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domingo, 21 de abril de 2013

Juan Valera, o el latín al servicio de la vida


Si el nombre de Don Juan Valera está asociado al humanismo español sobre todo por su faceta de helenista y, en particular, por la exquisita traducción de la novelita griega titulada Dafnis y Cloe, lo cierto es que la lengua del Lacio ocupa también un lugar especial en las letras de nuestro autor, sobre todo en lo que concierne a su especial uso de las citas latinas y al empleo del latín para atenuar determinadas referencias escabrosas en las cartas de quien es el mayor epistológrafo en lengua castellana (en la ilustración una imagen de París). POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
Vamos a hacer un pequeño recorrido por estas citas latinas en su epistolario. En primer lugar, Valera utiliza citas de autores latinos y hasta citas latinas de su propio cuño tanto en su obra novelística y poética como en los epistolarios a amigos y familiares. Dos de estas citas resultan especialmente curiosas: Nescit labi virtus y Sunt lacrymae rerum. La primera de ellas, que parece haber sido acuñada por el propio Valera , encierra un pensamiento muy propio del autor y sabemos por el epistolario dirigido a Gumersindo Laverde que estaba destinada a ser el título de una novela:

"Tengo en el telar mucha tela empezada, pero el telar no anda. Los diálogos con Gláfira se han quedado en el III y he empezado a escribir una novelita que no publicaré hasta que esté concluida, si alguna vez llega a estarlo, a fin de que no pase lo que con Mariquita y Antonio y con Lulú, Princesa de Zabulistán, que se han quedado en los primeros capítulos. La nueva novela tiene un título extraño para novela. Se titula Nescit labi virtus" (Carta de Valera a Laverde del 13 de febrero de 1874 [Laverde 1984, 220-221])

El hecho de que con esta cita latina se abra, precisamente, su más famosa novela Pepita Jiménez, publicada en el propio año 1874, y que con ella anticipe el autor uno de los motivos temáticos de la novela, nos hace pensar que la proyectada novela Nescit labi virtus se renominó con el título más convencional, pero acertado, del nombre de la protagonista:

"Nescit labi virtus.

El señor deán de la catedral de..., muerto pocos años ha, dejó entre sus papeles un legajo, que rodando de unas manos en otras ha venido a dar en las mías, sin que, por extraña fortuna, se haya perdido uno solo de los documentos de que constaba. El rótulo del legajo es la sentencia latina que me sirve de epígrafe, sin el nombre de mujer que yo le doy por título ahora; y tal vez este rótulo haya contribuido a que los papeles se conserven, pues creyéndolos cosa de sermón o de teología, nadie se movió antes que yo a desatar el balduque ni a leer una sola página" (Valera 1874, p.5)

Por lo que respecta a la obra epistolar de nuestro autor, encontramos bien al final o al comienzo de algunas cartas una cita bastante recurrente que Valera toma de Virgilio: Sunt lacrymae rerum. Esta cita virgiliana, cuya interpretación no es unívoca, reviste sentidos diversos dependiendo del contexto en el que vaya inscrita. Seleccionamos dos ejemplos, uno de una carta de juventud y otra redactada poco antes de su muerte. El primer ejemplo a que nos referimos aparece al comienzo de una carta dirigida a Serafín Estébanez Calderón:

"Sunt lacrymae rerum, querido don Serafín, y si le escribo a Vd. casi siempre de broma, es por no fastidiarle con mi llanto, no porque me falten ganas de llorar" (Carta del 4 de agosto de 1853 [Estébanez Calderón 1971, 209]

En el segundo ejemplo, que es una carta dirigida a Mariano Pardo de Figueroa, más conocido por el pseudónimo de "Doctor Thebussem", donde Valera nos habla, con el usual gracejo que acostumbra a usar, de las castrantes habilidades que tenían los bellos dedos de una joven, la colocación de la cita al final del párrafo confiere a las palabras de Virgilio una inesperada significación:

"En menos de un cuarto de hora he visto yo capar a Frasquita más de una docena de pollos, valiéndose de aquellos primorosos y encantadores dedos, con que tal vez había acariciado al pérfido gallego. Bien dijo Virgilio: sunt lacrymae rerum" (Carta de Valera al Dr.Thebussem del 27 de julio de 1900 [Bravo-Villasante 1974, 303])

Este uso lleno de humor y, si se quiere, desproporcionado de una cita clásica se corresponde bien con el carácter irónico de nuestro autor. Este mismo carácter irónico propicia un segundo uso del latín por parte de Valera, en este caso encaminado a atenuar algunas referencias procaces, tan usuales en el epistolario dirigido a Serafín Estébanez Calderón, como la referencia a las costumbres homosexuales de ciertos conocidos suyos:

"Las portuguesas, como tengo dicho a Vd., son feísimas; lo que si no excusa, explica por qué algunos ricos fidalgos, por ejemplo el Marqués de Balada y el de Viana, more Graecorum adolescentulis delectantur" (Carta de Valera a Estébanez Calderón del 24 de enero de 1851 [Estébanez Calderón 1971, 113])

o bien noticias de la vida sexual del propio Valera:

"No pondré en olvido los documentos que Vd. me da para evitar el desarrollo de los testes, y usaré lo menos posible de la venus vaga, si bien siempre necesito jacere humorem collectum in corpora quaque" (Carta a Estébanez Calderón del 12 de agosto de 1852 [Estébanez Calderón 1971, 174])

En este mismo sentido, Valera reproduce en una carta a Estébanez Calderón unas líneas de una epístola en latín que él mismo califica irónicamente de "ciceroniano", dirigida al cura de su pueblo, en la que le da cuenta de las actividades sexuales que practica con su última amante:

"Basta decir a Vd. que al cura de mi lugar, con quien me carteo en latín ciceroniano, le pongo este párrafo en mi última epístola: perinde, hic sunt moechas, quae parissiarum expolito more, penem capessunt, lambunt, et surgunt. Non idcirco existime me amoris gaudiis coptum (¿coitum, coeptum?) omnino irrumpere; nam quocumque me verto, causas video castitatis servandae. Y así es la verdad que me contengo cuanto puedo, para no tener un fin desastrado. No dudo que cuando el cura, que ahora está en Córdoba de catedrático de latín en el Colegio de San Pelagio, aquel que siendo niño, "Mártir de la pureza ilustró al Miño" no dudo que cuando el cura lea mi carta, ha de querer introducir en Córdoba las modas de París, pues él es muy campechano progresista, si los hay" (Carta de Valera a Estébanez Calderón del 1 de septiembre de 1853 [Estébanez Calderón 1971, 230])

Se trata, como nos atrevimos a escribir en el antiguo epígrafe de un libro, del uso de las lenguas clásicas al servicio de la vida. FRANCISCO GARCÍA JURADO