miércoles, 28 de mayo de 2014

Dos imágenes: políticas y nostalgia, o el tiempo recobrado


Este blog no trata sobre política, sino que pretende hacer una lectura de dos imágenes que se han superpuesto en mi "retina de la memoria". Cuando el flamante líder de "Podemos", por cierto colega universitario de la Complutense, apareció celebrando su inesperado triunfo electoral, me vino a la mente una antigua imagen de Felipe González, joven y arrollador. No se trata de parecidos ni de cuestiones comunes, sino de una atmósfera que ya no es reconocible en la encorsetada política actual. Se trata de unas personas jóvenes con las que no comparto mayores afinidades, pero en las que sí puedo reconocer ilusiones perdidas en el tiempo. Esta es la breve crónica de mis impresiones, conscientemente imprecisas. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO
Hubo unos tiempos en que, aunque hoy parezcan irreales, la gente sintió ilusión por la política o, más bien, por sus políticos. Posiblemente todo estaba condenado a perderse, porque nos hacemos mayores y los propósitos se degradan, porque dejamos de ser quienes fuimos y nos convertimos en personas acomodaticias. Los partidos políticos, en particular el PP, el PSOE e IZQUIERDA UNIDA han crecido con nosotros, con los que somos de una generación ya madurita, y también ellos se han hecho mayores. Me hace gracia cuando los llamados "progres", es decir, algunos artistas y gente sobre todo del cine, se reúnen para reivindicar algo. Creo que el poeta García Montero es el más joven de entre ellos. Aquellas reuniones de intelectuales parecen ya más un viaje del inserso que una reivindicación. También hemos visto cómo envejecía el "guapo" Felipe (mi abuela decía que parecía un mono), ahora convertido en un señor gordo y rico, qué cosas. El PP, ciertamente, siempre fue viejo, formado por votantes que leían el ABC (ese periódico que llegó a tener un suplemento cultural maravilloso, con Blanca Berasategui y Ansón). El PSOE supo hacerse con un buen sector de votantes entre los jóvenes, y eso que OTAN, DE ENTRADA NO y otras pifias ya nos hicieron ver a aquellos jóvenes que estos políticos no eran ni tan claros ni tan honestos como los pintaba ingenuamente el dibujante José Ramón.

IZQUIERDA UNIDA fue el fruto de tantas batallas internas del PCE, para regocijo de los socialistas, que se llevaban sus electores cansados de tanto dogma y escición. Ay, aquellos lectores del difunto DIARIO 16, cuando no de MUNDO OBRERO. En fin, ahora os veo a todos, con vuestras diferencias, ilusiones y mentiras, como parte de mi biografía. Habéis ido viviendo gracias a vuestros votantes incondicionales, es decir, el PP gracias a esa gente que sólo vota y votará, hasta que se muera, a la derecha, porque es lo bueno y lo cristiano: ancianitas que aún recuerdan a los rojos de la Guerra civil y gente bien pensante que lleva sus hijos a colegios religiosos. Nuevas generaciones. Al PSOE lo votan todos aquellos que sólo votan al PSOE, como parte de mis colegas de la Universidad, porque recuerdan a los grises corriendo tras de ellos, porque el PSOE es un mal menor y porque quieren una educación pública mejor, aunque sus hijos (ya nietos) vayan a los mismos colegios de curas que los hijos de los del PP. En fin, mis amigos los pijoprogres. Por lo demás, y en cuanto a los votantes de IZQUIERDA UNIDA, vaya ahora mi recuerdo emocionado de Jos, mi querido colega de filología alemana, militante de Comisiones y fiel votante del PCE, que se dejó retratar en sus últimos días de vida para reivindicar el derecho a morir dignamente. Jos llevaba un bigote a lo Gunter Grass y era una estampa viva del intelectual de la República Democrática Alemana, aquella que luego se descompuso en su propia mierda. Sin embargo, cuando pienso en Jos y su capacidad de entusiasmarnos me emociono más allá de las ideas. En fin, todo esto lo cuento simplemente porque el otro día, pese a que este joven Pablo Iglesias no me gusta ni me convence, me hizo ver, como a Proust le ocurre en
El tiempo recobrado, que el tiempo de ciertos políticos y de ciertos partidos ha pasado ya. ¿Qué ocurrirá cuando las viejecitas que sólo votan al PP se vayan al cielo, o cuando los pijoprogres del PSOE se vuelvan ya tan mayores que no puedan ni ir a votar (ahora, buena parte de los profesores de instituto que ganaron su plaza en tiempos de Felipe se están jubilando)? ¿IZQUIERDA UNIDA acabará siendo una sucursal de PODEMOS? En fin, con nostalgia, al ver los rostros jóvenes e ilusionados de quienes dentro de veinte años ya no serán tan jóvenes, recordé las primeras elecciones de Felipe, porque allí se podían ver igualmente estos rostros, quizá más épicos.
En esta feria de las vanidades políticas, donde candidatas frustradas con voz de flauta se ven a hora marginadas, casi nada es verdad y todo, todo es mentira, pero quizá la nostalgia de lo vivido se nos muestra como una rara forma de verdad sentimental. FRANCISCO GARCÍA JURADO



viernes, 9 de mayo de 2014

Carta abierta, o familiar, para el poeta Santos Domínguez Ramos

Querido amigo, admirado poeta:

Algunas circunstancias, y ya no suelo incurrir en el inoportuno ejercicio de hallar las causas, han hecho que por la mañana leyera a Petrarca y ahora, por la tarde, como si se tratara de un puro servicio vespertino, fueras tú el objeto de mis lecturas. Ha llegado a mis manos hoy tu libro titulado El dueño del eclipse, de quien Félix Grande, tan llorado, se ha convertido ahora en su merecido destinatario. He recobrado la belleza de tus libros acariciado por la luz dorada de la Sierra del Guadarrama (ya ves que se trata de una bella y coherente combinación), he vuelto a visitar a “una sibila oscura”, que me remonta a las hipálages y las deudas contraídas contigo, he entrevisto las antiguas Siracusa y Babilonia, o la lluvia en Agrigento, acaso tan negra y tan rara. Ya sabes que te has convertido en estilo, irremediable destino de los buenos poetas. Toda esta emoción es ahora la que procuro expresar en estas pobres palabras.

Admirado poeta y querido amigo, no creo que sea casualidad que esta mañana, en las frías salas de espera de un laboratorio de análisis, haya estado leyendo a Petrarca y que ahora te esté leyendo a ti, acariciado por la doble belleza, material y lingüística, de tu libro y de un ocaso serrano. Acaso las casualidades no se explican, sólo se sienten como obras que el tiempo pretende hacer con el arte. FRANCISCO GARCÍA JURADO

jueves, 24 de abril de 2014

Sertorio: Hispania contra Roma

De oscuro linaje, según Plutarco, Quinto Sertorio contaba con varias de las virtudes que pueden convertir a un general en mítico: su valentía y su ingenio. Sin embargo, historiadores antiguos y modernos han visto en él desde un héroe hasta un traidor. En cualquier caso, Sertorio mantuvo en jaque a Roma durante diez años y volvió a resucitar las aspiraciones independentistas de los lusitanos tras la muerte de su caudillo Viriato. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
En el año 82 a.C. Sertorio se encontraba en Mauritania, cumpliendo una misión muy precisa: reclutar un ejército para combatir a Sila, que había sido nombrado dictador como cabeza del partido de los aristócratas. Entonces Sertorio recibió una propuesta inesperada: los lusitanos le ofrecían encabezar una rebelión contra Roma. De esta forma, un pueblo oriundo de la Península Ibérica se ponía voluntariamente en manos de un general romano. Los intereses de los lusitanos no coincidían exactamente con los de Sertorio: los primeros querían librarse del yugo de Roma, el segundo sólo pretendía acabar con el poder de Sila. Pero tenían un enemigo común que hizo posible la alianza. Sertorio ya había estado antes en Hispania acompañando al cónsul Didio, que actuó con implacable impiedad contra los lugareños. Fue así como Sertorio se dio cuenta de que era mucho más inteligente tenerlos como aliados. Por tanto, tras la invitación a encabezar la guerra, Sertorio dejó una parte de sus tropas en África y marchó con 4.000 hombres a Hispania en el año 80 a.C. Comenzaba el mito de Sertorio entre los lusitanos.
Es, precisamente, en ese momento cuando tiene lugar uno de los episodios de la vida de Sertorio que aunque parece anecdótico no lo es en absoluto. Plutarco nos cuenta que un lugareño llamado Espano había encontrado una cierva recién parida. Tras hacerse con la cría, se la regaló a Sertorio, pues era un animal extraordinario por su blancura. La cervatilla terminó haciéndose tan inseparable del general que éste quiso hacer creer que aquel regalo había sido hecho por la propia diosa Diana y que gracias al animal podía conocer secretos vedados a los demás mortales. De esta forma, si algún mensajero traía la noticia de la victoria de uno de sus ejércitos, ocultaba a éste y hacía ver que era la cervatilla la que se lo había transmitido, logrando ser tenido como un dios entre los supersticiosos lusitanos.
Gracias a tales cosas, Sertorio encarnaba en su persona al buen romano, al general aguerrido y al hombre dotado de cualidades sobrenaturales. En cierto sentido, había suplido la nostalgia del antiguo caudillo lusitano Viriato. En lo militar, Sertorio supo combinar sabiamente la táctica romana con la peculiar lucha de guerrillas lusitana: no dar tregua al enemigo, devastar y rapiñar, obrar con rapidez y evitar batallas en campo abierto. Es así como logró poner en jaque a Cecilio Metelo, a quien Sila había enviado a Hispania como procónsul. De manera paradójica, Sertorio lograba las victorias mediante sus estratégicas retiradas. Fue así como Sertorio, con su lugarteniente Hirtuleyo, logró neutralizar la ofensiva de Metelo y avanzar hacia la Hispania Citerior desde la Ulterior. Según Schulten, este avance hacia el Este debió de ser un cómodo paseo triunfal. Sertorio tomó Segóbriga y Caraca, y continuó por Bílbilis y Contrebia. Ahora también los celtíberos hacían causa común con Sertorio.
Llegado a Osca (la actual Huesca), Sertorio fundó una inusitada escuela con el fin de instruir a los hijos de los nobles celtíberos. Sin embargo, el fin de este centro de enseñanza no era tan filantrópico como pudiera parecer, pues le servía para mantener a los hijos de estos nobles en calidad de rehenes. También creó en Osca un senado, si bien no era más que un mero órgano consultivo. Sertorio se acercaba así a la figura que unos años más tarde encarnaría el propio Augusto, pues su verdadera intención era convertirse en emperador. Según Schulten, el propósito de Sertorio era crear en Hispania una segunda Roma para poder lograr así el control de la misma Roma. Hispania se convertía de esta forma no tanto en el objetivo de Sertorio como en el instrumento ideal para terminar con el poder de Sila. Hacia el año 76 a.C., Sertorio estaba ya en la cumbre de su poder, lo que le permitió organizar una gran ofensiva hacia el Levante. Quien acabará siendo su asesino, M. Perpenna Vento, une ahora sus fuerzas a las suyas. Es entonces cuando Sila envía hasta Hispania a otro de sus grandes generales, Pompeyo. Este logra vencer a Perpenna, pues era muy inferior en astucia y valentía al propio Sertorio. No obstante, Sertorio logró interponerse entre ambos contendientes en la ciudad de Lauro, equidistante de Sagunto, donde había establecido su campamento Pompeyo, y de Valentia, a donde había huido Perpenna. Sin embargo, la llegada de las tropas de Metelo, quien había logrado terminar incluso con el lugarteniente Hirtuleyo, supuso un grave revés para Sertorio. Tuvo entonces lugar en Sagunto uno de los combates más decisivos, aunque se libró con una victoria pírrica para Sertorio, por culpa de Perpenna, una vez más. En el otoño del 75 a.C. fue Pompeyo quien atacó a Sertorio, pero sin obtener tampoco una victoria clara. El mito de Sertorio como general invicto comienza a resquebrajarse. Pompeyo envía entonces una carta al Senado de Roma (conservada gracias a Salustio) para conseguir más recursos y tropas. Gracias a esta nueva ayuda, Pompeyo y Metelo ponen cerco a la sertoriana Calagurris en el año 74 a.C. Tras haberse hecho con la Hispana Citerior preparan ahora su ofensiva contra Sertorio en la Ulterior. Además de la ofensiva externa, la división que se va produciendo entre los aliados de Sertorio es cada vez mayor a causa de lo incierto de sus victorias. Para colmo de males, se extravió la cierva del general, encontrada casualmente gracias a unos que la reconocieron corriendo por el campo. Sertorio preparó teatralmente el reencuentro con el animal, dejando que ésta acudiera públicamente hasta él como si de un hecho divino se tratara. No era más que el desesperado intento de recuperar su fama sobrenatural. Pero ya todo era en vano. En el año 73 a.C., el poder de Sertorio se derrumba, una vez perdida la Celtiberia. Obligado a refugiarse en el territorio del valle del Ebro, Sertorio terminará convirtiéndose en un personaje vil y despótico. Las relaciones con los pueblos nativos se vuelven turbias. Incluso va a ordenar la muerte o la venta como esclavos de los hijos que los caudillos iberos habían dejado en la escuela de Osca. También los romanos que habitan con él en Osca recelan cada vez más de su persona. Es entonces cuando movido por la envidia y el miedo Perpenna organiza una conspiración contra Sertorio, al tiempo que el Senado de Roma decretaba el perdón para todos aquellos partidarios de Sertorio que depusieran las armas. Once fueron los coautores del magnicidio, que tuvo lugar durante un banquete organizado en casa de Perpenna para celebrar una falsa victoria. Esto ocurría en el 72 a.C. El asesinato de Sertorio puso fin a su paulatina decadencia, pero también a diez años de campañas militares por Hispania. Tras su muerte, la causa sertoriana fue desvaneciéndose. Tan sólo Calagurris se mantuvo firme hasta el punto de que sus habitantes, sitiados, recurrieron a la ingesta de cadáveres humanos. FRANCISCO GARCÍA JURADO

viernes, 7 de marzo de 2014

Sir William Hamilton, el Vesubio y el fracaso de la Ilustración

Nuestra experiencia visual y estética ante el vaso Portland en el Museo Británico supuso ya una perfecta tarjeta de invitación para conocer a este apasionante erudito del siglo XVIII llamado Sir William Hamilton (1730-1803). Otras circunstancias, como el hecho de haber estado casado con Lady Hamilton y, sobre todo, que ésta fuera amante del almirante Nelson lo han hecho popular en algunas películas y novelas históricas. Pero la figura del embajador y erudito llega mucho más allá de tales circunstancias. POR MARÍA JOSÉ BARRIOS CASTRO Y FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE

Creemos que nuestra revelación final la tuvimos en el pequeño Museo Mandralisca, en la siciliana Cefalú, que devuelve al visitante la pasión desaforada por el coleccionismo. En nuestra biblioteca conservamos un voluminoso ejemplar dedicado, precisamente, a la colección de antigüedades que recopiló Hamilton, decorada al estilo de moda de la época, el llamado "estilo etrusco" (los antiguos Oxford Classical Texts también conservaban este estilo, cuyo color predominante es el marrón). El libro sobre las Antiquities se vendía al precio de 150 euros. Fue una suerte encontrar un ofertón por sólo un tercio del precio en una librería cercana a Cuatro Caminos, en Madrid. Y desde hace tiempo, los tonos cálidos de esa estética dieciochesca que mira a la Antigüedad, afín a las vedutte de Canaletto, han pasado a formar parte de nuestros pequeños ensueños cotidianos. Hamilton, ese británico afincado en Nápoles, representa el anhelo de tantos viajeros británicos que llegaban al sur de Italia en busca de un sueño. Como si se tratara de un nuevo Plinio el Viejo, Sir William Hamilton fue un curioso observador del Vesubio durante buena parte de su intensa e ilustrada vida. Más conocido en el mundo anglosajón, Hamilton fue embajador inglés en la corte de Nápoles entre 1764 y 1800 y empedernido coleccionista: una parte de sus vasos griegos y etruscos fue adquirida por el Museo Británico.
Sus libros sobre Antigüedades etruscas, griegas y romanas y Observaciones sobre el monte Vesubio reflejan perfectamente sus dos grandes pasiones como coleccionista y estudioso. Recibía a los jóvenes ingleses que realizaban el Grand Tour como viaje de formación y acompañaba a los visitantes distinguidos que acudían a Nápoles en peligrosas y asfixiantes excursiones hasta la cima del volcán. No en vano, fue uno de los promotores de la moderna vulcanología, y recopiló preciosas muestras de los diferentes tipos de lava y de piedra, no menos valiosas que sus colecciones artísticas. Durante una de las erupciones que tuvieron lugar en el siglo XVIII el volcán quedó desmochado y afeado. Si Plinio el Joven, al relatar su peripecia durante la erupción del Vesubio a Tácito, vio en la guerra de Troya el paradigma de la destrucción, Hamilton tuvo el referente más cercano en la invasión napoleónica de Europa, que puso fin a sus tiempos dorados junto al volcán. La escritora Susan Sontag escribió una gran novela, titulada El amante del volcán, acerca del peculiar trío que conformaron este personaje, su segunda esposa, Emma Hamilton, y el almirante Horace Nelson. De esta novela admirable nos quedamos con la discusión entre Hamilton y su sobrino William Beckford. El tío es un hombre ilustrado que sueña con la "felicidad pública" y la belleza, mientras el joven Becfkord es un prerromántico que sólo quiere su autosatisfacción y la experiencia de las cosas sublimes. En los jardines de Wörlitz, en la ciudad alemana de Dessau (Alemania), inspirados en los principios filosóficos y artísticos de la Ilustración, podemos encontrar un emotivo homenaje a Sir William Hamilton: un volcán artificial que reproduce a pequeña escala el Vesubio, y a cuyo pie se levanta un pequeño pabellón que evoca la residencia que ocupó el propio embajador en Nápoles.
María José Barrios Castro y Francisco García Jurado H.L.G.E.

jueves, 20 de febrero de 2014

Los peligros de la amistad

Roberto Tinfarano, Los (sanos) límites de la amistad, Trad. de Amado García. Madrid, Albalí editores, 2014, 206 páginas.

Hoy me permito traer ante mis lectores un libro que me ha dejado huella. Lo encontré hace unos días en la librería de la facultad, y me apetecía leerlo sólo por esa idea contestataria que propone ante un valor supuestamente universal: la amistad, especialmente cuando ésta no tiene límites. FRANCISCO GARCÍA JURADO


El profesor Tinfarano, antropólogo de los actualmente más reputados, enseña desde hace muchos años por las rectas calles que circundan la universidad de Turín. Es un hombre afable, y me lo imagino conversando amigablemente en algún remoto café al caer la tarde. Tinfarano ha escrito un libro que, en mi opinión, es digno de colocarse junto a las grandes obras dedicadas al tema, como el propio De amicitia de Cicerón. Lo que confiere personalidad a este nuevo libro es, sin embargo, el contrapunto que supone con respecto a una idea reconocida universalmente como buena. ¿Por qué cuestiona Tinfarano la amistad? La respuesta es aparentemente sencilla. Tinfarano rechaza de plano que la amistad se convierta en algunas sociedades, especialmente las meridionales, en el único medio para establecer relaciones interpersonales. Si no somos amigos de alguien, nadie nos seleccionará para nada. Si no tenemos amigos, no seremos nada. Cree Tinfarano que en los tiempos de Internet, donde es posible encontrar sin mayores dificultades a la persona más apta para cualquier cosa, por rara que ésta sea, la amistad como criterio exclusivo de selección es ya un anacronismo trágicamente cándido. La amistad es un gran sentimiento, qué duda cabe, pero llevada a los extremos del “o conmigo o contra mí” termina siendo un “arma de destrucción masiva social”, en opinión de este pensador acaso utópico. El propio Tinfarano cuenta cómo algunas personas a lo largo de su vida le ofrecieron una “amistad incondicional” que jamás resultó gratis. A cambio de esa amistad, se le requería una completa obediencia, una adscripción sin fisuras. “Así es como funcionan, ni mas ni menos, los partidos políticos”. Esta idea está muy arraigada desde los tiempos de la antigua Roma, donde el concepto de socius o de satelles está íntimamente ligado al de amicus. Por “amistad”, más de una vez, se encubre el servilismo más servil. Propone, por tanto, Tinfarano, una sociedad donde los criterios de relación humana se enriquezcan con nuevos elementos, y no exclusivamente con la amistad interpersonal que crea pequeños círculos de poder y opresión. Por ello, su propuesta no es contraria a la idea de amistad, sino que contribuye a dotar de límites éticos a la misma, de manera que no caigamos en los sempiternos comportamientos sectarios que apreciamos en nuestra vida cotidiana. Para ello, retoma una vieja oposición de términos latinos: amare en latín es “amar”, frente a diligere, que es saber elegir a las personas, aunque con un mejor grado de intensidad que amare, ya que en ésta elección concurren criterios racionales. Una sociedad “dilecta”, que realmente transcienda del clan o la tribu y configure el verdadero Estado, donde una persona con responsabilidad y poder pueda contar con alguien precisamente por su valía, y no por su servilismo, daría lugar a un nuevo tipo de amistad que dejaría de ser mera moneda de cambio. FRANCISCO GARCÍA JURADO  

lunes, 17 de febrero de 2014

El falso sarcófago etrusco del Museo Británico

A pesar de que el Museo Británico se resistió a aceptarlo durante bastante tiempo con toda su artillería académica, finalmente tuvo que reconocer que uno de sus hermosos sarcófagos etruscos era falso. No por ello, ese sarcófago, tan distinto e improbable al mismo tiempo deja de ser maravilloso. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
Cuando menos, el sarcófago no era totalmente verdadero, pues a pesar de que estaba compuesto en buena medida por piezas realmente antiguas y etruscas, la suma resultante sólo era una falsificación. Supe de esta historia por primera en un artículo de el diario El País, y creo recordar que lo había escrito el inolvidable antropólogo y erudito Julio Caro Baroja. Ahora que he adquirido por librería de viejo su conocido libro sobre las falsificaciones de la Historia recupero fresca aquella noticia que quedó grabada en la memoria durante tantos años:

"Hay algunas falsificaciones de momumentos etruscos muy famosas. En 1873 ingresó en el Museo Británico un hermoso sarcófago. El propietario anterior había sido Alessandro Castellani, que lo había comprado a Pietro Perecelli, hermano de un escayolista del Louvre. Salomon Reinach sabía que, en su juventud, y estando al servicio del marqués Pietro Campana, este gran artífice había llevado a cabo restauraciones de fragmentos antiguos, que vendía a los turistas deseosos de llevarse algún recuerdo material de Italia. En última instancia también hizo falsificaciones completas. Por él supo Reinach que, con su hermano, había labrado el sarcófago de Cerveteri, que enterraron y luego descubrieron "como por casualidad". El director del Museo Británico interrogó a Perecelli, que primero confesó que era verdad lo de la falsificación, desmintiéndolo después. Pero las pruebas del hecho parecían evidentes. La inscripción estaba copiada de la de una fíbula que existía en París. La pareja representada no estaba en un kliné, como las de monumentos conversados en el Louvre o la Villa Giulia, sino en una caja rectangular, hábilmente compuesta de fragmentos de relieves, algunos de los cuales eran auténticos. Por otra parte, la indumentaria de la mujer y la desnudez y postura del hombre eran impropios de un banquete funerario. La resistencia a retirar la obra duró varias décadas, pero al fin fue retirada de exposición pública." (Julio Caro Baroja, Las falsificaciones de la Histoira (en relación con la de España), Barcelona, Seix Barral, 1992, pp. 21-22)

Pues bien, las cronologías son a menudo juguetonas con los propios hechos. Un año antes de la publicación de este libro, en 1991, tuve la suerte de adquirir en un puestecillo de libros viejos alojado dentro del claustro de la facultad de Derecho de la Universidad de Ámsterdam una vieja postal del Museo Británico con la siguiente leyenda: "Etruscan Terra Cotta Sarcophagus. Sixth Century B.C. From Cervetri (Room of Terra Cottas). British Museum. Printed at the Oxford University Press". Se trata de la preciosa reproducción que aparece al comienzo de este blog. En algún momento leí el texto de Caro Baroja, más o menos como he reproducido más arriba, pero lo recuerdo en el formato de una página de diario. Desde entonces siempre tuve la razonable sospecha de que aquella postal antigua no reproducía otra cosa que una falsificación, pues se trata de un conjunto escultórico demasiado brillante y diferente como para ser real. No soy capaz de rescatar aquel texto periodístico de Caro Baroja (puede que se tratara de un avance o resumen del libro que estaba a punto de publicar) y, lo que es todavía peor, no encuentro en internet imagen alguna de este supuesto sarcófago (si bien luego, una amable persona me proporcionó datos al respecto). Me pregunto si aquella preciosa mentira quedó oficialmente borrada, una vez se descubrió que era mentira, y hoy sólo aparece en las amarillentas fotografías de comienzos de siglo XX. Os invito a consultar, no obstante, el precioso catálogo de M. Jones titulado Fake?: the art of deception (University of Carolina Press, 1990) (http://books.google.com/books/about/Fake.html?id=LaUnOztbkP4C), con información interesantísima sobre el sarcófago.

En todo caso, la moraleja de esta historia es que, por paradójico que nos parezca, LA MENTIRA SE VUELVE PARTE DE NUESTRA HISTORIA y, a su manera, su recuerdo es también una forma de verdad. En todo caso, mi principal propósito en este blog era que vierais unidos el texto de Caro Baroja y la antigua postal, que como tal postal es indudablemente una joya. Esto demuestra otra de mis inquietudes, que LA BELLEZA ES AJENA A CIRCUNSTANCIAS TAN SUTILES COMO LO QUE ES VERDAD O MENTIRA.
Francisco García Jurado H.L.G.E.

viernes, 14 de febrero de 2014

¿"Parir" o "marir"? En torno a "monomarental" y la imbecilidad política

Que conste que este texto no tiene ningún afán crítico, y que cuando llamo "imbéciles" a los políticos lo hago con mi mejor afán pedagógico, pensando en el sentido que en latín tiene semejante palabra, es decir, la debilidad producida por la carencia de un buen bastón o báculo de apoyo (intelectual, en este caso). El caso es que esto que ahora voy a relatar yo tampoco me lo creía, es más, imaginé que era una noticia propia del día de los inocentes, pero fuera de fecha. Sin embargo, era cierta: en uno de los programas políticos (me da completamente igual el partido concreto) se maneja el neologismo (¿?) "monomarental" (tal como puede leerse) para sustituir al de "monoparental". Relacionar "monoparental" con "padre" es un error sólo achacable a la imbecilidad profunda que inunda las mentes de nuestros gestores y políticos..., de todos. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE

Antes de seguir leyéndome, y por si aún no creéis lo que os digo, os envío directamente a la noticia, pues no me la he inventado:
http://www.europapress.es/epsocial/politica-social/noticia-psoe-dice-termino-monomarental-no-excluye-padres-solteros-divorciados-20110503195205.html
Mi amiga Rosa me hizo llegar semejante joya hace ya tiempo, precisamente cuando me encontraba pensando en una nueva entrada para este blog, de manera que no tuve que pensar mucho más en un posible tema para escribir. Como puede verse, la noticia gira en torno al problema artificial de que, una vez queda sustituido el esperable término "monoparental", aplicado a la familia compuesta solamente por una madre o un padre, el término resultante, "monomarental", parece excluir a los segundos. Está claro que quien ha acuñado semejante voz está pensando por aproximaciones fonéticas. Es oportuno que intentemos reproducir el proceso de pensamiento (por llamarlo de alguna manera) emprendido por la persona creadora de este nuevo vocablo: el término "monoparental" suena a "¿padre?, ¿pare?", y éste término evoca para la persona en cuestión la masculinidad de manera exclusiva, por lo que podemos adivinar. Seguimos intentando reproducir el argumento: si las familias monoparentales españolas están en su mayoría conformadas por una madre y sus hijos, ¿por qué no darle a éstas una denominación "más específica", precisamente, y hacer que residualmente el nuevo término también se refiera a los pocos padres que pueden estar en esta situación de estar solos, sin pareja y al frente de los hijos? No cabe entrar aquí en cuestiones políticas o, más concretamente, de corrección política, es decir, aquellas que intentan favorecer el reflejo de una nueva realidad mediante la adecuación del lenguaje a nuevos usos y costumbres. El problema está en que la premisa mayor del argumento, es decir, relacionar "monoparental" con "padre" (en sentido masculino) es un error que sólo puede achacarse a la más terrible de las imbecilidades intelectuales o estulticias... "Monoparental", compuesto del griego "mono-" (único) y "parental", referido a la madre o al padre, tiene que ver con el término PARIENTE, no con PADRE. Nuestros padres (madres) son, por tanto, nuestros parientes más cercanos, y lo más divertido es que "pariente" parece ser el participio de presente del verbo "PARIR" en latín. De esta forma, la persona a la que de manera más estricta cabe asignarle el término de "pariente" es a nuestra propia madre, es decir, la que nos ha parido. Por extensión, luego pasa a designar al padre y a los demás familiares con los que guardamos una línea cosanguínea.

Cabe pensar, no obstante, que la persona que ha dado a luz ("ha parido") esta palabra sea, más allá de las meras y ensidiosas ataduras etimológicas, una consumada lectora del Crátilo de Platón, o de la Ciencia Nueva de G. Vico, y se haya sentido demiurga del lenguaje, con lo cual se ha visto inspirada para dar ser al nuevo vocablo sólo por una cuestión de afinidad fonética o estética. Por esta razón, le ha parecido que la "P" de "monoparental" es de por sí poco dada al género femenino, por lo que ha recurrido a redecorar la palabra mediante una hábil "M". En ese caso, debe pensar que esto va a tener consecuencias inmediatas en todas aquellas palabras que tienen que ver con "pariente" y, especialmente, con la palabra "PARIR". Según esta modificación, cuando una mujer dé a luz tendrá que decir que "MARE" o que "ESTÁ MARIENDO", y no que "PARE" o "ESTÁ PARIENDO", dejando este último término para los hombres, en caso de que ellos sean capaces alguna vez de hacer algo semejante (decía un inteligente dominico que conocí muchos años atrás que si los hombres tuvieran que parir el aborto sería un sacramento). El "parentesco" y la "parentela", por su parte, deberán quedar sólo para las líneas de familiares "masculinos" (o "pasculinos", si aplicamos con precisión esta neolengua orweliana), de manera que habrá que acuñar nuevos términos como "MARENTESCO" y "MARENTELA" para todo lo relativo a lo femenino.

No hay nada más nefasto que un político metido a gramático o lingüista, pues es cuando comprobamos con meridiana claridad la imbecilidad, es decir, debilidad (intelectual) que preside su cabeza. Desde el emperador Claudio, que intentó imponer nuevos grafemas para ciertos sonidos del latín, sin éxito, hasta Stalin, que, según nos cuenta Cerni en su genial Historia de la lingüística, quiso pasar por el mayor lingüista de la Historia durante los más oscuros tiempos de la URSS, estos engendros y mostruosidades se han repetido una y otra vez. Cabría escribir, de hecho, una historia de las palabras creadas por la imbecilidad. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO