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lunes, 13 de octubre de 2014

La magia de la formación de las palabras




Suele ser el fino olfato lingüístico de mis buenas amigas, como es el caso de Rosa Ruiz y de Inmaculada Collado, el que a menudo me ofrece pistas para escribir alguno de estos blogs donde pienso en alto acerca del lenguaje. En este caso, las dudas que Inmaculada ha expresado en facebook acerca de si es correcto "implicamiento" o "implicación", o bien "desmantelación" o "desmantelamiento", me han animado a escribir estas líneas. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
Las cuestiones a menudo tienen un componente de reto y, a la vez, de trampa. Si se nos pregunta cuál de las dos palabras es correcta, "implicamiento" o "implicación", tendemos a dar una respuesta electiva y directa que nos saque de la duda, pero a lo mejor nos olvidamos de lo más curioso: en caso de que "implicación" sea la forma, digamos, correcta, por qué alguien ha llegado a generar la palabra "implicamiento". Formar palabras supone un trabajo a menudo arduo y repleto de senderos sinuosos. Las palabras no suman sus componentes al mismo tiempo, sino poco a poco, como en un proceso de sedimentación que hace que, especialmente en algunas lenguas, no todo sea posible a la vez. Por ejemplo, yo puedo decir "descerebrado", pero no existe, o no es posible, el correspondiente adjetivo "cerebrado", acaso porque no hace falta. Puedo decir "tolerable" e "intolerable", pero al correspondiente "tolerar" no puedo contraponer un "intolerar". "Implicar" es un verbo precioso que tiene que ver con la idea de "plegar". Curiosamente, lo que tiene un solo pliegue es "simple" (del latín simplex), mientras lo que presenta muchos es complicado o complejo. Ya en latín se creó un sustantivo implicatio al tiempo que un implicamentum para referirse a ciertas envolturas. Pero ambos sustantivos se crearon sobre un verbo im-plico  ("envolver", "implicar"). Así, pues, al latín le debemos este pequeño milagro de un concepto que luego hemos utilizado tantas veces cuando queremos relacionar una cosa con otra "envolviéndolas". Son palabras cultas (el latín plico da en español "plegar"), y seguramente ya no fue necesario más que adoptar una de ellas, cuando dejamos de tener conciencia cierta de la diferencia habida entre los sufijos -tio y -mentum (el primero tiene que ver más con el acto en sí, y el segundo con el producto de este acto). En castellano, "implicación" ha pasado ya como una palabra entera, sin conciencia de su antigua formación latina (primero im-plico y ya después implica-tio). Si alguien utiliza, sin embargo, "implicamiento", quizá esté dejándose llevar por la analogía con otras palabras acabadas en "-miento", como "sufrimiento" o "lucimiento". En el caso de "desmantelamiento" y "desmantelación", el camino ha sido, curiosamente, el contrario. FRANCISCO GARCÍA JURADO