanto, son verdaderos y no los acostumbrados fingimientos del actor.

Conviene apuntar que Diderot se hace eco de este episodio en La paradoja del comediante (traducción del francés por Ricardo Baeza, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999 [edición digital basada en la edición de Calpe, Madrid, 1920]), si bien equivoca a Sófocles con Eurípides:

“SEGUNDO.- Aulo Gelio cuenta en sus Noches áticas que un cierto Paulo, cubierto con la lúgubre vestimenta de Electra, en lugar de presentarse en escena con la urna de Orestes, apareció abrazando la urna que encerraba las cenizas de su propio hijo, al que acababa de perder, y que entonces no fue ya una vana representación, un leve dolor de teatro, sino que la sala se llenó de gritos y de verdaderos gemidos. PRIMERO.- ¿Y creéis que Paulo, en aquel momento, habló en escena como habría hablado en su casa? No y no. Ese prodigioso efecto, del que no dudo, no dependió de los versos de Eurípides ni de la declamación del actor, sino de la vista de un padre desolado que bañaba con sus lágrimas la urna de su propio hijo.”

[1] Concretamente se trata de Sófocles, Electra 1126-1170.

Francisco García Jurado

H.L.G.E.