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martes, 14 de diciembre de 2010

EL GÓLEM DE GUSTAV MEYRINK Y EL ANFITRIÓN DE PLAUTO. PRIMERA PARTE

Sin Plauto y sin Gustav Meyrink el mito literario del doble no sería posiblemente tal y como hoy lo conocemos. A uno y otro extremo de la Historia Universal de la Literatura, y separados básicamente por la revolución que el movimiento romántico supone para este mito en concreto, ambos han sabido renovarlo y ser precursores para su posteridad. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
La comedia Anfitrión, de Plauto (entre el siglo III y el II a.C.), constiuye un genial misterio dramático donde el doble aflora ya en el mismo nombre del protagonista (anfi- significa "por ambos lados"), donde se duplican incluso las parejas de dobles (Júpiter-Anfitrión; Mercurio-Sosias), lo que constituye una de sus grandes novedades, y se vuelve doble, asimismo, el género (tragicomedia). Por su parte, la novela Der Golem, publicada en 1915 por ese inquietante autor austriaco de origen judío llamado Gustav Meyrink (Viena 1868-Starnberg 1932) se presenta como un singular juego de duplicaciones: el narrador se ve involuntariamente encarnado en Athanasius Pernath, tallador de piedras preciosas, quien, a su vez, conforma nuevas formas de duplicación con Miriam (mito del hermafrotita) y con el Golem, manifestación oscura de su conciencia y encarnación, a su vez, del antiguo ghetto de Praga.
Mediante la inesperada técnica de utilizar el texto de Plauto como prisma para acercarnos al de Meyrink, vamos a indagar acerca de las características del doble como mito literario. He aquí cinco rasgos característicos :

a) La privación o imposición del nombre.
b) El papel que desempeña el vestido.
c) La importancia del personaje femenino.
d) La singular aparición de una «noche larga».
e) La importancia de un espacio literario definido por los parámetros “arriba"/"debajo" y "dentro"/"fuera".

Tales rasgos, si bien dentro de un contexto muy distinto, son comunes tanto para el doble de Plauto como para el de Gustav Meyrink, y es, precisamente, a partir de ellos cuando podemos apreciar en su justa medida la reinterpretación del mito. CONTINUARÁ

FRANCISCO GARCÍA JURADO