martes, 16 de septiembre de 2008

"De re bibliographica", de Menéndez Pelayo


No deja de ser curioso, si bien no deja de ser una consecuencia lógica, que uno de los grandes polígrafos de la cultura española, gran amante de los libros, se haya terminado convirtiendo, asimismo, en objeto de búsqueda para bibliófilos. Me refiero a Marcelino Menéndez Pelayo, paradigma de estudiosos. Hoy día disponemos de su obra en internet, lo que no deja de ser una ventaja fundamental para cualquier estudioso. No obstante, los libros publicados por él, o los mismos estudios a él dedicados constituyen ya un motivo de colección apasionante para cualquier bibliófilo. El año 2006 celebró la Real Academia de la Historia una completa exposición dedicada a la figura de Don Marcelino Menéndez Pelayo en dicha institución. El recorrido bibliográfico y documental que en en ella se hacía era realmente espectacular y, como diría el propio interesado, todo un solaz para los estudiosos de su persona y obra. El tipo de publicación más conocido de Menénez Pelayo es la llamada Edición Nacional, publicada en Santander por la Editorial Aldus (no se pierda de vista el ancla que evoca, ciertamente, las viejas ediciones aldinas) y el CSIC. Esta edición ya se cotiza en las librerías de viejo, si bien los libros no son ciertamente atractivos. Pero cabe señalar las ediciones más antiguas, aquellas que se hicieron en vida del propio polígrafo, como ésta de La ciencia española que aquí veis y que vio la luz a finales del siglo XIX en la Colección de Escritores Castellanos. El ejemplar en cuestión que ilustra esta entrada pertenece al año de 1887, y es la tercera de la obra. Está encuadernado en tela gris y su lomo lleva dos tejuelos, uno superior de color azul y otro inferior granate. Dentro de este libro, polémico como pocos, puede encontrarse un interesante ensayo titulado "De re bibliographica", que constituye toda una profunda reflexión en torno al papel que el conocimiento de los libros antiguos tiene para entender la esencia de la cultura española. El ensayo puede consultarse actualmente en internet, dentro de la dirección http://www.filosofia.org/hem/187/reu/r1250065.htm
Merece la pena que al menos reproduzca aquí el comienzo de esta carta-ensayo:

"De re bibliographica
Al señor D. Gumersindo Laverde Ruiz,Catedrático de Literatura en la Universidad de Valladolid, &c.

Mi muy docto amigo y paisano: Días pasados dirigí a usted una breve impugnación de ciertas erradas afirmaciones acerca del pasado intelectual de España, vertidas por el Sr. D. Gumersindo de Azcárate en sus artículos sobre El Self-Government y la monarquía doctrinaria. Dolíame allí del lamentable olvido y abandono en que tenemos las glorias científicas nacionales, en especial las filosóficas, abandono y olvido que, entre otros daños de menor entidad, trae el gravísimo de mantener a nuestra patria falta de todo carácter propio en las modernas evoluciones del espíritu humano, dejándonos a merced de cualquier viento de doctrina que sople de extrañas tierras, y siendo causa eficacísima de la anarquía y desconcierto que hoy nos aqueja y lleva trazas de prolongarse, si Dios no lo remedia. Él solo sabe si es útil o dañoso el sesgo que al presente llevan ciertos estudios en España, y si es el mejor antídoto contra la exageración innovadora la exageración reaccionaria. Lo que sí puede afirmarse es que ambos fanatismos se inspiran en libros extranjeros, por más que uno y otro sean de antiguo abolengo en nuestra historia filosófica, y que, tal vez sin darse cuenta de ello, obedecen los secuaces de tan opuestas ideas a las providenciales leyes del pensamiento ibérico, aunque incurriendo en no pocas aberraciones y alejamientos de las escuelas peninsulares, por no detenerse a estudiarlas como debieran y a buscar dentro de España el anterior desarrollo de sus respectivos sistemas o los precedentes históricos que los han motivado. Pero dejando aparte tales consideraciones, vengamos derechamente al objeto de esta epístola y de las que, Dios mediante, han de seguirla, que se enderezarán sólo a desenvolver algunas indicaciones apuntadas en mi anterior, sobre los medios de reparar la ignorancia, hoy generalmente sentida respecto a nuestra historia científica y aun a una gran parte (no despreciable por cierto) de la literaria."


Francisco García Jurado

HLGE

lunes, 15 de septiembre de 2008

HISTORIA EXTERNA E HISTORIA INTERNA (con ADDENDA)


Estoy preparando con el profesor Bernd Marizzi una versión española apropiada del Programa de Historia de la Literatura Romana compuesto por Friedrich August Wolf en 1787. Una de las características de esta obrita es, precisamente, su formulación novedosa de una Literatura, la Romana, concebida en términos históricos, aunando, por tanto, dos ideas concomitantes en el siglo XVIII que ahora vemos fundirse: la de la Historia Literaria y la de la Literatura nacional. En todo caso, el programa de curso es muy interesante sobre todo por su introducción, donde se dan las claves historiográficas según las cuales va a plantearse este curso, y por su doble estructuración de los hechos contados. Hasta el momento, las dos formas básicas de presentar la literatura se remitían bien a criterios propios de la Poética o, desde el ámbito de la Bibliografía, a una mera cronología, el viejo invento de Escalígero, tan útil tanto para la Filología como para la propia Historia. Pero una cronología sólo implica una sucesión ciega de hechos.

Es por todo esto por lo que Wolf propone, desde el punto de vista de su herencia erudita, dos formas de presentar la Literatura Latina: de una parte, una Historia Interna, o un planteamiento razonado o filosófico del devenir histórico de esta literatura, y, de otra, una Historia Externa, o una exposición de los datos biográficos y bibliográficos.

Wolf aplica dos criterios historiográficos esencial al hecho literario de la literatura latina que nos llevarían, en última instancia, al propio desarrollo a lo largo del siglo XVIII de la propia filosofía de la historia, desde el mítico G. Vico.
Raimundo González Andrés es un buen estudioso de la Literatura Griega en España que ofrece en su sucinto manual (de 1855 la primera edición, y la seguda de 1866) una perfecta exposición de esta herramienta metodológica de la historiografía:


"Puede ser esta historia de dos maneras. Si solamente se hace una reseña de los autores y de su vida, manifestando el número de sus obras, su objeto y contenido, el juicio que de ellas se forma, el examen de los textos, ediciones, traducciones, etc., la historia de la literatura así presentada se llama externa o simplemente literaria. Pero si se prescinde de los pormenores minuciosos que lleva consigo este procedimiento, y se fija principalmente la atención en la parte íntima e intrínseca de la literatura, razonando sobre el espíritu y marcha general de ella, la historia entonces se denomina interna o puramente de la literatura, y mejor fuera filosófica. Fácilmente se infiere que la primera sirve de base a la segunda y que sin aquella no podría existir esta; así como es igualmente cierto que a la región elevada de lo filosófico se suele tocar, aunque indirectamente, por el uso del método empleado en la exposición de la historia literaria."

Notemos, pues, esta doble equivalencia que sirve para indagar en la formulación de las expresiones relativas al tipo de historia tratada dentro de los manuales:
HISTORIA EXTERNA, o HISTORIA LITERARIA
HISTORIA INTERNA, o HISTORIA DE LA LITERATURA (FILOSÓFICA)

Cuando hace un tiempo la Real Academia de la Historia nos encargó a algunas personas del grupo confeccionar ciertas biografías de humanistas, en las normas previas se decía que teníamos que hacer simplemente una biografía atenida a la historia externa del autor. Poca gente sabe que los escritores de fin de siglo, como Marcel Schwob, o, pasado el tiempo, Borges, jugaron implícitamente con ambos conceptos a la hora de formular sus vidas imaginarias o sus biografías infames, respectivamente.
ADDENDA
Recuerdo también que en otro de los manuales, el de Pérez Martín (primera edición de 1851 y segunda, retocada por Juan Ortega y Rubio en 1882), se habla igualmente del concepto:
“El objeto de esta asignatura es conocer y apreciar las bellezas de los escritores latinos, y la influencia que sus obras han tenido en el desarrollo del ingenio humano y en la civilización de los pueblos. Para esto se divide en dos ramas principales: la una exterior o sea historia literaria, y la otra interior o sea historia de la literatura. La interior examina la faz intrínseca de las ciencias de las letras, asiste a su nacimiento y nos hace ver las diversas vicisitudes por que han pasado, ya elevándose al más alto grado de esplendor, ya decayendo hasta sumirse en la barbarie. La exterior trata de las obras escritas, de sus autores y de la vida de estos, del argumento, plan, estilo, lenguaje, bellezas de moral, sistema político y religioso de la época, y aun de las ediciones, comentarios y traducciones” (Félix Pérez Martín, Curso de literatura latina, Valladolid, Imprenta, Librería Nacional y Extranjera de Hijos de Rodríguez, 1882, p. 2)
Ya muy adelantado el manual, se vuelve a hacer referencia a esta partición:
“Echando una rápida ojeada por la historia, tanto interna como externa, de la actividad intelectual de Roma (...)” (ibidem, p. 305).

Francisco García Jurado

H.L.G.E.

domingo, 7 de septiembre de 2008

LA MISCELÁNEA COMO NARRATIVA PRECURSORA DEL ENSAYO MODERNO


Ha pasado ya un tiempo desde que traduje una parte de las Noches Áticas de Aulo Gelio. De aquella experiencia intensa y grata recuerdo días memorables teñidos del aroma de esas mismas noches áticas, pues lo más genial de este título siempre me ha parecido que era, precisamente, su capacidad de teñir un tiempo preciso con el aroma de un lugar. El título es una genial metáfora de la erudición y, sobre todo, un indicio de felicidad. También de aquellos días guardo el pequeño tesoro de varias ediciones de Gelio, antiguas y modernas, que explican por sí mismas diferentes etapas de la comprensión y estudio del propio texto geliano, desde las que colocan la praefatio justo al final del libro XX (sí, me refiero al prefacio) hasta las que, ya de manera correcta, dejan este texto en su lugar inicial correspondiente. No hace mucho, en la sección de ofertas de Espasa Calpe, me encontré un reclamo escandaloso: una edición parcial de los Ensayos de Montaigne ilustrada por Salvador Dalí. Conocía la preciosa edición de bibliófilo que se hizo con litografías numeradas del pintor catalán, naturalmente vedada a mi bolsillo, y por eso no dudé en llevarme este magnífico sucedáneo o facsímil de la edición preparada por la Editorial Planeta y la Fundació Gala-Salvador-Dalí que ilustra este texto. La combinación del lenguaje pictórico de Dalí con el texto de Montaigne supone una inolvidable experiencia visual y lectora. Montaigne, naturalmente, me devolvió a Gelio, en quien aquél no pudo dejar de pensar a la hora de escribir sus Ensayos, en particular por los preciosos datos que el autor latino le reportaba sobre la vida de Plutarco, tan admirado por el francés.


Son tantos y tan buenos los recuerdos de aquella experiencia intelectual y vital que vuelvo a sentir el deseo de volver ("revisitar", como dicen los ingleses) a la miscelánea de Aulo Gelio, precisamente desde el punto de vista de las nuevas aproximaciones teóricas. En este sentido, además de recoger el espíritu hoy vigente de que la miscelánea no es una mera acumulación de datos, y aquellos estudios que desde Marache manejan la idea de un "humanismo geliano", quiero aproximarme a un trabajo que considere la obra de Gelio desde sus visiones posteriores, es decir, como obra precursora a la luz del futuro que Gelio no pudo conocer. Y digo bien "precursora", pues no pretendo abordar el tema desde los manidos presupuestos positivos del método de la tradición clásica (es decir, desde presupuestos causales como los de "influencia" e "imitación"), sino desde posturas más audaces, propias de la teoría literaria del siglo XX (Eliot, Borges...) que verían en las obras posteriores la capacidad de releer las precedentes y de elegirlas como una forma de tradición consciente, a veces no señalada por la crítica. No se trataría, pues, de ver cómo ha podido "influir" Gelio en autores como Montaigne o Antonio de Guevara (o sobre escritores del siglo XX, según señalo en mi introducción a Aulo Gelio de Alianza Editorial). Más bien, vería el asunto desde la propia conciencia que autores que desarrollan una idea moderna del yo y de nuevas formas narrativas habrían de tener sobre Aulo Gelio como elección junto a otros posibles candidatos, a saber, autores como Séneca o Plutarco. En este sentido, es muy ilustrativo de lo que digo ver cómo un autor francés de finales del siglo XIX, Marcel Schwob, reelabora algunos textos de Gelio para convertirlos en lecturas propias de un relato fantástico. La prosa miscelánea de un Francisco Ayala, de un Joan Perucho, o la estructura intencionadamente abierta de la novela Rayuela, de Julio Cortázar, encuentran en Aulo Gelio uno de los resortes más universales del saber: el aprendizaje relajado y en libertad. Quién da más.



Francisco García Jurado

H.L.G.E.

viernes, 5 de septiembre de 2008

VIVES EN BRUJAS

Nuestra compañera Virginia ha visitado hace poco los Países Bajos, lugar poblado de recuerdos humanistas. De entre ellos, nos envía esta emotiva semblanza de Luis Vives en la ciudad de Brujas.

Juan Luis Vives en Brujas (15 de agosto 2008)

¡Que maravilloso y recóndito lugar de Brujas! donde se encuentra entre álamos y sauces llorones el recuerdo hecho bronce del humanista Juan Luis Vives (1492- 1540). Mientras yo le contemplaba sereno y tranquilo, me vino a la memoria la lectura de sus obras y pensé: ¡cuánto debió añorar la luz de su Valencia natal! este proscrito y exiliado por pertenecer a la tercera generación de una familia conversa, cuando en el De Disciplinis recuerda la primera vez que fue a casa del maestro y a sus amigos de la infancia, y luego escribiría con la nostalgia del recuerdo lejano el paseo con sus amigos por el vergel del brillante y resplandeciente Turia. Pero, inmediatamente no me olvidé de que después de sus estancias en París, Inglaterra y Lovaina, Brujas fue el solaz de los últimos 15 años de su vida, en donde encontró su felicidad familiar en la Plaza de los Cordoniers, y que como buen humanista y buen ciudadano pidió clemencia y solución al Senado de su segunda Patria en el De subventione pauperum de 1526 para los lisiados, inválidos y enfermos, por causa de las guerras y del azote de la peste. El Senado de Brujas aceptó la propuesta de nuestro humanista y con apoyo de otros ciudadanos financiaron esas casas de acogida y beaterios que se muestran hoy en día en el paseo por la Brujas de Luis Vives. No es de extrañar, pues, que al gran humanista europeo Luis Vives, que vivió y murió en la más absoluta pobreza, sin pedir nada a cambio, sus conciudadanos de Brujas le recuerden eternamente con agradecimiento.
Virginia Bonmatí Sánchez
vbonmati@filol.ucm.es

LITERATURA ANTIGUA Y MODERNOS RELATOS DE TERROR

Hace unos pocos días me ha llegado desde la Universidad Nacional Autónoma de México la revista Nova Tellus, en su número 26/1 correspondiente al año 2008. He tenido el privilegio de que aceptaran un colaboración mía que lleva el título que abre este blog. Me gustaría adelantaros la parte metodológica del trabajo, pues entiendo, con el apoyo de autoridades como José Antonio Maravall, que los objetos de estudio, frente a lo que se podría creer, no son previos a los métodos, sino que son los métodos los que crean o seleccionan tales objetos de estudio: "todo hecho histórico es el hecho y el pensamiento del hecho, su interpretación" (J.A. Maravall, Menéndez Pidal y la Historia del Pensamiento, Madrid, 1960, p. 21). En este sentido, hace tiempo tuve la intuición de que las citas grecolatinas que aparecen en los modernos relatos fantásticos responden, ciertamente, a una particular poética y que, en todo caso, no son meras anécdotas o apéndices aislados dentro de un relato ajeno. Para llegar a esta hipótesis tuve que apoyarme en un método que es, brevemente, el que abre el artículo y que ahora reproduzco aquí, esperando que si alguien tiene interés en seguir leyendo acuda a la revista en cuestión:

Mi pasión como lector y, sobre todo, la curiosidad que nos lleva a recorrer lecturas lejanas y diversas me revelaron cuántas referencias a las literaturas antiguas pueden encontrarse, sorprendentemente, en los relatos modernos, particularmente los que solemos adscribir dentro de la difusa categoría de lo fantástico. Además, observé que esa suerte de biblioteca imprevista de la literatura grecolatina en las letras modernas no podía ser explicada satisfactoriamente mediante los tradicionales criterios de influencia e imitación. En muchos casos, la aparición de elementos diversos procedentes de obras de la Antigüedad en nuevos contextos literarios no supone necesariamente un influjo de la obra antigua sobre la moderna, pues puede tener otros valores añadidos que transcienden el mero dato puntual. Estos son algunos ejemplos:

-Una cita latina de Edgar Allan Poe atribuida -falsamente- a Séneca (nihil sapientiae odiosius acumine nimio, situada al comienzo del relato titulado “La carta robada”) es, en realidad, una muestra significativa del valor que el latín cobra en ciertos relatos modernos de intriga

-Un texto de la Naturalis Historia de Plinio el Viejo que sirve a Borges para crear el cuento titulado “Funes el Memorioso” prosigue, en realidad, una rica tradición moderna que convierte la antigua erudición grecolatina en relato fantástico

Difícilmente podemos decir que Séneca haya influido en Poe o que Plinio lo haya hecho en Borges. La relación existe, es incluso explícita, pero exige una valoración nueva con respecto a nuestras ideas más asentadas acerca de la tradición literaria como mero estudio de fuentes y de influencias. Cabe establecer en este punto una serie de cuestiones básicas de método:

El estudio de la Tradición Clásica, centrado en la supremacía del emisor, supone:

a) Un modelo “a en b” (p. e. “Horacio en España”), de naturaleza positiva, es decir, donde lo más importante son los datos, al margen de cualquier otra circunstancia. Se presupone que la naturaleza de la literatura antigua no cambia en nuevos contextos, es decir, que los datos son independientes de la interpretación que se les dé.

b) Influencia o imitación de modelos clásicos como criterio básico de relación entre autores antiguos y modernos. Las coincidencias estilísticas y temáticas quedan reducidas a la dicotomía entre tradición y poligénesis, es decir, lo que no es fruto de la influencia o la imitación se debe a la casualidad.

c) Acorde con lo anterior, entre lo antiguo y lo moderno se establece una relación de causalidad en una única dirección y se presupone un sentido lineal del tiempo que va desde el pasado al futuro: la metáfora de las fuentes literarias. Se entiende, pues, que el pasado es inmutable.

Un estudio alternativo, que considere las relaciones entre literaturas antiguas y modernas como “encuentros complejos”, conlleva unos presupuestos diferentes desde un planteamiento más simétrico entre antiguos emisores y modernos receptores:

a) Un modelo “a y b” (p. e. “la literatura latina y los modernos relatos fantásticos”), de carácter relacional y de naturaleza sistémica, donde los datos son interdependientes y no importa tanto la ocurrencia concreta de un dato como el lugar relativo que ocupa entre otros muchos. La literatura antigua es, ante todo, resultado de un delicado equilibrio interpretativo que depende de la conciencia que de ella se tenga a lo largo del tiempo, mediante su constante relectura dentro de nuevas claves estéticas.

b) Relación dialógica entre las obras antiguas y las modernas. No hablamos tanto de una relación de influencia o imitación como de un imaginario que los autores modernos construyen a partir de la literatura antigua, aunando diferentes tradiciones literarias. Singularmente, que Borges utilice a Plinio el Viejo en su obra es fruto de una tradición literaria moderna que nace en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX. Esta circunstancia va a plantear fenómenos complejos que van más allá de la mera tradición o de la mera poligénesis, pues hay grados intermedios dentro de la compleja red de relaciones que configura la cultura. Por ejemplo, el arquetipo de la historia del fantasma que aparece configurado en una carta de Plinio el Joven sigue estando vigente en modernas películas, y este hecho no puede explicarse ni por mera influencia ni por mera poligénesis: es preciso acudir a una compleja trama de intermediarios.

c) De acuerdo con la naturaleza sistémica o relativa de la literatura, es posible analizar las obras antiguas a la luz de las nuevas estéticas de la modernidad. La carta de Plinio el Joven sobre los fantasmas puede ser releída a la luz de los modernos relatos góticos y convertirse, de esta manera, en precursora de éstos. El sistema literario varía con la llegada de nuevos elementos, y es posible que lo que viene después modifique también lo anterior.
A partir de estos últimos presupuestos, cabe establecer un nuevo marco metodológico con el que dar cuenta de encuentros entre la literatura antigua y las modernas que no han sido satisfactoriamente explicados hasta el momento. Lo que desde un planteamiento tradicional no pasaría de lo anecdótico (la recreación imaginaria de un autor antiguo, la cita concreta de un texto real o ficticio, un comentario o una relectura audaz) es susceptible de ser analizado como un indicio que, unido a otros muchos, puede permitirnos reconstruir una historia no académica de la literatura antigua en los relatos modernos.

Francisco García Jurado

H.L.G.E.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

LA MÚLTIPLE TEMPORALIDAD DE UNA HISTORIA NO ACADÉMICA DE LA LITERATURA

A Vds., "happy few", capaces de entender lo que aquí cuento, y esta vez, especialmente a David Castro...

Dentro de unas dos semanas asistiré al Congreso que celebra la Sociedad Española de Literatura General y Comparada (SELGyC) en la Universidad Pompeu Fabra. Allí rendiré con mi aportación justo homenaje a uno de los maestros que más han influido en mis ideas sobre la literatura: Claudio Guillén. Precisamente, hace ahora diez años, preparé un trabajo titulado "Apuntes para una historia prohibida de la literatura latina en el siglo XX: la voz de los lectores no académicos" (García Jurado 1999a), que puede consultarse en la dirección web que aparece al final de este texto. Incurrí, es posible, en un camino peligroso al hablar de "historia". Sin embargo, el tiempo me ha revelado que no se trataba de una mera forma de hablar. Precisamente, el trabajo que ahora presento en la Pompeu Frabra se titula “La historicidad de las historias no académicas: encuentros complejos entre literaturas antiguas y modernas”, y trata de dar respuesta a la compleja cuestión de si pueden existir o no historias no académicas de la literatura. Lo cierto es que este trabajo nació al calor de una de esas raras conversaciones inteligentes que mantenemos a veces en los departamentos universitarios. Creo recordar que era una tarde de marzo, cuando la tranquilidad reina en la Facultad y hasta es posible hacer algo de calidad en ella. Al fin había logrado dar forma a un artículo en el que, no sin esfuerzo, y tras los pasos de lo ya expuesto por el profesor Gabriel Laguna, exponía las razones por las que se había configurado el concepto de “Tradición Clásica” a finales del siglo XIX y cómo se había acuñado dicho término en España. Entre otras cosas, interpreté que con este concepto se hablaba de la “Historia de la pervivencia de las literaturas antiguas en las literaturas modernas” y que, en definitiva, se trataba de un término esencialmente histórico, fruto del momento de su acuñación. Estas son algunas de las reflexiones que le expuse a mi compañero David Castro aquella tarde. Con ello llegamos a la propia idea de “Historia de la Literatura” y, en oposición a este tipo de estudio institucional, a un concepto más audaz que es el de “Historia no académica”, algo en lo que, como dije al principio, vengo trabajando desde 1998, precisamente para hablar sobre encuentros complejos entre autores antiguos y modernos. David Castro cuestionó aquella tarde de manera muy oportuna si era posible hablar “propiamente” de una Historia no académica de la literatura, o si se trataba tan sólo de una forma de hablar. Le he dado muchas vueltas a esta pregunta, y el trabajo que viene a continuación es el fruto de esas horas de reflexión. No obstante, debo decir que las claves de mi respuesta las encontré en los textos del maestro Claudio Guillén, en especial el enfoque correcto. La Historia no académica que propongo no se adecua, ciertamente, a un relato lineal, sino a lo que Guillén llamó una “múltiple temporalidad”, y es ahí, en la concepción de la literatura como sistema de elecciones, donde emana la historicidad de la Historia no académica que propongo.

La historia literaria no es un concepto apriorístico ni ajeno a la propia creación. La misma conciencia que de ella se tiene no es sólo dominio de los historiadores de la literatura, sino que puede revertir, asimismo, en los creadores. Éstos, a menudo por rechazo a tales historias, dan lugar a narraciones alternativas con respecto a sus propias herencias literarias. Pero esta nueva forma de historia no académica no es ajena a la propia historicidad de las lecturas que la sustentan, dado que nace de los mismos sistemas literarios y de su naturaleza diacrónica. Nuestro trabajo hace un reconocimiento explícito de la trascendencia que las aportaciones de Claudio Guillén a la teoría de la historia literaria (Guillén 1989 y 2005) han tenido en nuestra propuesta para el estudio de los “encuentros complejos entre literaturas antiguas y modernas” (García Jurado 1999a), reformulada luego como “historia no académica de la literatura grecolatina en las letras modernas” (García Jurado 2001-2003). Para alcanzar tal propósito revisaremos dos de los argumentos básicos que constituyen nuestro método:

-La conciencia de la historia de la literatura grecolatina en los autores modernos (García Jurado 2004). Hemos visto claras improntas de esta conciencia en autores como Pérez Galdós, Huysmans y Schwob. Estos dos últimos, por su parte, son claros precursores de la idea de una lectura no académica de la literatura grecolatina en los autores del siglo XX.

-La configuración de “modelos históricos supranacionales” a partir de determinadas lecturas modernas de la literatura grecolatina que, paradójicamente, pasan a ser parte de una tradición moderna. Es el caso de las lecturas en contra y a favor de Virgilio por parte de Huysmans y Eça de Queiroz, cuya síntesis, al cabo del tiempo, se recoge en el autor mallorquín Cristóbal Serra (García Jurado 1999b).

La historia no académica de la literatura viene definida por diversas tensiones y no supone, en todo caso, un relato lineal. Su historicidad “brota” de su propia capacidad de elección, de rechazo y de vuelta al pasado en busca de precursores. Este análisis constituye una recepción dinámica de las ideas de Claudio Guillén, abierta al futuro.


Bibliografía básica

Francisco García Jurado, "Apuntes para una historia prohibida de la Literatura Latina en el S. XX: la voz de los lectores no académicos", Contemporaneidad de los clásicos en el umbral del tercer milenio : actas del congreso internacional de los clásicos. La tradición grecolatina ante el siglo XXI (La Habana, 1 a 5 de diciembre de 1998) / coord. por María Consuelo Alvarez Morán, Rosa María Iglesias Montiel, 1999a, pags. 77-86


disponible en la dirección web


Francisco García Jurado, Encuentros complejos entre la literatura latina y las modernas: una propuesta desde el comparatismo, Madrid, Asociación española de eslavistas, 1999b
Francisco García Jurado, "Virgilio entre los modernos. Un singular capítulo de la lectura de Las Geórgicas en Joris Karl Huysmans, José María Eça de Queiroz y Cristóbal Serra (ensayo de Literatura Comparada)”, CFC (E.Lat) 16, 1999c, 45-75
Francisco García Jurado, "Melancolías y «clásicos cotidianos». Hacia una historia no académica de la literatura grecolatina en las letras modernas", Tropelías 12-14, 2001-2003, 149-177
Francisco García Jurado, “La historiografía de la literatura latina y su conciencia en los autores modernos: visiones divergentes del canon y la decadencia en Pérez Galdós y Huysmans”, Cuadernos de filología clásica: Estudios latinos, 24, 2004, 115-147
Claudio Guillén, Teorías de la historia literaria, Madrid, Espasa-Calpe, 1989
Claudio Guillén, Entre lo uno y lo diverso (ayer y hoy), Barcelona, Tusquets, 2005

Si tenéis alguna opinión sobre el texto que acabo de publicar os ruego que la pongáis en la sección de comentarios. Las tendré muy en cuenta.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.

sábado, 30 de agosto de 2008

EDICIONES RETROSPECTIVAS: LA RECUPERACIÓN DEL PASADO PATRIO

Estos días estoy corrigiendo la Tesis de Máster de Salomé Blanco, que prepara un trabajo interesante sobre las traducciones de Plauto y Terencio en España, particularmente las publicadas en el siglo XIX. Resulta interesante observar cómo se vuelve a publicar la antigua traducción humanista de Terencio hecha por Pedro Simón Abril, algo que un siglo antes ya había hecho Gregorio Mayáns. Es un caso parecido a lo que el propio Mayáns hace con Virgilio, y que ahora voy a relatar brevemente a partir de un ejemplar determinado.

En abril de 2007 adquirí para fines de investigación un ejemplar antiguo de la Vida de Virgilio, de Mayáns. Se trata de una segunda edición, póstuma, reeditada diecisiete años después de la primera. El hecho de que se tratara, precisamente, de una segunda edición me brindó un documento inesperado, en concreto una carta prologal del hermano de Gregorio, Juan Antonio Mayáns, de gran interés, dado que hace explícitas las intenciones de la obra:

“Los siglos decimo quinto, i decimo sexto han sido los mas floridos en virtud, letras i armas de la Nacion Española; pero como los sucessos del mundo estan en un continuo trassiego, se siguio algun descaecimiento, procedido en gran parte de no conocer el precio de las cosas proprias, i estimar sin discernimiento las agenas. De donde ha nacido, que se han hecho raras muchas obras nuestras, que devieran andar en manos de todos, i servir de modelos, para escrivir con solidez, i elegancia. Nuestra Nacion sería indubitablemente mas sábia, i nuestro lenguage tendría toda la magestad, i harmonía, que le son proprias, si los excelentes escritos de nuestros antepassados fueran mas leïdos: porque demás de la gran dotrina, que en sí contienen, i con que se han enriquecido los estrangeros; nos enseñarían tambien a meditar, i ser originales, i como si fueran nativos los nuevos, i solidos pensamientos que en ellos encontramos. Por eso son mui benemeritos de la Patria, i digníssimos de todo elogio los que se dedican a reimprimir, i hacer comunes tales obras. (...) Para contribuir yo de algun modo al deseo de U.E. de conservar el esplendor del lenguage que tanto ennoblece a nuestra Nacion, i hacer familiar a la juventud estudiosa el Poeta Romano, he pensado repetir la Edicion que veinte años atrás dio a la luz pública mi hermano. Merecen elogio particular cada una de las Traduciones que aquí se imprimen; mas entre todas se distinguen las que hizo en prossa Frai Luis de Leon, por no aver escrito, que contenga tantos, tan proprios, i elegantes modismos de nuestro Idioma, enseñando al mismo tiempo las correspondencias Latinas, bien dificiles de atinar (...)” (J. A. Mayáns, “Al Exc.mo Señor D. Eugenio de Llaguno, Amirola, i Ugalde”, en Vida de Virgilio, pp. III-VII)

Entre otros posibles comentarios que pueden hacerse sobre este interesante texto justificativo, debe destacarse el valor que se da a lo “propio” de la tradición hispana frente a lo “ajeno”, idea unida a una revitalización del pasado patrio que es la que legitima la reimpresión de libros de los siglos anteriores. Ya en lo que atañe a Virgilio, se señala el interés por “hacer familiar a la juventud estudiosa el Poeta Romano” mediante la reimpresión de las mejores traducciones al castellano. Así las cosas, la Vida de Virgilio estaba destinada a acompañar a unos Opera Omnia del poeta latino que contenían, además del texto original en latín, una cuidada selección de traducciones hispanas, en particular debidas a Fray Luis de León, Hernández de Velasco y Juan de Guzmán, todos ellos autores del siglo XVI. El hecho de que la Vida de Virgilio pueda aparecer con su propia paginación hace posible su publicación independiente o junto a una o varias traducciones virgilianas. Este es un fenómeno normal en la edición del siglo XVIII, dado que el pergamino permite un tipo de encuadernación abierta que no tiene que ver con nuestros modernos conceptos de encuadernación editorial. Nuestro ejemplar en cuestión, encuadernado en pergamino de la época, ofrece juntas la Vida de Mayáns y, abriendo el volumen, la traducción de Las Geórgicas de Publio Virgilio Maron, en versión de Juan de Guzmán[1], según la edición de Salamanca de 1586, como queda expresado en la misma portada:

LAS GEORGICAS
DE PUBLIO VIRGILIO MARON,
PRINCIPE DE LOS POETAS LATINOS,
NUEVAMENTE TRADUCIDAS
EN NUESTRA LENGUA CASTELLANA
EN VERSO SUELTO,
CON MUCHAS NOTACIONES
QUE SIRVEN EN LUGAR DE COMENTO,
POR JUAN DE GUZMAN,
Catedrático de la Villa de Ponte-Vedra,
en el Reyno de Galicia.

En Salamanca en Casa de Juan Fernandez
Año 1586.
TOMO II

EN VALENCIA
EN LA OFICINA DE LOS HERMANOS DE ORGA
AÑO M.DCC.XCV.
CON LAS LICENCIAS NECESARIAS.

Se trata de un Tomo II, que sigue a otro con los Opera Omnia virgilianos y la vida de Claudio Donato. Si observamos bien esta nueva portada, observamos que aparecen dos fechas: primero la fecha de la primera edición (1586), con la ciudad y el editor, y luego la fecha de la nueva edición con el impresor actual. La constatación conjunta de la reedición moderna y la de la antigua edición de finales del XVI tiene un gran valor testimonial. Es ahí, precisamente, donde podemos ver cómo una idea, un planteamiento, ha dejado plasmada su huella precisa en un objeto material. La traducción que Juan de Guzmán hace de Virgilio es notable porque forma parte de la propia historia de las versiones de Virgilio al castellano trazada por Mayáns en su segunda parte de la Vida. Que ya en la misma portada se haga notar que no se trata de una traducción actual, sino de una traducción histórica, supone el reconocimiento explícito de un interés por la propia Tradición Literaria, en particular por la tradición de las traducciones virgilianas al castellano. Ya en el siglo XVII Nicolás Antonio había recogido en su Bibliotheca Hispana Nova esta obra de Juan de Guzmán, humanista y discípulo de El Brocense[2]. Entre Nicolás Antonio y Mayáns se da ese sutil paso que va del interés meramente bibliográfico a la valoración histórica, pues la traducción de Juan de Guzmán supone algo más que un mero dato, se vuelve acontecimiento historiográfico dentro del estudio de las traducciones de Virgilio a la lengua castellana. La cuestión tiene mucho mayor alcance del que pudiera parecer a simple vista.
Francisco García Jurado
H.L.G.E.

[1] Palau VIII, 158935 dice al respecto: “Esta vida se halla a continuación de las Geórgicas de Virgilio, traducidas por Juan de Guzmán, Valencia, 1795, y también corre suelta. 15 pts. 1936”.
[2] Así lo vemos en Nicolás Antonio, Bibliotheca Hispana Nova. Tomus Primus, Visor, Madrid 1996 (edición facsímil de Viuda y herederos de Joaquín Ibarra, Madrid 1788), p. 709, que presenta a Guzmán como “Latinis literis & rhetorica arte instructus apud Franciscum Sancium Brocensem”. Al final del artículo cita su traducción: “vertit item in sermonem vernaculum: Las Georgicas de Virgilio y decima Egloga. Salmanticae apud Joannem Fernandez 1586. in 12”.