viernes, 8 de octubre de 2010

LA CIUDAD INVISIBLE DE LOS CLÁSICOS (SEGUNDA PARTE)

Damos hoy comienzo a la serie de entregas relativas a la histoira de la palabra "clásico". Hoy veremos cuestiones preliminares y se trazará el esquema que va a seguirse en el estudio. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE
Posiblemente sea el concepto de “clásico”, junto con el de “canon”, uno de los más controvertidos a la hora de hablar acerca de literatura. La historia del término y de sus transformaciones conceptuales da cuenta, asimismo, de un proceso complejo donde han intervenido aspectos tan diversos como la gramática, la estética, la historia y hasta el propio azar. Nuestro propósito en este trabajo es llevar a cabo un estudio de las dos formulaciones de la idea de “clásico” que se sitúan a uno y otro lado de la línea del tiempo: la primera formulación que encontramos atestiguada, a partir de una curiosa metáfora, en las Noches áticas de Aulo Gelio, y la última gran formulación del concepto, la del autor italiano Italo Calvino, que viene a suponer la culminación de ese largo proceso referido. Esta reflexión servirá para apreciar cuánto ha variado el concepto a lo largo de dieciocho siglos, aunque, para nuestra sorpresa, es posible encontrar todavía algunas coincidencias significativas que demuestran de qué manera el azar, tal como vio Enrst Robert Curtius, sigue ocupando un lugar clave para comprender este término. En particular, queremos revisar la naturaleza metafórica de la formulación y su emplazamiento ideal en una ciudad imaginaria que se parece mucho a la antigua Roma, poblada idealmente de autores jerarquizados por su “solvencia” gramatical y literaria.
Así las cosas, nuestro objeto de estudio lo componen especialmente los textos de Gelio relativos a la palabra classicus en sus dos acepciones: la originaria, de carácter social, y la metafórica, que apunta a la idea de los mejores autores. Haremos después un recorrido histórico del término a partir de dos momentos estelares: el siglo XVI, que marca su resurrección y generalización, y el siglo XIX, que lo transforma profundamente. Tras estudiar algunos de los autores esenciales que revisaron el término a mediados del siglo XX, llegaremos a dos obras clave de Italo Calvino: Por qué leer los clásicos y Las ciudades invisibles.
Nuestro método de trabajo no supone tanto una mera enumeración lineal de testimonios como una ponderación adecuada de ciertos momentos esenciales que nos ilustran acerca de la visión antigua y moderna del propio concepto de clásico. Seguiremos para ello un criterio de oposición entre términos: classicus frente a proletarius o, siglos más tarde, “clásico” frente a “romántico”, que viene a ser una reformulación de la dicotomía entre “antiguos” y “modernos”. Nuestro estudio se desarrolla según el siguiente esquema: (1) el uso que Aulo Gelio hace de classicus adsiduusque frente a proletarius, (2) el uso que Luis Vives hace de classici frente a proletarii atque etiam capitecensi; (3) los “clásicos” frente a los “románticos”; (4) la crisis de mediados del siglo XX: proletarius, non classicus; (5) los clásicos cotidianos, o la biblioteca personal y (6) la ciudad invisible … de los clásicos.

martes, 5 de octubre de 2010

LA CIUDAD INVISIBLE DE LOS CLÁSICOS. ENTRE AULO GELIO E ITALO CALVINO

Vamos a ofrecer estos días , convenientemente secuenciada, una pequeña historia del término "clásico" desde que comenzó a utilizarse por vez primera en sentido literario. Los materiales que expondremos pertenecen a nuestro trabajo titulado "La ciudad invisibles de los clásicos. Entre Aulo Gelio e Italo Calvino", que ha sido publicado en la revista Nova Tellus 28/1, 2010. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE.
Este es el resumen del trabajo, que puede proporcionar una idea general de lo que iremos exponiendo con más detenimiento en sucesivas entregas:

La formulación de classicus para hablar sobre los mejores autores nace en el siglo II de nuestra era. Surge a partir de un uso metafórico que adopta el sentido arcaico del término, pues classicus está referido en principio a una antigua división social establecida en Roma durante los tiempos del rey Servio Tulio sobre la base de la solvencia económica. Así pues, el uso metafórico designa a los mejores autores latinos arcaicos, como si fueran habitantes ideales de una antigua Roma literaria. El término va a sufrir muchas modificaciones, no ajenas al propio devenir de la Historia, hasta llegar a la última gran formulación, la de Italo Calvino, ya a finales del siglo XX. En pocas palabras, se evoluciona desde una concepción jerárquica a una abiertamente personal de la idea de “clásico”. A pesar de todos estos cambios, entre la primera y la última formulación hay, casualmente, un sorprendente hilo conductor: una ciudad invisible y un autor latino que habita en ella. FRANCISCO GARCÍA JURADO

sábado, 2 de octubre de 2010

EL PROYECTO SOBRE LOS ESTUDIOS CLÁSICOS Y LA EDAD DE PLATA

Dentro de poco aparecerá nuestra monografía titulada"Historia de la literatura grecolatina durante la Edad de Plata de la cultura española (1868-1936) (Málaga, Analecta Malacitana, 2010). Está escrita por dieciséis especialistas y pondrá el broche final a un largo y apasionado proyecto de investigación. Este blog viene a ser una tanto el heraldo de una futura nostalgia que ya es presente. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE.

Una monografía única en su género, prologada por José Carlos Mainer, y una actividad de la Semana de la Ciencia en Madrid programada para el mes de noviembre ("Humanidades en guerra") pondrán fin oficial al proyecto sobre los Estudios clásicos y la Edad de plata de la cultura española que hemos desarrollado durante casi todo este último decenio. Queda la satisfacción de haber dilucidado relaciones entre los Estudios clásicos y la Historia cultural española absolutamente inéditas y muy especialmente el privilegio de haber trabajado con especialistas capaces de dar lo mejor de sí en sus diferentes aproximaciones a un tema diverso y complejo. En otro orden de cosas, no puedo olvidar los intensos meses que tuve el privilegio de participar en las actividades relativas a la exposición sobre la Facultad de Filosofía y Letras durante la II República. Aquello ha supuesto uno de los momentos más hermosos de mi vida académica. El futuro nos depara nuevos horizontes historiográficos, pero este pasado investigador y vital ya quedará para siempre como un verdadero paradigma. Como recuerdo de todo esto, os dejamos con el vídeo que muestra una parte de aquello que hemos estudiado. FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE

http://www.youtube.com/watch_popup?v=_J-3nsjV3ME&vq=medium

martes, 28 de septiembre de 2010

LA ETIMOLOGÍA COMO ORIGEN Y COMO HISTORIA DE LAS PALABRAS

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué resultan tan interesantes las etimologías y, a la vez, son tan discutibles la mayor parte de las veces? Pues quizá sea por la misma razón. El interés por las palabras siempre ha estado en el blanco de las controversias más variopintas, en muchos casos ajenas al lenguaje. La polémica, de manera indirecta, alimenta más, si cabe, el interés por las cosas discutibles. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO
La etimología, la disciplina más antigua que conocemos dedicada al léxico, ha tardado siglos en constituirse como un objeto de estudio en sí mismo para dar lugar así a una disciplina lingüística. No obstante, todavía hoy no es unánime la consideración de la etimología como tal disciplina, pues no es posible una teorización general que, como en el caso de la gramática, enseñe a hacer etimologías, sino que se mueve en el ámbito de lo particular. Aún así, como argumenta Zamboni, si bien la teoría no es suficiente, sí es necesaria para etimologizar con fundamento. Durante la Antigüedad la etimología estuvo ligada a diversos aspectos de la vida, entre los que cabe señalar la religión, la magia, la explicación de la naturaleza, el pensamiento, o el lenguaje poético. Como apunta Alberto Zamboni "la especulación etimológica es ciertamente bastante antigua, tanto que la encontramos documentada ya en las primeras manifestaciones literarias: está ligada, naturalmente, no a una mentalidad histórica y científica en el sentido moderno, sino a una voluntad interpretativa de tipo mágico-religioso o filosófico y es inseparable de la reflexión sobre la naturaleza y sobre el origen del lenguaje humano". Por tanto, podemos decir que una de las características esenciales de la etimología antigua es que no se trata de algo aislado del conjunto de la historia de la cultura. La utilidad que se le dé a la etimología dependerá, en gran medida, de la concepción que tengamos de ella.
De esta forma, la diferencia entre la etimología antigua, concebida como una búsqueda del significado verdadero (esto es, de hecho, lo que parece significar el término griego Eτυμoλoγία), y la etimología moderna o científica, que no es otra cosa que una historia de las palabras (en este sentido, es muy pertinente el subtítulo que Ernout y Meillet pusieron a su "Dictionnaire étymologique de la Langue Latine", y que no es otro que el de" Histoire de mots"), conlleva, asimismo, una diferencia en sus posibles utilidades, bien sean reales o imaginarias.
Hay, en definitiva, dos sentidos diferentes de etimología, según nos refiramos a la etimología antigua (tradicional) o a la etimología moderna (científica):

a) Búsqueda del origen verdadero de las palabras. Esto sería, además, el propio sentido etimológico que tiene la palabra "Étimo".

b) Historia de las palabras, es decir, el estudio de su evolución fonética y semántica a través de fuentes documentales. Se trata de la visión lingüística y moderna de la etimología.

Estos dos parámetros resultan útiles a la hora de estudiar la propia historia de la etimología. Ilustramos este blog con una imagen de la parte trasera del antiguo edificio de la Universidad de París-Sorbona, donde está el afamado Centro de Estudios Latinos que lleva el nombre del egregio latinista Afred Ernout. FRANCISCO GARCÍA JURADO

sábado, 25 de septiembre de 2010

A SILVIA, RECUERDO DE LA PRIMAVERA

Tengo el gusto de traer aquí uno de los poemas más conocidos del poeta Giacomo Leopardi, su elegía a Silvia, donde la melancolía, como evocación de tiempos felices, preside todos los versos. Entramos en tiempos difíciles, además, se va acercando el invierno, y me alegro de que al menos tengamos la gran poesía para poder evocar las cosas perdidas. Al poeta latino Propercio, al que tanto debe Leopardi, su amada Cintia se le apareció como un fantasma. A Leopardi tan sólo le basta la evocación contenida para hacerla revivir. En la imagen, la tumba de Leopardi, cerca de Nápoles, y junto a la supuesta tumba del gran Virgilio. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE.

Poema A Silvia de Giacomo Leopardi

¿Todavía recuerdas
de tu vida mortal, Silvia, aquel tiempo,
en el que la beldad resplandecía
en tus ojos huidizos y rientes,
y alegre y pensativa, los umbrales
juveniles cruzabas?
Resonaban las calmas
estancias, y las calles
vecinas con tu canto inagotable,
mientras a las labores femeniles
te sentabas, dichosa
de aquel vago futuro de tus sueños.
Era el mayo oloroso: y tú solías
pasar el día así.
Yo los gratos estudios
tal vez dejando y los sudados pliegos,
que mi temprana edad
gastaban y de mí la mejor parte,
en los balcones del hogar paterno
escuchaba el sonido de tu voz
y tu mano ligera
recorriendo la tela fatigosa.
Miraba el cielo calmo,
los dorados caminos y los huertos,
y allá el lejano mar, y allá los montes.
Lengua mortal no dice
lo que mi alma sentía.
¡Qué dulces pensamientos
qué esperanzas, qué pálpitos, oh Silvia!
¡Cómo la vida humana
y el hado contemplábamos!
Cuando recuerdo tantas ilusiones,
me abruma un sentimiento
acerbo y sin consuelo,
y me vuelve a doler mi desventura.
Oh tú, naturaleza,¿por qué no das después
lo que un día prometes? ¿por qué tanto
engañas a tus hijos?
Antes que el frío arideciera el prado,
de extraña enfermedad presa y vencida,
moriste, oh mi ternura, sin que vieras
las flores de tu edad;
no alegraba tu alma
el dulce elogio o de las negras trenzas
o de tu vista esquiva y amorosa;
ni contigo en las fiestas las amigas
de amoríos hablaban.
También murieron pronto
mis dulces esperanzas: a mis años
también les negó el hado
la juventud. ¡Ah, cómo,
cómo pasaste, cara compañera
de mi primera edad,
mi llorada ilusión!
¿Es este el mundo aquel? ¿estas las obras,
el amor, los sucesos, los placeres
de los que tanto entre los dos hablábamos?
¿esta es la suerte de la raza humana?
Al llegar la verdad
tú, mísera, caíste: y con la mano
la fría muerte y la desnuda tumba
de lejos señalabas.
Versión de Luis Martínez de Merlo

martes, 21 de septiembre de 2010

¿AUTORES SIN OBRA? ENTRE EL ACCIDENTE Y EL MITO

Nos parece lo más natural del mundo que un autor escriba una obra literaria, o que una obra literaria pertenezca a un autor concreto. Sin embargo, son frecuentes las ocasiones en que este esquema del autor y su obra se rompe por circunstancias diversas. Hay obras sin autor, aquellas que generalmente denominamos “anónimas”, pero también puede haber, en sentido inverso, autores sin obra. Esta circunstancia va desde lo real a lo meramente verosímil. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE
Hay un extraordinario cuento de Clarín que lleva como título un nombre propio romano: “Vario”. Vario fue un reconocido poeta de la época de Augusto que ha pasado a la posteridad con su obra completamente perdida, con la excepción de un par de versos. Clarín recrea la figura de Vario en el foro, orgulloso de su obra y de su fama. En una suerte de viaje imaginario ulterior, Vario recibe un mensaje terrible por parte de unas sirenas. Éstas le dicen que su obra se perderá para siempre, y que todos sus esfuerzos literarios han sido en vano. Hay muchos autores antiguos que han pasado a los modernos manuales de literatura privados de sus obras, que han terminado convertidas acaso en unos escuetos títulos. Estos autores han quedado privados de sus precisados frutos literarios, pero han sido autores reales alguna vez. Cuando estudiamos este cuento de Clarín, María José Barrio y yo nos atrevimos a compararlo con otro texto de estética latina escrito por Marcel Schwob, concretamente su vida imaginaria de Lucrecio. Quedamos sorprendidos al comprobar cuántas semejanzas se daban entre ambos cuentos. Una de las más notables es que Schwob también planteaba el asunto del autor sin obra en la figura del poeta Lucrecio. En la ficción, Lucrecio moría imaginando o entreviendo tan sólo la magna obra por la que hoy le conocemos, el “De rerum natura”. En este caso, la vida singular y repleta de elementos visionarios, de amor y de muerte, se convertía en la gran obra del autor. Este mito que convierte la vida de un escritor en su gran obra tiene claros referentes bohemios y decadentes. En España, Alejandro Sawa, a pesar de ser el autor de un libro titulado Iluminaciones, ha pasado a nuestro imaginario como personaje de Valle-Inclán. El hecho de convertirse en un famoso autor sin obra va mucho más allá de la circunstancia en la estética bohemia. Es, cuando menos, una manera de creación irrepetible e inenarrable con la materia más cercana a nosotros: nuestra propia existencia. Como podéis ver, la posibilidad de un autor sin obra, ya por accidente, ya como una actitud, resulta realmente interesante. A este tema nos condujo nuestro estudio sobre Clarín y Schwob, ahora publicado en el número dos de los “Cahiers Marcel Schwob”, y también constituye uno de los lugares más curiosos de la historia no académica de la literatura antigua en las letras modernas. (En la ilustración puede verse el cuadro "Tirteo", de Gustave Moureau). FRANCISCO GARCÍA JURADO

martes, 7 de septiembre de 2010

MODERNAS LECTURAS DE LA DECADENCIA: JOAN PERUCHO

Dentro de dos días, el jueves 9 de septiembre, se inaugura en Alicante el XVIII Simposio de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada (SELGYC). http://www.selgyc.com/3circular10.htm Dado que uno de los temas tenía que ver con las literaturas hispánicas medievales, he querido acercarme a este tema desde un prisma muy particular, precisamente la recreación literaria de algunos autores tardoantiguos por parte de Joan Perucho. Aunque resulte paradójico, la recurrencia de Perucho a autores de la latinidad tardía obedece a una tradición literaira moderna que se desarrolla a lo largo del siglo XIX. Para ello, además, tuvo que configurarse una historia de la propia literatura latino-cristiana y medieval. POR FRANCISCO GARCÍA JURADO. HLGE
Este trabajo pretende trazar las claves maestras, estéticas e históricas, que definen lo que podemos llamar una “historia no académica de la literatura latina medieval en las letras modernas”, paralela a la configuración historiográfica del paradigma de la literatura medieval escrita en latín, que inicia Adolf Ebert en su Histoire de la littérature latine chrétienne, compuesta originariamente en 1874 y traducida al francés en 1883. La estética medievalizante en la literatura y el arte del siglo XIX dio lugar a un interés especial por los textos medievales, arrinconados por el clasicismo. Podemos recordar las interesantes lecturas que autores como Gustave Flaubert, Anatole France, Marcel Schwob o Joris-Karl Huysmans hacen de textos de la Patrística o de las vidas de santos, como la Leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine. Por su parte, la estética del latín medieval y cristiano encuentra su revalorización literaria en obras como El latín místico, de Remy de Gourmont, que recoge en sus páginas ochocientos años de poesía desconocida y marginada por la ignorancia, en opinión de su autor. De manera muy parecida a lo que hará su amigo Huysmans en la novela Al revés, Gourmont trata de mostrar que la Literatura latina no termina con Virgilio y Cicerón, y que tras Claudiano también se produjeron obras bellas y originales. Las lecturas medievales que hacen después ciertos autores del siglo XX, como Joan Perucho, no son ajenas a estas configuraciones estéticas del siglo XIX, salvo en el hecho de que tales lecturas se hispanizan (Egeria, San Isidoro…). Así lo vemos cuando junto a las ineludibles referencias a la literatura medieval nos encontramos con los nombres de los autores modernos del XIX que hicieron posible la recuperación de esa literatura. Éstos se convierten en verdaderos intermediarios y creadores de una nueva estética, la decadente, que funciona como un verdadero prisma para los autores que vinieron después. Tan auténtico resulta ya el neorrománico como el románico mismo.

FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE