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sábado, 27 de febrero de 2010

LA CARTA ROBADA, O DE CÓMO LA REALIDAD SUPERA SIEMPRE A LA FICCIÓN


La inteligencia supone ver, precisamente, lo que ESTÁ A LA VISTA, pero otros no ven, bien porque muestran un comportamiento necio, bien porque se pasan de listos. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO
Uno de los cuentos más notables de Edgar Allan Poe es el titulado "La carta robada", que se inicia con una inquietante cita de Séneca que en realidad escribió el mismo Poe: NIHIL SAPIENTIAE ODIOSIUS ACUMINE NIMIO. "Nada", en efecto, "es más odioso para la sabiduría que la excesiva agudeza". Esto es lo que quiere decir el lacónico texto latino que si no hubiera concebido Poe muy bien podría haber escrito el mismo Baltasar Gracián. El caso es que el cuento narra cómo un detective supo encontrar de un sólo vistazo una carta robada que se venía buscando desde hacía tiempo en una casa mediante una búsqueda exhaustiva. La inteligencia supone ver, precisamente, lo que ESTÁ A LA VISTA y otros no ven, bien porque muestran un comportamiento necio, bien porque se pasan de listos. Esto es lo que puede estar ocurriendo en este mismo momento con INTERNET, donde están quedando, quizá, demasiadas cosas a la vista, como las rutas aéreas de los presidentes de gobierno o los documentos digitalizados que hace años fueron robados de alguna biblioteca. Recuerdo que cuando estaba escribiendo mi libro "Marcel Schwob, antiguos imaginarios", María José y yo pasamos unos días en París para visitar, entre otros lugares, el Instituto de Francia, que fue donde Schwob comenzó a escribir su inmortales cuentos latinos, como "Pupa" o "Las bodas del Tíber". En aquella increíble biblioteca, mirando al río Sena, nacieron los ensueñós de una Roma antigua y quizá inexistente. Cuando Schwob llegó al Instituto, junto a su tío León Cahun, ya se había perpetrado el robo de unos 30.000 libros y manuscritos a carlo de Guglielmo Libri, cuyo apellido ya apuntaba maneras. Entre los documentos había una carta de Descartes que fue adquirida tiempo más tarde en una subasta por Charles Roberts. Su esposa terminó donándola en 1902 al norteamericano Haverford College.
Las bibliotecas cuentan a menudo historias siniestras de robos y actos vandálicos con documentos tan frágiles como fundamentales para que nuestras tradiciones culturales sigan vivas. Cuando se sustrae un libro (no digamos si es un libro valioso) de una biblioteca privamos a generaciones de personas estudiosas la posibilidad de que continúen dando vida a este ejemplar. En realidad, no estamos sólo robando un documento, lo estamos en parte matando para su posteridad. Sin embargo, hoy día ha surgido una forma inesperada de resurrección. Los documentos digitalizados vuelve a ser leídos y vividos por miles de personas interesadas que probablemente nunca hubieran accedido a ese documento, y mucho menos desde su propia casa. Esto es, entre otras cosas, lo que ha permitido al investigador y especialista en Descartes Erik-Jan Bos dar con el paradero de uno de los documentos robados del Instituto de Francia. Es algo parecido a la posibilidad de reencontrarse con un viejo amigo gracias a las nuevas redes sociales. En todo caso, lo que parecía poco menos que imposible, como era encontrar una carta robada, ha resultado tan fácil como conectarse a un ordenador y buscar en una biblioteca remota. La carta robada estaba ahí, a la vista de todos los internautas, pero sólo uno ha sido capaz de encontrarla.

En la fotografía puede verse la carta robada de Descartes, fechada el 27 de mayo de 1641, Copyright 2009 The New York Times Company
http://www.nytimes.com/2010/02/25/books/25descartes.html

FRANCISCO GARCÍA JURADO
H.L.G.E.