sábado, 10 de enero de 2009

INFLUENCIA DE LAS LITERATURAS CLÁSICAS EN LA FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD


De la admirable producción bibliográfica de Pedro Urbano González de la Calle quisiera hoy destacar un curioso artículo publicado en 1920 con el título “Influencia de las literaturas clásicas en la formación de la personalidad” (Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 41 (1920), pp. 205-232). Se trata de un artículo muy significativo por lo que supone de renovación del discurso propio de un filólogo clásico en los primeros decenios del siglo XX, dado que capta muy bien el espíritu intelectual de su época (desde el idealismo del Croce hasta la prosa culta de Pérez de Ayala...) sin perder de vista el objeto de la propia Filología. El trabajo comienza de manera muy afín a las preocupaciones etimológicas de Unamuno, Ortega o Pérez de Ayala:


“En el proceso de las derivaciones de los vocablos, persona ha servido de base a la formación de personalis, que a su vez ha contribuido a la aparición del abstracto personalitas, del que procede (en la forma del acusativo personalitatem) nuestro término castellano personalidad. Mas para alcanzar clara noción de lo que el adjetivo personalis y el abstracto personalitas expresan, es indispensable analizar etimológicamente la palabra persona”.


La cercanía con la prosa “etimológica” de Ramón Pérez de Ayala está a la vista:


“De aquí que en el teatro griego, como en el latino, los actores no trabajaban a rostro descubierto, sino con unas carátulas que los griegos llamaban máscaras y los latinos personas, que figuraban en inmovilidad plástica el carácter supuesto del personaje, y cuyo propósito se cifraba en ampliar y henchir la voz (persona, viene de per sonare, para que resuene; y la acepción moderna y universal de la palabra personalidad, ¡curiosa mutación de los conceptos!, se deriva de aquellas máscaras de rostro exagerado y fijo).” (apud Pelayo H. Fernández, Ideario etimológico de Ramón Pérez de Ayala, Madrid, José Porrúa Fernández, 1982, pp.189-190).


Es admirable la afinidad, y nos invita a no perder de vista esta deseable faceta intelectual de los propios estudios filológicos.


Francisco García Jurado

H.L.G.E.

miércoles, 7 de enero de 2009

EJEMPLO Y MEMORIA DE PEDRO URBANO GONZÁLEZ DE LA CALLE


Sí, ejemplo y memoria de una persona excepcional que si hubiera nacido en Francia o Alemania hoy sería un reputado y recordado filólogo. Uno de los primeros asuntos a los que me dediqué en este cuaderno de bitácora fue a hablar sobre Pedro Urbano González de la Calle y Agustín Millares Carlo. Pero Urbano ha sido, después de Alfredo Adolfo Camús, mi otro gran descubrimiento de entre los académicos españoles dedicados a los estudios clásicos en España. Ahora que la revista Estudios Clásicos, en concreto su número 134, ha llegado a los buzones de sus lectores, ya estoy en condiciones de contar aquí lo que he dejado por escrito en ella sobre este profesor inolvidable. También hay en mi biblioteca varios libros y separatas suyas, algunos dedicados de puño y letra, y como muestra de una bibliografía exquisita y copiosa. Que no cunda el mito de que quien escribe mucho escribe necesariamente mal, pues en ese caso, quien no escribe nada vivirá con un inmerecido beneficio de la duda. Su obra trata sobre asuntos de estilítica latina y de humanismo español, entre otras cosas, y todavía leen sus trabajos quienes estudian al humanista Sánchez de las Brozas.


Reproduczo a continuación lo que cuento en mi artículo "El nacimiento de la Filología Clásica en España. La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid", publicado en la revista ya aludida:


Hay que esperar hasta los años 30, ya en los tiempos de la Segunda República, para el nombramiento de un nuevo catedrático, Pedro Urbano González de la Calle (1879-1966). Pedro Urbano se había formado en Madrid, pero desde 1904 hasta 1926 fue catedrático en Salamanca. De esta etapa, es destacable el apoyo que brindó a Unamuno tras su destitución como rector en 1914[1]. Sus años salmantinos dan cuenta de importantes estudios sobre El Brocense y el Humanismo Español[2]. En un trabajo muy tardío[3], fruto de una conferencia impartida en México en 1964, da cuenta del ideal que le llevó a este tipo de estudios, inspirado básicamente en la idea de progreso del propio Renacimiento frente a la Edad Media. En 1926 se traslada a Madrid, tras lograr una excedencia para dar clases como auxiliar temporal de la cátedra de Lengua y Literatura Latinas que había dejado vacante Cejador. Sin embargo, esta excedencia supuso en su anhelo por ser catedrático en Madrid una singular cortapisa[4], pues lo dejó excluido en el concurso por traslado de esta misma cátedra, a pesar de ser la que él mismo impartía en ese momento[5]. Como antes dije, fue la cátedra que obtuvo Alemany Selfa. No obstante, continuó como auxiliar en Madrid hasta lograr el nombramiento de catedrático
Pedro Urbano González de la Calle representa lo más granado de la incipiente Filología Clásica en la España de comienzos del siglo XX.de Lengua y Literatura Latinas cinco años más tarde, en 1932, si bien luego pasó a ser profesor de Lengua y Literatura Sánscritas en Valencia y, finalmente, en la Universidad de Barcelona, donde explicó Poesía Latina e Historia de la Filología hasta 1939, fecha de su exilio[6]. Durante su permanencia en Madrid, impartió también, por acumulación, la materia de Sánscrito, asumiendo la cátedra vacante de Mario Daza de Campos, en 1933, con quien colaboró en la docencia de esta materia[7]. Pedro Urbano, a quien, según testimonio de Julián Marías, apodaban “Petrus Cajus”[8], tuvo durante su etapa madrileña una activa participación en el período fundacional de la revista Emerita. Interesante es, por las ideas que se expresan, la reseña que publica acerca del manual de Literatura Latina en la Edad Republicana y Augustea a cargo del filólogo italiano Vincenzo Usani (Emerita 3, 1939, pp. 376-378). Destaca en la breve reseña el eco de la crítica estética de Croce, frente al positivismo de la historiografía literaria (practicada, como antes vimos, en manuales como el de Alemany Selfa), y se deja ver también la herencia intelectual krausista que viene de su propia familia, ya que su padre, Urbano González Serrano[9], había sido discípulo dilecto de Nicolás Salmerón. Asimismo, en el artículo que publica en Emerita acerca de las cláusulas métricas en la prosa de Marcial[10] puede verse la clara influencia de Eduard Norden, cuyas ideas acerca de la Estilística son válidas más allá del propio ámbito de la Filología Latina[11]. Su proyecto de traducir la Historia de la Literatura Latina de Friedrich Leo dentro de la colección “Estudios de Emérita” no se llegó a hacer realidad como tal, aunque apareció anunciado en Emerita 3/2, 1935. No obstante, este libro terminó editándose en Bogotá, el año de 1950[12], por lo que se convierte en todo un símbolo de lo que después definiremos, evocando a Claudio Guillén, como una tensión entre la continuidad y la discontinuidad. Además de sus intereses por la historia del Humanismo y la Estilística, Pedro Urbano fue un excelente lingüista (así lo vemos, en parte, en algunos de los estudios compilados en su libro Varia[13]), y sus trabajos reflejan la importancia que la Lingüística Latina había adquirido en los primeros decenios del siglo XX en España. Precisamente, es como lingüista donde continuó manteniendo un ritmo de investigación excepcional en Bogotá, dentro del afamado Instituto Rufino J. Cuervo, para luego terminar en la U.N.A.M.[14]. Nunca olvidó España, pero tampoco las circunstancias por las que tuvo que marchar. Así lo recuerda la arabista Manuela Manzanares de Cirre:

(...) Don Pedro Urbano González de la Calle, tío de los Barneses, que era exactamente igual que el tercer hombre que está en El entierro del Conde de Orgaz y que estaba allí con Angelita (una mujer pequeñita, dulce y delicada). Este hombre era muy concienzudo y preparaba sus clases de latín[15] todos los días con un diccionario y ella le decía (suaviza la voz): «Pero Urbano ¿cuándo te vas a saber ese libro?». Era genial, no me ayudó mucho porque cuando le decía que una frase no la entendía muy bien me contestaba: «Está muy claro, esto es el genitivo de esto y aquello el acusativo de lo otro», total que me daba una clase de gramática, pero no me resolvía la duda. Estudié sánscrito con él, pero luego se me olvidó. Un día en una fiesta don Urbano coincidió con un ministro español que le dijo que ya podía volver a España porque Franco había perdonado a los republicanos. A don Urbano se le puso la barba de punta y le contestó: «Lo que hace falta saber es si yo le he perdonado a él», se dio la vuelta y se fue. Era fantástico.[16]

Otro de los testimonios más definidores de este profesor nos lo ofrece Guillermo Díaz Plaja[17]:
“El catedrático de sánscrito, don Mario Daza, tenía su clase encomendada a un pintoresco señor, don Pedro Urbano González de la Calle, ejemplar implacable de perfección docente y de ética laica aprendida de los círculos krausistas-institucionistas de que procedía.”


[1] Martínez Lasso, Los estudios helénicos..., p. 350.
[2] De entre sus obras dedicadas al humanismo español destacaré: Arias Montano, humanista (Badajoz, Imprenta del Hospital Provincial, 1928), o Contribución a la biografía del “Brocense” (Madrid, Tipografía de Archivos, 1928).
[3] P. U. González de la Calle, “Desiderata de las investigaciones acerca del humanismo español”, Nova Tellus, 3, 1985, pp. 149-185. Cabe señalar en este artículo las observaciones críticas que hace acerca de los estudios de Menéndez Pelayo y Bonilla: “La historia del humanismo español está por trazar, y la propia existencia del humanismo hispano ha sido discutida, cuando no desdeñosamente olvidada, o preterida en algunas exposiciones modernas muy consultadas por los estudiosos de la historia de la filología clásica. Los nombres de Ulrichs, Gudemann, Immisch y Sandys bastarán como dolorosos «specimina» de las omisiones aludidas. Y no se nos arguya que, en cambio, Menéndez Pelayo y Bonilla San Martín principalmente han concedido a la evocación de los humanistas hispanos fructuosas y largas vigilias y deferentísima atención. El glorioso maestro y el ilustre discípulo, famoso maestro también, han consagrado, es cierto, a los estudios del humanismo hispano serias y numerosas investigaciones, mas no creemos pecar de injustos con esos insignes doctos, afirmando que ninguno de ellos ha trazado la cardinal y característica trayectoria, seguida por los principales humanistas españoles de los siglos más fecundos y gloriosos de nuestra tradición erudita” (“Desiderata…”, pp. 150-151).
[4] Ya en 1914 había firmado la cátedra de Lengua y Literatura Griegas dejada vacante por Soms y Castelín, pero no se presentó. Obtuvo la plaza Mazorriaga (Martínez Lasso, Los estudios helénicos..., p. 193).
[5] Según comunicación de 26 de julio de 1927 enviada por el “Iltrm. Sr. Director general de enseñanza Superior y Secundaria” (Expediente de Pedro Urbano conservado en la Sección de Personal de la Facultad de Filología), donde se dice: “(...) no pudiendo incluirse al Sr. González de la Calle, porque reuniendo méritos por su brillante carrera y excelentes y reconocidas obras publicadas para desempeñar con brillantez la Cátedra de que se trata, la Ley lo excluye para el presente concurso (...)”.
[6] Parra Garrigues, Historial..., p. 237.
[7] Muy representativa de esta labor conjunta es el libro Ratnavali o El collar de perlas por CriHarsa; comedia traducida directamente del sánscrito y prácritos por Pedro Urbano González de la Calle; precede una introducción al estudio de la dramática india antigua por Mario Daza de Campos (Madrid, Victoriano Suárez, 1934). El libro tiene un interesante proemio debido a Daza, donde celebra la inclusión de los estudios de sánscrito dentro de los cursos de la licenciatura de Filología Clásica, no quedando así recluidos en el doctorado: “Estudios excelsos los de la gramática y literatura sánscritas, encerrados, hasta hace poco tiempo, en el impropio marco del doctorado de Letras, felizmente han hallado su adecuado asiento en la licenciatura de «Lenguas clásicas», cuyo nombre, ciertamente, no podría ostentar dentro de nuestra Facultad, si quedase reducida al cultivo de la filología occidental y se omitiere tan alta disciplina, como es la que abarca la lingüística indiana, origen venturoso del conocimiento científico de la gramática indoeuropea.”
[8] J. Marías, Una vida presente. Memorias 1, Alianza, Madrid 1988, p. 118.
[9] Estudiado por A. Jiménez García, El krausopositivismo de Urbano González Serrano, Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, s.d.
[10] P. U. González de la Calle, “Algunas observaciones acerca de la prosa de Marcial (notas para un ensayo)”, Emerita 3, 1935, pp. 1-31.
[11] En un interesante trabajo titulado “Ortega y Gasset, escritor”, texto del lingüista Salvador Fernández Ramírez que ha rescatado José Polo (BRAE 63, 1983, p. 181), se hace una penetrante observación sobre este libro de Norden a la hora de calificar la prosa del pensador: “Acaso hay que calificar su prosa de prosa artística, en el sentido filológico en que la empleó el gran filólogo alemán Eduardo Norden, al estudiar en su monumental Die antike Kunstprose el estilo de los escritores griegos y latinos hasta el renacimiento, obra que algún día encontrará dignos continuadores para los pueblos herederos de la cultura clásica”.
[12] F. Leo, Literatura Romana. Traducción castellana directa del alemán anotada y provista de adiciones bibliográficas y de varios índices alfabéticos por P.U. González de la Calle, Bogotá, Prensas del Ministerio de Educación Nacional (Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo. Series Minor I, 1950. En la página 257 del libro el traductor se hace eco de la aparición de una Historia de la literatura latina (México – Buenos Aires, Breviarios del Fondo de Cultura Económica, 1950) cuyo autor, su colega y amigo Millares Carlo, tuvo a bien dedicársela.
[13] P. U. González de la Calle, Varia. Notas y apuntes sobre temas de letras clásicas, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1916.
[14] Realmente, la etapa americana constituye otro capítulo de la actividad investigadora de Pedro Urbano, con obras como Contribución al estudio del bogotano (Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1963), o Quevedo y los dos Sénecas (México, El Colegio de México, 1965). José Polo ha rastreado alguna de las importantes recensiones que ya en América hizo de obras de sus antiguos colegas del Centro de Estudios Históricos, como Menéndez Pidal o Antonio Tovar (J. Polo, “Tres clásicos de la gramática histórica española. Bibliografía y antología parcial de reseñas. Propuesta de nuevas ediciones (críticas o no)”, Filología Románica, 5, 1987-88, pp. 187). También es interesante la siguiente visión de conjunto sobre el exilio: A. H. De León-Portilla, “Filólogos españoles en la U.N.A.M.”, en J. L. Abellán y A. Monclús (Coords.), El pensamiento contemporáneo y la idea de América II. El pensamiento en el exilio, Madrid, Anthropos, 1989, pp. 225-241, esp. 231-234.
[15] Su sobrina Ángela Barnés me ha contado la misma anécdota, pero asegura que se trataba del Sánscrito, y no del Latín.
[16] M. del Amo, “Una mañana con la arabista Manuela Manzanares de Cirre”, Aljamía. Revista de la Consejería de Educación de la Embajada de España en Rabat, 15, diciembre de 2003, p. 14.
[17] G. Díaz Plaja, Memoria de una generación destruida (1930-1936), Barcelona, Delos-aymá, 1966, p. 88.

martes, 30 de diciembre de 2008

LOS ORÍGENES DE LA FILOLOGÍA CLÁSICA EN ESPAÑA


Lecturas informales -lo eran todavía- de textos escritos en la década de los años 80 del siglo XIX, en particular de Menéndez Pelayo y Alfredo Adolfo Camús, me llevaron a la sospecha de que el uso de la juntura "Filología clásica" no fue efectivo en España hasta esta etapa. Es evidente que cuando hablo de "uso" estoy pensando en ciertos contextos intelectuales privilegiados, pues ni aún hoy día, si salimos a la calle, nuestros paisanos tienen muy claro eso que llamamos -aún- Filología. El caso es que la conformación de unos estudios de Filología clásica en España responde, como ya he tenido ocasión de decirlo en otras ocasiones, a un complejo complejo cultural cuyo comienzo puede situarse en la etapa señalada y su cristalización -primera- ya en los años de la II República. Todo ello lo he tratado con cierto detenimiento en un trabajo del que me siento particularmente orgulloso, y que acaba de aparecer en la revista Estudios Clásicos. Cien notas a pie de página, en nada accesorias, enriquecen este trabajo, donde he dejado muchas horas de archivo y biblioteca y, sobre todo, he intentado hacer una propuesta metodológica diferente, que integre la historia de la Filología en el contexto más amplio de la Historia de la Cultura. También quiero dejar constancia de inestimables ayudas a la hora de escribirlo, como la de Santiago López Ríos y Jaime Siles. Esta publicación, además, coincide con las celebraciones relativas a la creación de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid en 1933. Es por ello por lo que ilustro este blog con una de las partes de la vidriera art decó -recién montada, tras su recuperación- que muestran, precisamente, las alegorías de Grecia y Roma, dentro del contexto más general de la representación de las humanidades. Como adelanto de lo dicho, tengo el gusto de reproducir el comienzo del artículo, lo que puede servir, asimsimo, de invitación a su lectura:



En unos tiempos como los actuales, donde parece que a nadie le preocupa lo que ocurre en las disciplinas académicas ajenas, resulta curioso, cuanto menos, leer lo que dice un historiador y filólogo de la talla de Américo Castro en 1928 acerca de los Estudios Clásicos en España:
¿Puede continuar el hecho de que no se produzca un solo libro en España sobre antigüedades clásicas -latín y griego-, que merezca la pena incorporarse a la bibliografía internacional sobre estas materias?1
Este aserto no era, ciertamente, gratuito o casual. El mismo Américo Castro había publicado en 1922 una traducción de la Historia de la Lengua Latina de Friedrich Stolz para la llamada “Biblioteca española de divulgación científica”2. Américo Castro contribuye decisivamente a fomentar el interés por los Estudios Clásicos en general y la Lingüística Latina en particular dentro del propio Centro de Estudios Históricos, que en 1933 crea una Sección de Estudios Clásicos y otra dedicada a los Estudios Árabes. Menéndez Pidal deja clara esta circunstancia cuando declara el interés específico que tienen los Estudios Clásicos, sobre todo los relativos a la lengua latina, para el conocimiento del español: “Los estudios clásicos se cultivaron en el Centro de Estudios Históricos principalmente en torno al latín, presupuesto básico para el estudio del español”3. De hecho, no faltan buenos latinistas en este momento, como Pedro Urbano González de la Calle o Vicente García de Diego, de los que luego hablaré, junto a otros nombres imprescindibles como los de Eustaquio Echauri4 o Abelardo Moralejo5. Sin embargo, mientras para la dirección de los Estudios Árabes no se dudó en la figura del catedrático Asín Palacios, para el caso de los Estudios Clásicos se recurrió a un profesor italiano. Fue Américo Castro, de hecho, quien trajo a España al lingüista italiano Giuliano Bonfante6, que quiso rebautizarse como “Julián” (así aparece en los papeles de su expediente). Bonfante, que desempeñó un lectorado de italiano en la Universidad de Madrid durante el curso 34-35, se convirtió en una persona clave de la Sección de Estudios Clásicos del Centro de Estudios Históricos como redactor de la revista Emerita hasta el año 37, donde colaboró con otros eminentes profesores, como el mismo Pedro Urbano, José María Pabón y Antonio Tovar. Junto al Centro de Estudios Históricos, otra institución fundamental para este giro fue la nueva Facultad de Filosofía y Letras de Madrid7, “si no se piensa que la novedad se limitó a la erección de unos espaciosos edificios algo monótonos”, sino en las grandes ideas que en ellos se gestaron, como bien apunta José Carlos Mainer8.


1 A. Castro, “La Ciudad Universitaria”, El Sol, 6 de enero de 1928.
2 F. Stolz, Historia de la Lengua Latina. Traducción de Américo Castro, Madrid, Victoriano Suárez, 1922. Si bien figura oficialmente Américo Castro como traductor, me comenta Jaime Siles que la traducción en realidad pertenece a José Vallejo, según la información que a él mismo le proporcionó el profesor Antonio Fontán.
3 R. Menéndez Pidal, “Discurso de D. Ramón Menéndez Pidal”, en Actas del II Congreso Español de Estudios Clásicos (Madrid-Barcelona, 4-10 de abril de 1961), Madrid, S.E.E.C., 1964, p. 18. Véase también el documentado estudio de José López Toro, “La Filología Latina, propedéutica para la española”, en Cuadernos Hispanoamericanos 238-240, 1969, pp. 296-307.
4 L. S. Sanz de Almarza, Eustaquio Echauri Martínez. Su vida y “Notas filológicas”: (Sobre voces y frases incorrectas). Polemista (contra Américo Castro y J. Balcells Pinto) y eximio lingüista. Apéndice: locuciones latinas y extranjeras frecuentes en literatura, Logroño, s.e., 1992. La figura de Echauri (1873-1953) es muy interesante, tanto por su actitud de polemista como por su Diccionario manual latino-español (primera edición de 1927, con prólogo de Luis Segalá), precedente del diccionario escolar Vox.
5 J. J. Moralejo Álvarez y J. L. Moralejo Álvarez, “Abelardo Moralejo Laso (28.1.1898-10.4.1983)”, Estudios Clásicos 86, 1981-83, pp. 291-298. En Salamanca, Pedro Urbano González de la Calle aficionó a su alumno Abelardo Moralejo en la Lingüística Histórica y Comparada. Asimismo, ya en Madrid, siendo becario del Centro de Estudios Históricos, éste llevó a cabo su tesis doctoral sobre Las oclusivas sonoras aspiradas en latín bajo la dirección de Julio Cejador.
6 Cf. P. Martínez Lasso, Los estudios helénicos en la Universidad española: 1900-1936, Madrid, Universidad Complutense (tesis doctoral), 1988, pp. 697-698. Hasta el momento, este es el único estudio de conjunto sobre el tema que tratamos, si bien no se contempla en él la Filología Latina.
7 Al mismo tiempo, en Cataluña se está produciendo un proceso paralelo gracias a instituciones como el Instituto de Estudios Catalanes, la Universidad Autónoma de Barcelona, e instituciones privadas, como la Fundación Bernat Metge, que crea la fundamental colección de clásicos bilingües del mismo nombre. Asimismo, varios profesores encarnan en Cataluña este proceso de cambio, como José María Balcells (muy bien estudiado por José Luis Vidal en “Joaquim Balcells, el llatinista de la Universitat Autònoma”, en J. Malé et alii (eds.), Del Romanticisme al Noucentisme. Els grans mestres de la Filologia Catalana i la Filologia Clàssica a la Universitat de Barcelona, Barcelona, Universitat de Barcelona, 2004, pp. 93-106) o Lluís Segalá (a quien Carles Miralles ha dedicado interesantes estudios, como Lluís Segalà i Estatella. Sembança biogràfica, Barcelona, Institut d’Estudios Catalans, 2002). En otro momento, debería abordarse el asunto de la complejas relaciones que pueden trazarse entre los clasicistas de Barcelona y Madrid.
8 J. C. Mainer, La Edad de Plata (1902-1939). Ensayo de interpretación de un proyecto cultural, Quinta edición, Madrid, Cátedra, 1999, p. 287.




“Los orígenes de la Filología Clásica en España. La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid (1933-1936)”, Estudios Clásicos 134, 2008


Francisco García Jurado

H.L.G.E.

domingo, 28 de diciembre de 2008

MADAME DE STAËL EN MÁLAGA


No, no se trata de una ficción o de una invención audaz sobre la biografía de la deliciosa escritora suiza que, como en otros casos conocidos, hoy se considera francesa. Madame de Staël (1766-1817) nació en un mundo, el ilustrado, y murió en otro, el romántico. En otra ocasión hablé sobre su libro de memorias y sus impresiones acerca de Napoleón, quizá una de las mayores decepciones de su vida. En todo caso, andaba hace tiempo con ganas de leer una de las novelas más populares de esta autora, la titulada Corina o Italia. Por diferentes razones, entre otras, la de adquirir una rara obra de Julien Benda sobre Propercio (1928) de la que hablaré en otra ocasión, acudimos a la preciosa librería de Antonio Mateos que se encuentra muy cerca de la calle Larios, en Málaga. Mientras curioseábamos entre los lomos de piel, María José dio con un ejemplar soñado, precisamente la edición que de la novela Corina se hizo en España en 1820 (publicada en Valencia por Cabrerizo). Se trata de dos bonitos tomos en plena piel, algo fatigada, pero en muy buen estado. Su traductor, Juan Ángel Caamaño dedica a la novela un interesante prólogo que ha sido estudiado pormenorizadamente por la profesora María José Alonso Seoane, de la Universidad Complutense. Ahora que tengo tanto interés en saber sobre los avatares de las humanidades en esa época convulsa que va desde finales del siglo XVIII al tercer decenio del XIX, tenía en mis manos uno de los documentos más tempranos de la conciencia del romanticismo en España. No en vano, la edición coincide con la etapa casi efímera del llamado Trienio Liberal (1820-23), previa a los exilios de lo que después fue la llamada "Década Ominosa". El ideal romántico penetró en España por vías diversas, llegó incluso a los manuales de literatura latina (sobre todo por la inspiración de Schlegel), pero sorprende, en verdad, el prólogo que Caamaño pone a la novelita de viajes escrita por Madame de Staël, donde ya se ve configurada la conocida oposición entre clásicos y románticos: "La voz clásico, como que es una abstracción, puede tener varias acepciones; por tanto, para hablar con juicio de la literatura clásica, y de la romántica, es menester fijar primero el sentido de lo que se quiere dar." Así de claro se muestra nuestro traductor antes de iniciar el viaje literario por Italia.
Todo esto me ha hecho pensar en Madame de Staël mientras tomábamos un café, al caer la tarde, en una cafetería de la calle Larios. La circunstancia por la que esta autora quedará para nosotros siempre unida a Málaga es algo naturalmente circunstancial, si se quiere, incluso arbitrario, pero no deja de ser por ello una razón eficaz. Málaga es una ciudad literaria y cargada de historia. Quizá no sea tan casual haber encontrado esta edición del libro precisamente en ella.

Francisco García Jurado

H.L.G.E.

viernes, 26 de diciembre de 2008

UN SACERDOTE Y PROFESOR DE GRIEGO EN LA FACULTAD DE MORENTE


El olvido es una suerte de ley tácita cuando se escribe la Historia, en especial aquella que no cuadra con nuestros intereses más inmediatos. Pero las circunstancias que envuelven los acontecimientos históricos suelen ser más complejas que nuestros esquemas previos y prejuicios. Siguiendo con el comentario de algunos de los profesores de lenguas clásicas que poblaron la mítica facultad de García Morente, allá por los lejanos años treinta, hoy quería destacar la figura de un profesor encargado de curso que impartió griego entre 1935 y 1936. Se trata de Daniel García Hughes, autor de una gramática griega editada por primera vez en 1935 y luego en el año 39. Como está en este momento descubriendo María José Barrios Castro, es una obra que ya ha asumido los principios de la gramática histórica, de manera parecida a lo que García de Diego había hecho con el latín a comienzos de siglo. Ya habían pasado más de cincuenta años desde la traducción de la pionera gramática de Curtius por parte de Soms y Castelín, y era tiempo más que suficiente para que los nuevos planteamientos dejaran de ser un hecho marcado y sospechoso. Algo de esto quedaba a comienzos del siglo XX, cuando los planteamientos de la gramática tradicional eran más propios de centros religiosos, mientras que los de la gramática histórica, ligada a las nuevas teorías sobre el indoeuropeo y el cambio lingüístico, eran más propias de los institutos públicos. García Hughes, sacerdote y helenista, asume los nuevos principios en su gramática e imaginamos que también en sus propias clases de griego. Gracias a su talento como maestro y helenista llegó en condiciones excepcionales a la facultad de Filosofía y Letras de Morente. Es muy elocuente el testimonio que sobre él expresa María Rosa Alonso1:


"Lo ocurrido con don Daniel García Hughes fue un caso expresivo de la capacidad organizadora del señor García Morente y del buen sentido de la Facultad. Un grupo de alumnos de la misma dábamos clase particular en el centro católico de Amigos de la Enseñanza de la calle de Claudio Coello, 32, con «Don Daniel», canónigo de la Catedral de Madrid y excelente helenista, buen maestro y bellísima persona. Su prestigio docente lo llevó, sin ser ni bachiller, a profesar una cátedra de Griego en la Facultad, a la que sus antiguos alumnos particulares seguíamos yendo. Las máximas facilidades alcanzó luego para hacer el bachillerato y la licenciatura."

(Mª R. Alonso, Pulso del tiempo, Santa Cruz de Tenerife, Ediciones Idea, 2005, p. 283)


Sin embargo, esta etapa "republicana" aparecerá ya contada de una forma velada y anacrónica en la necrología oficial que se le hace desde el CSIC.:

"Daniel García Hughes 1883-1943
«La personalidad vigorosa del Vicedirector del Instituto «Francisco Suárez», Dr. Daniel García Hughes, canónigo de la S. I. C. Basílica de Madrid y Profesor de Sagrada Escritura del Seminario Conciliar, tuvo gran relieve humano y científico, y en pleno servicio al Consejo Superior de Investigaciones, llegó a la muerte en 19 de octubre de 1943. Participó el Dr. García Hughes, con perseverante entusiasmo, en todas las tareas del Instituto «Francisco Suárez» y de modo especial en la organización de las Semanas de Estudios Bíblicos. Colaboró asimismo frecuentemente en sus revistas, y pocos días antes de su fallecimiento aparecía un artículo, debido a su pluma, en la Revista Estudios Bíblicos. Fue alumno del Pontificio Colegio Español de Roma, de la Universidad Gregoriana y del Instituto Bíblico de la Ciudad Eterna. Con tan profunda y completa formación pudo penetrar docta y sagazmente en los estudios escriturísticos desde su juventud. Poseía también a la perfección la lengua griega, que enseñó en las aulas de la Universidad de Madrid. Había llevado a cabo este sabio Profesor una magnífica versión del texto griego del Nuevo Testamento, y la dio repetidas veces a las prensas para sembrar el conocimiento y amor de las letras divinas en la gente de España. Había trabajado también en el campo de la prensa y de la acción social católica durante muchos años. Ejemplar sacerdote ha dejado por heredero universal de sus bienes al Hospital de Sacerdotes de San Pedro Apóstol, de Madrid. Deja, el que fue sabio Vicedirector del Instituto «Francisco Suárez», un alto ejemplo de perseverancia y una labor maciza y fecunda en sus estudios y traducciones de la Sagrada Escritura.»" (Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Memoria de la Secretaría General. Año 1943, Madrid 1944, págs. 69-70, Necrologías.)


Es curioso, hay individuos cuya biografía completa es imposible de contar dependiendo del contexto político en que se esté. ¿Qué mal hay en decir que un sacerdote helenista dio clase en la Facultad de Morente? Otros, de una moral estrictamente laica, como Pedro Urbano González de la Calle, tuvieron que partir después al exilio, y jamás regresaron a España. Que personas de tan distinta filiación política dieran clases en aquel lugar es, precisamente, un indicio de inteligencia.


Francisco García Jurado
H.L.G.E.

domingo, 21 de diciembre de 2008

MARCEL PROUST: ECOS Y REFLEJOS

En 1996 tuve el privilegio de publicar, gracias a la oportunidad brindada por los profesores Enrique Otón Sobrino y Guy Serbat, un artículo que llevaba el título siguiente: “Le vêtement féminin chez Properce et chez Marcel Proust: Polygénèse d'un motif littéraire particulier”
REF. Vita Latina (Université Paul-Valery [Montpellier]), Anno MCMXCVI Mense Iunio nº 142, pp. 44-51. La posibilidad de trazar una relación compleja entre el poeta Propercio y la obra de Proust nace de un doble acercamiento, el académico y el de mis propias lecturas de formación. Ateniéndome por aquel entonces a los criterios propios de la filología positivista, la dualidad entre tradición y poligénesis, no dudé en establecer una relación del segundo tipo entre ambos autores. No me atreví a desentrañar la complejidad y riqueza que pone en relación la poesía de Propercio con la obra de Proust, y en particular la reproducción de las características del amor elegíaco en un contexto moderno. Curioso resulta encontrar la figura del "custos ornati" en la obra proustiana, o la "resurrección" de la amada tras su partida. Un motivo particular y especialmente interesante es el del vestido de la amada, ligado a asuntos como el del primer encuentro o la castidad. Un vestido de Cos fascina tanto y es tan inmortal como "une robe de Fortuny", y la estela de Baudelaire está tras ellos, más allá de cualquier tiempo posible. Todo ello, visto desde nuevas perspectivas, nos invita a trazar un complejo encuentro entre Proust y Propercio, dentro de una visión dinámica de la historia literaria y cultural.
Esto es, precisamente, lo que deseo proponer para mi participación en el Congreso Internacional sobre Macel Proust que se celebrará en Madrid a finales del mes de marzo de 2009. Ha sido un privilegio ser invitado a este encuentro, y una forma de volver a textos muy queridos que han configurado mi vida de lector. Este cuaderno de bitácora se ilustra con un portal de la Place de la Madelaine de París, precisamente donde vivió un Proust niño que ya era novelista sin saberlo.

Francisco García Jurado

H.L.G.E.

Debates-Encuentros

Congreso Internacional: Marcel Proust: Ecos y Reflejos
Lunes 23, martes 24 y miércoles 25 de marzo 2009

Este encuentro de investigadores tendrá un enfoque esencialmente comparatista y relacionador : Marcel Proust y su obra en diálogo con su pasado estético y literario, en diálogo con su época, así como la huella de su trabajo en otras obras, otras literaturas y otros ámbitos de pensamiento y creación.El Congreso reunirá a profesores universitarios y especialistas nacionales internacionales en la obra proustiana, perspectiva a la que se han querido añadir “otras visiones”, como las de destacados traductores y creadores literarios, con el fin de demostrar que À la recherche du temps perdu es un texto de inevitable referencia cuando se trata de comprender el devenir de la literatura europea del S. XX.La idea del Congreso surge del Departamento de Filología Francesa, y desde el primer momento, dado el carácter relacionador del mismo, se contó con diversos Departamentos de la Facultad de Filología de la UCM, así como con el Institut Français de Madrid, la casa de Velázquez y los Servicios Culturales de la Embajada Francesa y otros organismos internacionales, como “La Société des Amis de Marcel Proust”, otras universidades extranjeras y personalidades ajenas al ámbito universitario.El Congreso se celebrará los días 23, 24 y 25 de marzo del 2009 en tres sedes: Facultad de Filología de la UCM, Casa de Velázquez e Instituto Francés de Madrid en sesiones de mañana y tarde.

Lunes 23 de marzo - Facultad de Filología

9’00- 9’30 Recogida de documentación9’30-10’00 Inauguración oficial del Congreso

Conferencia de apertura

10’00-11’00 Mireille Naturel (U de Paris III – Sorbonne Nouvelle)“Proust et Flaubert: les pas de géants”

11’00-11’30 Dámaso López (UCM)“Proust y Ruskin”

11’30-12’00 Pausa-café

12’00-12’30 Philippe Chardin (U. de Tours)“De la nouvelle au roman : Proust et Joyce”

12’30-13’00 J.L. Martinez-Dueñas (U de Granada)“Proust en la crítica inglesa”

13’00-13’30 Francisco García Jurado (UCM)“El encuentro complejo entre Proust y Propercio: literatura latina y estéticas de la modernidad”

13’30-16’00 Debate y almuerzo

16’00-17’00 Julio Baquero y Silvia Acierno (Traductores)“Proust y el cine: la adaptación imposible”.

17’00-17’30 Torben Lohmüller (UCM)“Walter Benjamín como traductor de Proust”

17’30-18’00 Debate y pausa Taller de traducción

18’00-19’00 Mª Teresa Gallego (Traductora) “La traducción ¿eco, reflejo o sic...?”

Martes 24 de marzo - Casa de Velásquez

10’00-11’00 Conferencia plenaria - Javier del Prado (UCM)“Metáforas de la música y la música como metáfora”

11’00-11’30 Mª Angeles Ciprés (UCM)“La phrase musicale de Vinteuil et la structure du récit poétique dans Un amour de Swann”11’30-12’00 José Manuel Losada (UCM)“Proust y la ópera”

12’00-12’30 Pausa-café

12’30-13’00 Francisco González (U de Oviedo)“Du côté de chez Poincaré: l’expérience de la madeleine et ses modèles scientifiques”

13’00-13’30 Eugenia Popeanga (UCM)“La ciudad en La recherche”

13’30-14’00 Doina Popa-Liseanu (UNED)“Le voyageur (dé)voilé: Proust chez les Ocsebib”

14’00-16’30 Debate y almuerzo

16’30-17’00 Fernando Iwasaki (Escritor)(Título por determinar)

17’00-17’30 Epicteto Díaz Navarro (UCM)“Espacios de la memoria: Marcel Proust y Juan Benet”

17’30-18’00 Debate y pausa

18’00-18’30 José Ignacio Díez (UCM)"¿Tiempo perdido? Francisco Umbral busca a Proust"

18’30-19’30 Herbert Craig (U. de Nebraska)“Proust en España durante los tiempos de Franco”

Miércoles 25 de Marzo - Institut Français de Madrid

10.00-11.00 Conferencia plenaria - Luc Fraisse (Universidad de Strasbourg)« Proust romancier, critique d’art ? »

11.00-11.30 Michel Bertrand (Universidad de Provence)« Amour de Swann, Amour de soi, Amour du cygne, Amour du signe »

11’30-12’00 Pausa-café12.00-12.30 Luis Gaston (Universidad de Granada)« Proust y Claude Simon: dos escrituras, una memoria.Discurso narrativo, memoria afectiva »

12.30-13.00 Mª Angeles Sirvent (Universidad de Alicante)«Proust y Barthes »

13.00-13.30 Montserrat Serrano (Universidad de Granada)«Ecos de Proust en Patrick Modiano: los caminos de la memoria»

13.30-16.00 Debate y almuerzo16.00-16.30 Patricia Martinez (UAM)Título por determinar

16.30-17.00 Elisa Martinez-Garrido (UCM)«La sensualidad visual de La luna y las hogueras de Cesare Pavese: ¿ecos y reflejos de pinceladas proustianas? »

17.00-17.30 Arno Gimber (UCM)«Marcel Proust en W.G. Sebald: en busca de la memoria perdida»

17.30-18.00 Debate y pausa

18.00-19.00 Conferencia de clausura - Dominique Rabaté (U de Bordeaux)«Après Proust. Stratégies de la mémoire aujourd'hui” (Quignard, Modiano, Jean-Paul Goux) »

Todas las informaciones sobre el Congreso: Tel: 91 394 54 07 (Dpto de Filología Francesa. UCM)Contacto: mlguerre@filol.ucm.es y carriedo@filol.ucm.esTeatro - C/ Marqués de la Ensenada, 10 Entrada libre hasta completar el aforoConferencias en francés o en español / Sin traducción

sábado, 20 de diciembre de 2008

LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS EN LA SEGUNDA REPÚBLICA: LAS LENGUAS CLÁSICAS


Mi amigo el profesor José Torres preguntaba el otro día acerca de quiénes habían enseñado lenguas clásicas en esta mítica facultad de Filosofía y Letras de los tiempos de García Morente. A esta cuestión me llevo dedicando con pasión y entrega ya hace más de un año, y sobre ella hablaré en más de una ocasión en estos cuadernos de bitácora. Dar una simple lista de nombres no es respuesta suficiente, si no se aborda con valentía lo que hay detrás de ellos. Como en casi cualquier departamento de universidad, o cualquier familia incluso, se dan cita tres generaciones de profesores en las dependencias del nuevo edificio: los que pertenecen, para entendernos, a la generación de Menéndez Pelayo (1856-1912), como Mario Daza (1860-1943) (Catedrático en Madrid desde 1898) o José Alemany (1866-1934) (Catedrático en Madrid desde 1899); los que pertenecen a la generación de Ortega y Gasset (1883-1955), como Pedro Urbano González (1879-1966) (Catedrático en Madrid desde 1932); finalmente, los más jóvenes, o la generación de Jorge Guillén (1893-1984), donde hay que situar a profesores como Agustín Millares (1893-1980) (Catedrático en Madrid desde 1926), Bernardo Alemany (1896-1972) (Catedrático en Madrid desde 1927) o Juliana Izquierdo Moya (1888-1966) (ayudante de facultad). Esto es una muestra pequeña, pero significativa, de las personas dedicadas a los estudios clásicos durante este periodo. Hay diversidad y diferencias notables entre ellos, que en buena manera explican muchos aspectos de la historia intelectual española. Gracias al estudio detenido de sus biografía llegamos a comprender mejor ciertas relaciones con el mundo cultural de la época, así como con el mundo científico, en particular el Centro de Estudios Históricos. Debo recordar que la Filología Clásica en España existe oficialmente desde el año 1932, y que es fruto de un complejo proceso que arranca en los años 80 del siglo XIX, al calor de la llamada Polémica de la ciencia española. En esta ocasión sólo quiero llamar la atención sobre un libro singular que representa muy bien lo mejor de aquellos estudiosos. Se trata del el libro titulado Ratnavali o El collar de perlas por CriHarsa; comedia traducida directamente del sánscrito y prácritos por Pedro Urbano González de la Calle; precede una introducción al estudio de la dramática india antigua por Mario Daza de Campos (Madrid, Victoriano Suárez, 1934). Pedro Urbano González de la Calle, que había venido desde la Salamanca de Unamuno, aprende sánscrito con Mario Daza, el decano de los profesores. Gracias a ese aprendizaje nace una colaboración ejemplar que se plasma en este libro único y hermoso. Ahora el libro puede verse en una de las vitrinas de la exposicion, como podéis ver en las fotografías que ilustra este texto. A la derecha del libro hay una gramática latina, la de Millares Carlo y Agustín Gómez Iglesias, libro también ejemplar del que hablaré en otro momento con más calma. También queda pendiente hablar de otra cuestión interesante y delicada: la relación (tangencial) entre los renovados estudios clásicos y la II República española. La historia de vuelve apasionante, y mis estudios con ella.


Francisco García Jurado

H.L.G.E.