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martes, 22 de julio de 2008

PEQUEÑO INTERMEDIO: MAITE Y EL CURSO DE VITORIA


Quería hacer un pequeño intermedio en la serie dedicada a Placas y Turismo para referirme a un pequeño-gran acontecimiento que tuvo lugar entre los diás 6 y 7 de mayo de 2008. Me refiero al curso que Maite Muñoz, Elena Redondo y Guadalupe Lopetegi organizaron en Vitoria con el sugerente título de "Antiguos y modernos". No ha sido un curso cualquiera, durará para siempre en mi corazón.
Un nuevo paradigma aflora, cada vez más decidido, a la hora de adentrarse en las literaturas antiguas. Es necesario, sobre todo, sacarlas de su clausura (en la que encerraron a tales literaturas los estudiosos del siglo XIX, desnaturalizándolas) y buscar lo que podemos llamar "epistemologias transversales", que nos permitan comprender mejor las cosas de siempre con nuevos argumentos, con miradas imaginativas. Lo que ensayé yo mismo con Aulo Gelio, explicado desde la perspectivas de lectores privilegiados del siglo XX como Bioy Casares, Cortázar o Borges, puede ser un ejemplo, si no bueno, al menos digno de lo que digo. Ya está causando sus primeros efectos.
En todo caso, durante este curso, tuve la sensación, nada común, de que algo estaba al fin cambiando en el panorama de nuestros estudios.
Los días de Vitoria tuvieron, además, un envidiable componente humano. Maite está más allá de los comunes usos académicos, de la distancia y la frialdad, de la tercera persona. La conozco ya desde hace tiempo, por nuestras afinidades personales y de estudios, pues ella se ha dedicado a analizar las lecturas que de los clásicos hizo la admirable Virginia Woolf. No puedo dejar de situar a Maite en el barrio de Bloomsbury, en esas calles blancas y grises que hacen intuir el Museo Británico un poco más allá de una esquina. Ella misma tiene mucho de británica, de lo mejor de esta cultura.
El curso supuso en mí, por aquellos días duros (debido a otras circunstancias) un oasis y, más que nada, una lección de lo que sin ambages quiero llamar "humanidad académica". Gracias, Maite.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.

2 comentarios:

maite dijo...

Como pronto se me hubiera descubierto, me identifico desde ya como la amiga vitoriana de Paco.
En estos tiempos difíciles el paraíso lo encontramos como sin querer en esos momentos que hemos vivido con intensidad y que siempre recordaremos. Estos instantes son siempre desinteresados, no lo olvidemos. En eso se parecen a nuestras lecturas favoritas, que siempre están dispuestas a ayudarnos a esquivar el dolor que nos acecha.

La reunión "Antiguos y Modernos" fue, desde el punto de vista científico, intachable: todos acudimos con un entusiasmo que -eso creo- recordaba el de los primeros congresos, con los deberes bien hechos. Pero si hay algo que, por unas u otras razones, recordaremos todos, son los lazos de amistad verdadera que se anudaron de forma definitiva. Y eso empezando por nuestra nueva amiga, Françoise Waquet (que fue introducida por Paco, precisamente, en el jamón ibérico), y terminando por uno de los estudiantes, Rubén (que quedó encantado en el sentido literal de la palabra con la exposición de Paco, en quien encontró un nuevo maestro).

Otro día hablaremos de Virginia Woolf, de Bloomsbury, o de cualquier otro mundo más o menos literario. De momento, os dejo con un poema de 1940 (la fecha es importante), de W.H. Auden ("Musée des Beaux-Arts"):

About suffering they were never wrong,
The Old Masters; how well, they understood
Its human position; how it takes place
While someone else is eating or opening a window or just walking dully along;
How, when the aged are reverently, passionately waiting
For the miraculous birth, there always must be
Children who did not specially want it to happen, skating
On a pond at the edge of the wood:
They never forgot
That even the dreadful martyrdom must run its course
Anyhow in a corner, some untidy spot
Where the dogs go on with their doggy life and the torturer's horse
Scratches its innocent behind on a tree.
In Breughel's Icarus, for instance: how everything turns away
Quite leisurely from the disaster; the ploughman may
Have heard the splash, the forsaken cry,
But for him it was not an important failure; the sun shone
As it had to on the white legs disappearing into the green
Water; and the expensive delicate ship that must have seen
Something amazing, a boy falling out of the sky,
had somewhere to get to and sailed calmly on.

mari jo dijo...

con comentarios como estos qué importa el número de visitantes.Creo que podemos sentirnos orgullosos de que también podemos seguir aprendiendo de quienes lo leen y aportan nuevos aires a nuestros estudios. me gusta pertenecer a ese grupo de los happy few, me siento una privilegiada.